• Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves
  • Diez años en Los Gelves

Los Gelves

~ Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos.

Los Gelves

Archivos de etiqueta: Historia

Precios máximos por decreto

27 jueves Nov 2014

Posted by ibadomar in Historia

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Diocleciano, Historia, Roma, Tetrarquía

Comenzaré este artículo con una perogrullada: cuando existe un problema acuciante es inevitable buscar recetas simples que lo resuelvan con facilidad. Pura lógica, puesto que es mucho más cómodo buscar la simplicidad que complicarse la vida. Sin embargo, cuando el problema es complejo las soluciones simples suelen fracasar porque siempre hay algún detalle que no se ha tenido en cuenta y la idea genial resuelve a medias el problema y a cambio crea otros adicionales, a menudo tan graves como el primero.

Todo esto me viene a la mente cuando pienso en la larguísima crisis económica que estamos arrastrando. Después de años enfrentándonos a una situación muy compleja no faltan las soluciones supuestamente sencillas. ¿Son bajos los salarios? que se suban por decreto; ¿suben los precios de determinados bienes? que se regule un máximo por ley y en paz. ¿Fácil, verdad? Eso parece, pero es una facilidad engañosa y, como de costumbre, tenemos un ejemplo histórico para observar y reflexionar sobre él. Además es un ejemplo especialmente interesante porque viene de la mano de un viejo conocido de este blog, Diocleciano.

DioclecianoYa conté en el artículo enlazado más arriba que Diocleciano fue el reorganizador del Imperio Romano. Puso fin definitivamente a la gran crisis del siglo III y reformó la administración imperial de arriba abajo: creó la Tetrarquía, cuyos detalles vienen en el artículo ya mencionado, modificó la estructura del ejército, creó un nuevo sistema impositivo, hizo responsables de los ingresos fiscales a los curiales (detalle que mencioné en este otro artículo), creó un nuevo sistema monetario… e intentó solucionar el problema de la inflación mediante el Edicto de precios máximos.

Todos los autores coinciden en que el edicto, cuyo nombre exacto es Edictum de pretiis rerum venalius, tiene un largo y farragoso preámbulo, difícil de leer incluso para experimentados latinistas, en el que se achaca el problema de la inflación a la avaricia de los mercaderes, a los que se impone una lista de precios máximos para más de un millar de artículos, a respetar en todo el Imperio so pena de los más severos castigos. O mejor dicho, un único castigo: la muerte. Se especifica además el coste de varios servicios, es decir el salario de diversos oficios. Como se ve, Diocleciano no dejaba nada al azar. Algunos ejemplos son:

  • Trigo: 100 denarios por modio (normalmente 8,75 litros, pero el edicto utiliza como medida el modio castrense, que era mayor, de casi 13 litros).
  • Centeno: 60 denarios por modio.
  • Lentejas: 100 denarios por modio.
  • Aceite de oliva: 40 denarios por sextario (algo más de medio litro).
  • Aceite de oliva de segunda categoría: 24 denarios por sextario.
  • Miel de primera calidad: 40 denarios por sextario.
  • Carne de cerdo: 12 denarios por libra (unos 330 gramos).

Hay muchos más productos: pescado, distintos tipos de carne, huevos, lana, zapatos, transporte, etc. Se puede decir que estaba prácticamente cualquier bien de uso corriente. Y no sólo eso sino también los servicios, como por ejemplo:

  • Carpintero: 50 denarios al día.
  • Barbero: 2 denarios por cliente.
  • Escriba: 25 denarios por cada cien líneas si empleaba la mejor letra.
  • Profesor de aritmética: 75 denarios mensuales por alumno.
  • Profesor de griego, latín o geometría: 200 denarios mensuales por alumno.
  • Profesor de retórica: 250 denarios mensuales por alumno.

Todo previsto, como podemos comprobar. Bueno, casi todo. El edicto no distinguía entre las diferentes partes del Imperio y no había contemplado la posibilidad de que determinados productores abandonaran su negocio por falta de beneficios o simplemente surgiera un mercado paralelo. La consecuencia fue un florecimiento del trueque y del mercado negro, por lo que el edicto duró muy poco y ni siquiera se sabe si llegó a aplicarse en todo el Imperio. Cierto que las noticias sobre su fracaso nos han llegado sobre todo por Lactancio, que no tenía ninguna simpatía por Diocleciano, pero según parece el edicto, que data de finales del año 301, no sobrevivió a la abdicación de su autor en el 305 e incluso puede que dejara de estar en vigor antes.

Así que, como de costumbre, vemos que no hay nada nuevo bajo el sol y que las recetas simplistas aplicadas a golpe de decreto, en este caso para contener precios y fijar salarios, no sirven de nada. Es mucho más difícil, pero da menos problemas, crear las condiciones adecuadas para que los acontecimientos se encaucen en la dirección deseada. En este blog vimos un buen ejemplo con la domesticación de los piratas de la Tortuga, a quienes ninguna ley ni acción militar había conseguido pacificar.

Hay que ver… llevo 768 palabras en este artículo para decir lo que mi abuela resolvía con sólo 8: Una cosa es predicar y otra dar trigo. En este caso a 100 denarios el modio.

 

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

Un plan insuficiente, un avión indiscreto y muchos taxis

12 miércoles Nov 2014

Posted by ibadomar in Historia

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Alemania, Aviación, Batalla, Bélgica, Cannas, Francia, Hindenburg, Historia, Ludendorff, Marne, Moltke, Momentos cruciales, Mons, Plan Schlieffen, Primera Guerra Mundial, Siglo XX, Tannenberg

El tiempo vuela, definitivamente. Hoy este blog cumple tres años y, como ya es tradición, el artículo del aniversario tratará sobre la Primera Guerra Mundial, de la que además estamos conmemorando el centenario. Había pensado contar algo sobre la célebre tregua de Navidad de 1914, pero estoy seguro de que dentro de poco más de un mes no habrá periódico que no recuerde el hecho, así que no es necesario insistir. En su lugar vamos a hablar de un momento decisivo, no ya en el transcurso de aquella guerra, sino en la historia del siglo XX.

En su día ya expliqué las causas de la Primera Guerra Mundial, pero ahora toca hablar de cómo se habían preparado los contendientes. Europa estaba dividida en dos grandes bloques: por un lado la denominada Triple Alianza, que agrupaba a Alemania con Austria-Hungría y con Italia, aunque la lealtad de este último país a la alianza era dudosa, tanto que cuando finalmente entró en la guerra lo hizo contra sus teóricos aliados. Por otro lado tenemos la Triple Entente formada por una muy sólida alianza entre Francia y Rusia y una algo menos sólida relación con el Reino Unido. En el mapa adjunto, obtenido de Wikipedia, se ve la situación a grandes rasgos.

Europe_1914El mapa adelanta acontecimientos, puesto que ya vemos en él a Bulgaria y Turquía en alianza con los Imperios Centrales y a países como Italia o Bélgica entre los aliados de Francia y Rusia. Para comprender el problema estratégico alemán basta con ver la situación de sus dos grandes rivales: uno al este y otro al oeste. Rusia era difícil de derrotar rápidamente debido a su inmenso tamaño, pero a cambio era de esperar que se movilizara con lentitud, mientras que Francia podía movilizarse con rapidez, pero también podía caer en menos tiempo. Explicado así, el problema de la guerra en dos frentes se puede resolver derrotando a Francia con rapidez para despejar el lado Oeste cuanto antes y dedicarse entonces al problema ruso. Si la derrota francesa se lograba cuando aún Rusia estaba en fase de movilización, la guerra podía darse por ganada.

Francia, al fin y al cabo ya había sido vencida en 1870 con el célebre von Moltke al frente de los ejércitos prusianos, pero a principios del siglo XX los ejércitos eran cada vez mayores y las fortalezas francesas en la frontera común complicaban una victoria rápida. Para maniobrar con ejércitos enormes, de un millón y medio de hombres, el militar alemán von Schlieffen preparó un plan que terminó de madurar en 1905 y que preveía que las fuerzas alemanas, necesitadas de espacio, atravesaran territorio belga. El mapa adjunto muestra en rojo el avance alemán previsto por Schlieffen, atravesando Bélgica, rodeando París y, en teoría, derrotando a Francia en menos de 40 días.

schlieffenPor parte francesa, el llamado Plan XVII, se basaba en la teoría de una ofensiva a ultranza, el ataque irresistible según las líneas azules del mapa. Podemos adelantar ya que el resultado fue un fracaso y el principio de las operaciones, en agosto de 1914, parecía favorecer a los alemanes. Pero como dijo von Moltke, no hay plan que resista el contacto con el enemigo. En este caso sería un sobrino suyo (Moltke el joven) quien dirigiría las fuerzas alemanas y comprendería la verdad de tal afirmación.

Cuentan que en 1913, Schlieffen estaba en su lecho de muerte y dijo con su último aliento, refiriéndose a su plan: «sobre todo, mantened fuerte el flanco derecho». Un año después el flanco derecho, en el que se basaba todo el éxito del plan, se debilitaba por sí mismo de manera natural.

-La testarudez belga. Cuando Schlieffen decidió que sólo podía derrotar rápidamente a Francia pasando por territorio belga, asumía un alto riesgo. Alemania había previsto que Bélgica se limitaría a una protesta diplomática o a lo sumo a una resistencia de principio, pero el gobierno belga no sólo rechazó el ultimátum alemán sino que, tras entrar los alemanes en Bélgica el 4 de agosto, su ejército resistió hasta donde era humanamente posible. Para colmo, la violación de la neutralidad belga decidió al gobierno inglés a entrar en la guerra. Los belgas apenas disponían de seis divisiones de infantería, que no deberían haber estado allí según los planes alemanes, como tampoco el cuerpo expedicionario británico, que entró en acción en la batalla de Mons el 23 de agosto. Contingentes pequeños, pero que hacían más débil el flanco derecho alemán.

-La fidelidad rusa. El plan alemán preveía que los rusos serían lentos en movilizarse, pero los franceses, conscientes de lo que se jugaban, presionaron a sus aliados y ya el 12 de agosto se iniciaba la invasión de Prusia Oriental por parte del ejército ruso. La preparación era deficiente, la intendencia desastrosa, pero la rapidez de su entrada en acción alarmó a los alemanes, que vieron cómo su frente oriental amenazaba con derrumbarse. Pronto encontraron a dos hombres capaces de darle la vuelta a la situación: Hindenburg, como comandante en jefe del ejército oriental y Ludendorff, que sería su jefe de Estado Mayor. El 26 de agosto se iniciaba la batalla de Tannenberg, en la que el ejército ruso sería derrotado contundentemente, pero para entonces en Alemania ya había cundido el pánico y habían debilitado el frente occidental para enviar tres cuerpos de ejército al este. Ludendorff no se lo creía cuando le anunciaron aquellos refuerzos: aquellos hombres, pensaba, eran vitales en el oeste y de todas formas llegarían demasiado tarde al este. En efecto, aquellos refuerzos ni estuvieron presentes en Tannenberg ni ayudaron a mantener la presión sobre los franceses. El ala derecha alemana seguía debilitándose.

-El fantasma de Cannas. Ya hemos visto que el plan alemán preveía un movimiento envolvente por la derecha mientras el ala izquierda se limitaba a fijar al ejército francés. Cuando el ataque francés fue rechazado por el ala izquierda alemana apareció la posibilidad de que ésta se uniera a la ofensiva logrando así un doble movimiento envolvente, un caramelo táctico irresistible desde que Aníbal lo pusiera en práctica en Cannas, como vimos en su día. ¿Y si se avanzaba por la izquierda también en lugar de apostarlo todo al ala derecha? Era un cambio de planes radical y aunque no llegó a ejecutarse por completo, sí se dejó proseguir el avance del ala izquierda en lugar de mantenerla fija, empleando dos ejércitos que deberían haberse quedado en reserva para reforzar en el momento adecuado el ala derecha, que seguía perdiendo fuerza.

-El cambio de dirección. Y así llegamos al 30 de agosto. Los ejércitos alemanes parecen invencibles, pero en realidad el flanco derecho, el que tenía que reforzarse a toda costa, no era tan fuerte como debería ser y sin embargo los franceses parecían derrotados porque estaban en franca retirada. En lugar de seguir el avance previsto parecía factible virar hacia el este, sin necesidad de rodear París y terminar de cercar al ejército francés. No habría que estirar tanto las líneas, lo que era una ventaja cuando la fuerza del ala derecha menguaba y los ejércitos empezaban a mostrar agotamiento. Finalmente el cambio de dirección se llevó a cabo, pero era una maniobra que entrañaba riesgos.

-La vista desde un avión y la marcha en taxi. Hacía apenas 10 años que los hermanos Wright habían hecho su histórico vuelo y ya el avión estaba presente en el campo de batalla. Fue un aviador francés, el teniente Watteau, el que informó de la situación alemana a unos generales franceses que no daban crédito a lo que veían y que empezaron a exclamar con entusiasmo: «¡Nos presentan el flanco!». Era la oportunidad que necesitaban. Ahora los alemanes dejaban un costado de su avance al descubierto y era posible contraatacar. La decisión estaba tomada y la batalla tendría lugar junto al río Marne. Poniendo toda la carne en el asador, se envió un refuerzo de 6.000 soldados al frente desde París… en taxi. Quien visite el museo del ejército francés en los Inválidos se encontrará allí con un taxi de 1914, como recuerdo de tan insólito medio de transporte de tropas.

Taxi14El transporte en taxi fue sólo una anécdota, puesto que la mayor parte de las tropas francesas procedían de otros puntos, pero quedó en la memoria colectiva. En el Marne terminó la gran ofensiva alemana. Los 40 días en los que tenían que derrotar a Francia según el plan original llegaban a su fin sin haber cumplido el objetivo. Peor aún: el avance se había detenido por completo y se avecinaba una guerra larga en la que Alemania debería luchar en dos frentes, exactamente el escenario que pretendía evitar el plan Schlieffen.

Estos hechos de hace ahora 100 años fueron determinantes en la historia del siglo XX. Si los alemanes se hubiesen atenido al plan original podrían haber conseguido su objetivo de derrotar a Francia en tiempo récord y la guerra podría haber terminado en 1914 con un tratado de paz a la medida de las aspiraciones alemanas. Sin la prolongada carnicería de las trincheras la mentalidad europea no habría quedado conformada por el trauma de aquella guerra y los años 20 y 30 habrían sido de preponderancia alemana.

¿Cómo habría sido el mundo en ese caso? ¿Mejor o peor? Es imposible saberlo, pero sí podemos estar seguros de que habría sido un mundo diferente. Desde aquel fatídico día de junio de 1914 los movimientos diplomáticos primero y los militares después habían sido incapaces de resolver el problema de las relaciones entre las potencias europeas. Cuatro años después, una Europa agotada comenzaba a pagar este doble fracaso con una inevitable decadencia.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

La precipitada huída de Catilina

29 lunes Sep 2014

Posted by ibadomar in Historia

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Antigüedad, Catilina, Cicerón, Galos, Historia, Pujol, Roma, Sila

Así, a lo tonto, hace cosa de un mes que no actualizo el blog porque las complicaciones del mundo real me mantienen alejado del virtual. Y no es que me falten temas para escribir: la situación escocesa me hizo pensar en un artículo sobre cómo se llegó a la unión de las coronas de Escocia e Inglaterra; las tensiones entre Occidente y Rusia casi me deciden a hablar de la Guerra Fría y el centenario de la Primera Guerra Mundial podría darme materia hasta noviembre de 2018. Tantos temas sobre los que escribir y tan poco tiempo para hacerlo.

Finalmente, la esperpéntica comparecencia de Pujol, muy envuelto en una dignidad surgida de no se sabe dónde tras confesar que ocultó una fortuna a Hacienda durante años, me sorprendió por la falta de respuestas contundentes. Caramba, ¿tan pobre es la oratoria actual que nadie es capaz de acuñar con fortuna una frase de reprobación? Me vinieron a la mente, sin buscar mucho, tres situaciones en las que sí se pronunciaron y quedaron para la Historia palabras de reproche: una señala el fin de la época de la «caza de brujas» de McCarthy, otra llegó durante la crisis de los misiles, y la tercera… la tercera tiene mucha más solera. En ella, además, aparecen en escena un programa político populista, una conspiración para un golpe de estado, espías infiltrados en la conspiración, movimientos diplomáticos, una astuta celada y en general, todos los ingredientes que se le pueden pedir a una buena película de intriga. Ocurrió el año 63 antes de Cristo y pasó a la historia como la conspiración de Catilina.

El episodio es muy conocido, pero tiene un grave defecto: todo lo que sabemos de Lucio Sergio Catilina nos lo han contado enemigos suyos como Cicerón, por lo que podemos estar seguros de que se han exagerado hasta el límite sus rasgos negativos. Sabemos con seguridad que nuestro hombre era de origen noble y estuvo entre los que apoyaron en su día a Sila, que era una forma magnífica de hacer fortuna para los hombres de pocos escrúpulos, como ya mencioné en su día al hablar de Craso; también sabemos que fue pretor en el 68 a.C. y que a continuación partió como gobernador a África. No hay muchos detalles de su gobierno allí, pero a la vuelta se encontró con una acusación de abuso de poder, que nos da algunas pistas. El estar pendiente de juicio impidió que se presentara a las elecciones consulares del año 65 a.C. y siendo bastante malpensados podríamos preguntarnos si la acusación no fue una táctica de sus adversarios para torpedear su candidatura, aunque la cosa no fue a mayores: Catilina fue absuelto y se pudo presentar a las elecciones de los cónsules del año 63 a.C.

Siendo como era de origen noble, puede parecer sorprendente que el programa político de Catilina estuviera pensado para buscar el apoyo de las clases bajas y que su punto fuerte fuera la abolición de las deudas, pero la política siempre ha tenido este tipo de cosas. Los ánimos estaban enconados, pero Catilina fracasó y fue elegido el gran orador Marco Tulio Cicerón junto con un Cayo Antonio Hybrida que sólo sirvió como figura decorativa. Catilina no se desanimó por ello y empezó a preparar la campaña para las elecciones del año siguiente. Pero, como era hombre precavido, empezó a elaborar un plan B para llegar al poder en caso de un nuevo fracaso en las urnas. En Etruria sus partidarios empezaron a reclutar un ejército, mientras los más exaltados de los conspiradores intentaban sumar a los esclavos a la revuelta.

La elección de los cónsules que debían gobernar en el año 62 a.C. se debieron de celebrar en el verano del 63 y, con el panorama descrito, el ambiente era irrespirable. El cónsul Cicerón, que dirigía el proceso, llevaba una coraza bajo la toga y no salía sin una escolta armada. El plan A de Catilina fracasó de nuevo, porque perdió las elecciones, siendo elegidos Lucio Licinio Murena y Décimo Junio Silano, así que no quedaba más que aplicar el plan B, es decir la revuelta armada, fijada para finales de octubre.

Llegó entonces la hora de los espías. Uno de los conjurados tenía una amante llamada Fulvia, que puso en guardia a Cicerón. No había pruebas de la conjura, y por tanto no podía haber detenciones, pero el cónsul empezó a tomar medidas preventivas que hacían imposible el proyecto. Sin embargo los conspiradores no pudieron avisar a tiempo a Manlio, responsable de la revuelta en Etruria, donde se inició la sublevación. Había que actuar deprisa y en una reunión el 7 de noviembre los conspiradores decidieron asesinar a Cicerón al día siguiente en su propia casa, aprovechando una visita. A continuación Catilina partiría para Etruria, se pondría al frente de los sublevados y marcharía sobre Roma, donde sus partidarios asesinarían a sus principales adversarios políticos. Sin embargo Fulvia volvió a intervenir, por lo que Cicerón dejó de recibir visitas inmediatamente y convocó una sesión extraordinaria del Senado.

En esa sesión se produjo el momento glorioso de esta historia. Cicerón llegó dispuesto a informar de todo lo que sabía cuando vio entre los senadores a los que participaban en la conjura. No sólo no habían huido sino que estaban allí, con el mismo Catilina presente, como si no supieran de qué iba la cosa. Cicerón demostró entonces su don para la oratoria con un discurso que ha pasado a la Historia (y a las pesadillas de todo estudiante de Latín) y que comienza con la célebre frase Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? (¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?) En el discurso Cicerón se asombraba de que, mientras él informaba al Senado de la conjura, Catilina aún estuviera vivo y, más aún, acudiera a la sesión para señalar con su mirada a aquéllos que habrían de caer bajo los puñales de los asesinos. Catilina no fue capaz de justificarse ante la oleada de indignación que Cicerón había logrado levantar y cometió un error: abandonó Roma y huyó a Etruria para ponerse al frente de los sublevados.

Ésa fue la jugada maestra de Cicerón. Su discurso pudo ser emotivo, pero seguía sin tener pruebas. Al huir, Catilina dejaba de controlar los acontecimientos en Roma, donde se preparaba una astuta celada en su contra. Léntulo, uno de los conspiradores, se dirigió a unos embajadores galos de la tribu de los alóbroges para intentar que se sumaran a la rebelión. Los galos buscaron consejo en su patrono romano, que informó a Cicerón. El consejo que recibieron los galos fue el de que pidieran las promesas por escrito y les permitieran entrevistarse con el mismo Catilina. Léntulo picó y redactó el documento que pedían. Para colmo, uno de los conjurados salió con ellos de viaje a Etruria con una carta dirigida a Catilina. No llegaron ni a abandonar la ciudad antes de ser arrestados y Cicerón tuvo por fin las pruebas que buscaba.

El desenlace estaba servido: el Senado juzgó a los conspiradores, ilegalmente por cierto, porque no era un órgano judicial, y decretó su muerte. Esta decisión era tan ilegal como el propio juicio, como dijo Julio César en su discurso para la ocasión, puesto que no se podía ejecutar a ciudadanos romanos sin contar con la Asamblea, pero Cicerón estaba en su momento de gloria y la mayoría de senadores votó las condenas siguiendo su opinión.

Sólo faltaba sofocar la rebelión en Etruria. El mismo Catilina debilitó el movimiento al rechazar incorporar a los esclavos, puesto que una cosa era sublevarse en nombre de los ciudadanos romanos y otra ayudar a esclavos fugitivos. Cuando llegaron las noticias de la debacle de la conspiración en Roma buena parte de su ejército desertó y Catilina sólo pudo intentar abrirse camino hacia la Galia, pero fue derrotado cerca de Pistoia y murió en combate.

Este fue el gran triunfo de la retórica de Cicerón, que consiguió con su discurso que Catilina perdiera la sangre fría y abandonara Roma para dirigirse al desastre. Desde entonces parece que se ha aprendido mucho y ahora, cuando se expone en un parlamento una conducta reprochable, el aludido finge sorprenderse si es que no reacciona airado recriminando la conducta de sus adversarios. Será porque ya no tiene que enfrentarse al riesgo de morir estrangulado en una mazmorra, que fue el destino de los conjurados capturados en Roma, o porque en el fondo todos, acusados y acusadores, son actores en una misma comedia. Como dijo el mismo Cicerón en aquel célebre discurso del que hemos hablado O tempora, o mores.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...
← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Por iBadomar

Avatar de Desconocido

Únete a otros 111 suscriptores

Estadísticas del blog

  • 124.796 visitas

Páginas

  • Diez años en Los Gelves
  • Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves

Archivo de entradas

Etiquetas

Accidente aéreo Alejandro Magno Alemania Antigüedad Arqueología Arquitectura Arte Atenas Aviación Batalla Carlos II Cartago Cervantes Churchill Cine Comet Comunismo Constantinopla Constitucion Control aéreo Corrupción Corsarios Cruzadas Cultura de seguridad Cultura justa Diocleciano Edad Media Edad Moderna Egipto Esparta España Espionaje Factores humanos Felipe V Fiscalidad Francia Franquismo Grecia Guerra del Peloponeso Guerra de Sucesión Guerra Fría Herodoto Hindenburg Historia Hitler ILS Imperio Bizantino Incidente aéreo Inocencio III Isabel I Isabel II Jerjes Jolly Roger Julio César Literatura Ludendorff Luis XIV Luis XVIII McRobertson Messerschmitt Modelo de Reason Modelo SHELL Momentos cruciales Mussolini Napoleón Navegación aérea Periodismo Persia Pintura Piratas Política Prehistoria Primera Guerra Mundial Pétain Radar Reactor Realismo Renacimiento Restauración Revolución Roma Salamina Segunda Guerra Mundial Seguridad aérea Sicilia Siglo XIX Siglo XVII Siglo XVIII Siglo XX Sila Stalin TCAS Temístocles Tetrarquía Tito Livio Transición Técnica Uberlingen Ucrania URSS

Meta

  • Crear cuenta
  • Iniciar sesión
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.com

Crea un blog o una web gratis con WordPress.com.

Privacidad y cookies: este sitio utiliza cookies. Al continuar utilizando esta web, aceptas su uso.
Para obtener más información, incluido cómo controlar las cookies, consulta aquí: Política de cookies
  • Suscribirse Suscrito
    • Los Gelves
    • Únete a otros 111 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Los Gelves
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...
 

    %d