Un tebeo de hace mil años

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Ya estamos en primavera. Eso quiere decir que dentro de poco hará el calor suficiente como para que podamos ir en camiseta y yo podré volver a vestir una de mis prendas favoritas. Se trata de una camiseta con la siguiente imagen, que como todas las que usaré en este artículo, he extraído de Wikipedia.
Es una escena de la batalla de Hastings, que se libró en 1066 y que tiene gran importancia en la Historia europea, puesto que supuso la ascensión al trono de Inglaterra del normando Guillermo el Conquistador. Los que hayan visto alguna película clásica de Robin Hood o de Ivanhoe recordarán que suele mencionarse a una sociedad dividida entre una aristocracia normanda dominante y unos sajones subyugados. Pues bien, los normandos eran dominantes porque Guillermo ganó esta batalla, derrotando al rey Harold (Haroldo II en castellano). De haber sido otro el resultado, los sajones habrían sido los dominantes y los normandos… no estarían dominados porque se habrían tenido que volver a Normandía.

A grandes rasgos las cosas fueron como sigue: el rey inglés Eduardo el Confesor murió sin descendencia en enero de 1066. Una muerte así suele llevar a una disputa por el trono, a menudo sangrienta, y no iba a ser ésta la excepción. En este caso la coronación en apenas 24 horas, por parte de un consejo de notables, del magnate inglés Harold, que era cuñado de Eduardo, podría haber resuelto el asunto. Pero ¡ay! había otros pretendientes que no se quedaron de brazos cruzados: el rey noruego Harald III y el duque de Normandía, Guillermo.

Harold esperó el desembarco de Guillermo en el sur de Inglaterra, pero quiso el destino que el primer ejército en desembarcar en Inglaterra fuera el de Harald de Noruega, en el norte. El noruego consiguió un efímero éxito en la batalla de Fulford, pero murió en combate tras 5 días, el 25 de septiembre de 1066, cuando el inglés Harold, tras una apresurada marcha, presentó batalla en Stamford Bridge.

Harold debió de pensar que se había ganado un respiro, pero para su desgracia el ejército de Guillermo de Normandía desembarcó justo 3 días después de la batalla de Stamford Bridge, obligándole a regresar al sur. Los dos ejércitos se enfrentaron en Hastings el 14 de octubre en una larga y tensa batalla en la que Harold resultó muerto. El triunfante Guillermo fue coronado rey de Inglaterra el día de Navidad y pudo dedicarse a terminar la conquista de su nuevo reino.

Toda esta historia nos sirve para poner contexto a la fuente del dibujo de mi camiseta: el tapiz de Bayeux, que no es un tapiz sino una tela bordada de nada menos que 70 metros de largo y que relata a lo largo de numerosas escenas, con anotaciones en latín, la historia del desembarco de Guillermo de Normandía y su victoria en Hastings. Se trata por tanto, de una especie de cómic propagandístico, realizado a finales del siglo XI, al servicio del invasor normando. Es fascinante y quien vaya a Bayeux no debe dejar de verlo (y traerme de paso una camiseta nueva, puesto que la mía ya tiene unos años).

En la historia del tapiz, Harold viaja a Normandía donde es hecho prisionero por un tal Guido, para ser luego llevado, ya libre, a presencia de Guillermo de Normandía (¿quizás Guillermo paga un rescate? La tela no aclara este punto). Harold participa en una campaña militar junto a Guillermo y en algún momento hace un juramento ante él. ¿Un juramento de fidelidad? No lo sabemos. El texto latino dice UBI HAROLD SACRAMENTUM FECIT WILLELMO DUCI (aquí Harold hace un juramento al duque Guillermo).

Harold regresa a Inglaterra, donde el cuerpo del rey Eduardo el Confesor es llevado a la iglesia de San Pedro, aunque el rey aún vive. En la siguiente escena, sin embargo, vemos al rey hablando a sus fieles para morir a continuación: HIC EADWARDUS REX IN LECTO ALLOQUIT FIDELES (aquí el rey Eduardo habla a sus seguidores) ET HIC DEFUNCTUS EST (y aquí muere). A la derecha vemos que Harold es coronado rey: HIC DEDERUNT HAROLDO CORONA REGIS (aquí le dan a Harold la corona real)En una escena se ve a gente que mira una estrella con cola: ISTI MIRANT STELLA. Se trata del cometa Halley, que apareció ese año y que, como buen fenómeno raro y espectacular, tenía que anunciar algún tipo de noticia. En este caso las noticias le iban a llegar a Guillermo, por medio de un mensajero que navega hacia él.

Guillermo no pierde el tiempo y ordenar construir barcos y abastecerlos para la conquista, lo que nos muestra unas estupendas escenas de carpinteros trabajando en las naves, y hombres que las cargan con armas y barriles de vino.Guillermo y sus hombres cruzan el mar, desembarcan, se dirigen a Hastings donde se apropian de comida, celebran un banquete y finalmente se enfrentan en batalla a Harold, cuyos hermanos mueren al principio de la batalla, antes de que le toque el turno a él y su ejército se dé a la fuga: HAROLD REX INTERFECTUS EST (matan al rey Harold).Por desgracia, se ha perdido la última parte del tapiz, que debía de mostrar la coronación de Guillermo. Pero lo que tenemos ya hace disfrutar muchísimo. Recomiendo encarecidamente no limitarse a leer este artículo sino pasar por Wikipedia y ver todas las escenas. Mejor aún verlo en la página web del museo de Bayeux. Todavía mejor: ir a Bayeux y verlo en directo. Pero atención: el tapiz va a ser restaurado en 2024 y no estará visible hasta 2026, cuando se exponga de nuevo en el recién remodelado museo. Así que hay que darse prisa… o esperar un poco, según como se mire.

¿Y si quiero ver el tapiz en 2025? También hay reproducciones. Por ejemplo la del museo de Reading, en Inglaterra, bordada a tamaño natural por 35 mujeres. Pero la copia no es totalmente fidedigna y hay al menos una diferencia. Está en la escena de la siguiente imagen y, sabiendo que la copia se hizo en 1885 y lo que significa «moral victoriana» dejo a la imaginación del lector que adivine qué figura del tapiz está ligeramente alterada. No hace falta ser demasiado avispado… ¿quién dijo que en la Edad Media eran unos pacatos?

El misterio de la Madonna Sixtina

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Hace unos años se puso muy de moda una imagen de dos angelotes. Se podía encontrar por todas partes para decorar todo tipo de objetos. La imagen en cuestión es la siguiente:

Seguro que todo el mundo la reconoce. Lo que es menos frecuente es que se conozca su procedencia e incluso me he encontrado con personas que se sorprenden al saber que este fragmento forma parte, aunque secundaria, de una obra mucho mayor pintada por Rafael a principios del siglo XVI. Se trata de la Madonna Sixtina que se conserva actualmente en Dresde, ciudad que merece una visita, aunque sólo sea por contemplar este cuadro.

Para empezar habría que aclarar que los dos mozalbetes en cuestión no son realmente ángeles sino putti. En la descripción de obras de arte se suele reservar la palabra ángel para imágenes como la de San Gabriel durante la Anunciación, mientras que los niños alados (a menudo con alas de mariposa) que aparecen de forma ornamental se conocen como putti, erotes o amorcillos. La palabra putti, por cierto, es el plural de la palabra italiana putto, lo que provoca que yo prefiera utilizar amorcillo cuando tengo que hablar de estas figuras en singular. Pero dejémonos de pedanterías y vayamos al núcleo de este artículo, la Madonna Sixtina.

Hermosa pintura, ¿verdad? La imagen la he obtenido, cómo no, de Wikipedia, y merece la pena contemplarla con detalle, en especial los rostros de la Virgen y del Niño… pero ya llegaremos a esto. Primero fijémonos en la imagen en general. Se trata de una Virgen con Niño acompañada de San Sixto y De Santa Bárbara y en ella hay algo peculiar, muy peculiar. Para percibirlo basta con comparar esta obra con otras Vírgenes con Niño de Rafael. En ellas hay comunicación visual entre madre e hijo, pero no es así en el cuadro que nos ocupa, en el que ambos personajes miran al frente. Casi como si se tratara de una obra del románico, aunque en este caso la expresión es hierática mientras que en la obra de Rafael la expresión es… difícil de describir. La mirada del Niño se ha descrito como terrible o llameante, y constituye un misterio que ha ocupado a muchos historiadores del Arte. ¿Qué transmite la pintura de Rafael?

Tradicionalmente se ha creído que la pintura estaba destinada a la tumba del papa Julio II y se interpretaba que San Sixto señala a los espectadores como encomendándolos a la divinidad. Esta interpretación aparece en multitud de fuentes, pero la expresión del Niño no encaja. Si aceptamos esta interpretación tendremos que asumir que Jesús está pensando que preferiría cualquier encargo antes que proteger a quienes tiene enfrente, que más que ternura le inspirarían repelús.

Hay otra interpretación, que encontré en El arte en la Italia del Renacimiento (dirigido por Rolf Toman, Könemann 2005) y que me parece mucho más convincente. Se la debemos al profesor Andreas Prater, que nos recuerda que esta obra estaba colocada en el altar mayor de la iglesia de San Sixto en Piacenza. La figura de San Sixto señala hacia el exterior del cuadro, efectivamente, ¿y qué había justo enfrente del altar mayor en aquella iglesia, como en tantas otras? Allí estaba colgada una gran cruz y en ese caso, nos dice el profesor Prater, el Niño está mirando al instrumento de su futura tortura y muerte y su cara nos transmite una expresión de horror. Misterio resuelto.

¿Es realmente así? Este explicación la leí hace años y me ha costado mucho trabajo encontrar la fuente. Para mi sorpresa, las páginas de Wikipedia en inglés, francés o español no mencionan esta interpretación, aunque sí lo hace la página en alemán (probablemente porque el profesor Prater es alemán y el redactor conoce su obra) y tampoco hay mención en la Web Gallery of Art. De manera que, en cierto sentido, estoy ofreciendo a mis lectores una primicia. Ahora sólo falta que se divulgue.

Enfermera, resistente, mártir, espía

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¡Hemos llegado al décimo cumpleaños de Los Gelves! Para celebrarlo hay una nueva página que comenta el aniversario, a la que se puede acceder pulsando en el enlace correspondiente en la cabecera del blog… o haciendo click aquí, que es mucho más directo. Pero lo importante son los artículos… y un 12 de noviembre sin artículo sobre la Primera Guerra Mundial, no es un 12 de noviembre como es debido.

Hoy hablaremos de una historia ambigua, incómoda y un tanto descorazonadora. Es la historia de Edith Cavell, la mujer que aparece en la fotografía. Una enfermera británica que ejercía su profesión en Bélgica cuando comenzó la Gran Guerra y que se hizo célebre por un motivo muy desagradable: fue fusilada en octubre de 1915.

Edith Louisa Cavell había nacido en diciembre de 1865 y no se puede decir que el suyo fuese un caso de vocación temprana por la enfermería, puesto que tenía ya 30 años cuando decidió acceder a la profesión, tras haber atendido a su propio padre durante una enfermedad cuyos detalles desconozco. Debió de descubrir que en el cuidado de enfermos estaba su lugar en el mundo, puesto que destacó lo suficiente como para que en 1907 la contratara una escuela belga de enfermería (la École Belge d’Infirmières Diplômées) que acababa de fundarse.

El estallido de la guerra en el verano de 1914 sorprendió a Edith Cavell en Inglaterra, visitando a su madre y a sus hermanos. Edith comprendió que durante una guerra el lugar de una enfermera está en su hospital así que regresó a Bélgica sin que pudiera disuadirla nadie de su familia ni de sus amigos. La clínica en la que trabajaba se convirtió en un centro en el que se atendía a heridos belgas, alemanes, franceses o ingleses puesto que Cavell y su equipo no hacían distinciones de nacionalidad, y tampoco tendría sentido hacerlas en un hospital amparado por la Cruz Roja Internacional. Pero Edith Cavell no se limitaba a ejercer como enfermera.

La ocupación alemana de Bélgica en 1914 fue un hecho muy traumático. Una invasión armada lo es por definición, pero en este caso las cosas fueron aún más lejos: Bélgica era neutral, pero el plan Schlieffen alemán obligaba a pasar por su territorio para invadir Francia en un movimiento de flanqueo. Los alemanes podían comprender que el pequeño ejército belga opusiera una resistencia de principio y abandonara la lucha pronto, pero no fue así: Bélgica tenía pocas tropas pero luchó enconadamente, obstaculizando un plan Schlieffen en el que la velocidad lo era todo.

Esto contribuye a explicar la brutalidad con que se empleó un ejército alemán frustrado por las dificultadas creadas por una pequeña nación que se resistía a admitir su inevitable derrota. No sólo se trata de que soldados embrutecidos por la violencia del combate y espoleados por el consumo de alcohol cometieran abusos sino de que estos abusos fueron tolerados e incluso fomentados por el mando. Cualquier conato de resistencia se reprimía mediante la toma y fusilamiento de rehenes, saqueo de poblaciones y todo el catálogo de atrocidades que normalmente asociamos a la Segunda Guerra Mundial, pero que ya estuvieron presentes durante la Primera. El episodio más conocido fue la destrucción de Lovaina, incluyendo el incendio de su incomparable biblioteca.

Cuando se corre el riesgo de ser fusilado porque un convecino a quien no se conoce de nada ha disparado contra las tropas de ocupación, el deseo de huir es natural. No eran pocos, por tanto, los civiles que deseaban escapar de Bélgica. No sólo civiles, también había soldados aliados atrapados tras las líneas alemanas que querían escapar del cautiverio o la sentencia de muerte. Y aquí es donde entra la segunda actividad de Edith Cavell, que se ocupaba de atender heridos en su hospital, sí, pero que además formaba parte de una red que ayudaba a ocultar fugitivos y enviarlos a la neutral Holanda.

Era una actividad tremendamente arriesgada. Al violar la legislación militar, Cavell se jugaba la vida y lo sabía, pero si actuaba con precaución, si conseguía ser discreta, si nadie la delataba, si, si, si… Eran demasiados puntos débiles y finalmente Edith Cavell fue arrestada a principios de agosto de 1915. No fue la única: otros miembros de la red de asistencia a los fugitivos cayeron con ella. Durante las diez semanas siguientes, Edith Cavell fue prisionera a la espera de juicio. Éste tendría lugar a principios de octubre y en él las cosas pintaban mal para Cavell y sus compañeros de infortunio, puesto que la pena por ayudar a escapar de territorio ocupado a soldados enemigos era la muerte. No parece que esto impresionara a la enfermera británica, puesto que admitió serenamente los hechos. Pero esto colocaba a los alemanes en una posición difícil, ¿qué hacer con Edith Cavell?

Desde un punto de vista legal, la cosa estaba clara: Cavell era ciudadana de un país enemigo, aunque protegida por su condición de personal sanitario. Pero al ser culpable de ayudar a combatientes a reunirse con su ejército perdía tal protección y debía ser tratada como cualquiera que violara las leyes de guerra. Eso implicaba el pelotón de ejecución, pero fusilar a mujeres nunca ha sido una manera de ganarse las simpatías de la opinión pública internacional, por muy justificado que esté desde el punto de vista legal. Los diplomáticos británicos, compatriotas de Cavell, no podían hacer nada puesto que eran beligerantes, pero los de Estados Unidos y España (ambas naciones neutrales en 1915) hicieron cuanto pudieron para que Edith Cavell fuese perdonada.

Su destino se decidió el 11 de octubre de 1915: Edith Cavell sería fusilada. El gobernador militar alemán, Moritz von Bissing, que estaba convencido de que Cavell era una espía que merecía el paredón, temiendo que la prolongación del asunto empeorara las cosas, decidió acelerar el proceso. En consecuencia, Cavell y sus compañeros de sentencia fueron pasados por las armas apenas unas horas después, el 12 de octubre a las 7 de la mañana. El diplomático español Rodrigo de Saavedra y sus colegas norteamericanos se mantuvieron activos durante toda la noche en un esfuerzo tan generoso como inútil.

Edith Cavell, por su parte, declaró poco antes de morir que no deseaba ser recordada como una heroína ni como una mártir, sino simplemente como una enfermera que había intentado cumplir siempre con su deber. Como era de esperar, nadie le hizo caso. La propaganda vio en ella una oportunidad perfecta y su figura se empleó en beneficio de la causa aliada con notable éxito: en los meses posteriores a su ejecución, se duplicó el número de hombres que se alistaban para combatir inspirados por la imagen de la heroica enfermera martirizada, que se empleó con profusión en la prensa y los carteles de reclutamiento.La ejecución de Edith Cavell, junto a hechos como la destrucción de Lovaina o el hundimiento del Lusitania, sirvió a la causa aliada para propagar la imagen de la barbarie alemana. Y es que Cavell formaba parte de una red de asistencia a fugitivos, sí, pero al fin y al cabo no era una espía… ¿o sí lo era? Cien años después de su muerte, en 2015, la ex-directora del servicio secreto británico MI5, Dame Stella Rimington, declaraba haber encontrado en los archivos documentos que prueban que Cavell formaba parte de una red que recogía información y la enviaba mediante mensajes cifrados ocultos en la ropa de los fugitivos. No está claro hasta qué punto estaba ella involucrada en la recogida de información, pero ahora sabemos que sí formaba parte de una célula de espionaje. De manera que Moritz von Bissing, el gobernador alemán, no se equivocaba al considerar a Cavell como una espía.

En realidad no importa si era espía o no. La propaganda aliada habría considerado a Cavell como una mártir inocente aunque la hubiesen atrapado con un libro de códigos en la mano, y los alemanes la habrían fusilado por su participación en la fuga de soldados aliados en cualquier caso. Edith Cavell, por su parte, sigue presente en monumentos, libros y películas e incluso da nombre, desde 1916, a una montaña en Canadá. Todo ello para recordar a la mártir y heroína porque, siendo realistas, nadie recuerda a Edith Cavell por su labor como enfermera, por más que éste fuera su deseo.