La otra crisis de Suez

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Hay que ver la que ha armado el buque Ever Given. No he conseguido saber qué motivó que el barco encallara, empotrando la proa en el borde del canal de Suez, pero el caso es que lleva varios días bloqueándolo mientas una excavadora, diminuta en comparación con el gigantesco buque, se esfuerza por liberarlo. Internet, naturalmente, se ha llenado de fotos del evento, chistes fáciles, ideas absurdas para solucionar el problema y todas estas cosas tan habituales en nuestro mundo interconectado. No es de extrañar, puesto que las fotografías del accidente son muy descriptivas.

Foto tomada de un periódico que citaba a la BBC, que daba como origen a AFP

El problema no es de fácil solución, porque el bulbo de proa del barco se clavó en el borde del canal y debió de hacerlo a conciencia, considerando que la energía cinética es directamente proporcional a la masa y al cuadrado de la velocidad. Cierto que la velocidad debía de ser baja, pero la masa es enorme, puesto que el Ever Given tiene una capacidad de carga de casi 220.000 toneladas. En comparación, un Airbus A380, el mayor avión de pasajeros en servicio, tiene una carga de pago máxima de 84 toneladas mientras que el mayor avión de carga que existe, el inmenso Antonov An-225, con sus seis motores, puede transportar unas 250 toneladas. Estamos hablando únicamente de carga: recordemos que los barcos, a diferencia de los aviones, pueden transportar un peso muy superior al propio (el máximo peso al despegue de un A380 es de unas 575 toneladas y el de un An-225 de 640).

El An-225, espectacular, pero pequeño en el fondo

En el momento de escribir este artículo se prevé que el atasco puede durar semanas y las navieras temen que sus buques deberán navegar bordeando el cabo de Buena Esperanza, como en los viejos tiempos. O no tan viejos: el canal de Suez ya estuvo cerrado durante 8 años a raíz de la Guerra de los Seis Días (1967), pero ya antes había habido otra crisis, la crisis de Suez por excelencia. Ocurrió en 1956 durante uno de esos momentos tensos tan típicos de la Guerra Fría. A mayor gloria, en este caso, del gobernante egipcio Gamal Abdel Nasser, que llegó a la presidencia del país un par de años después del golpe de estado de 1952, llamado el golpe de los oficiales libres.

Nasser era un encarnizado enemigo del estado de Israel, quizás porque había sido hecho prisionero en la guerra de 1948, y se hizo un hueco como líder del panarabismo. Esto le enfrentaba a otros países como Irak, que era en aquel momento una monarquía con buenas relaciones con el Reino Unido. Su hostilidad a Israel supuso un obstáculo para modernizar el ejército egipcio con armamento norteamericano, sin embargo Nasser lo solucionó comprando armamento checoslovaco (es decir soviético pero con intermediación checa). El asunto de las armas checoslovacas, unido al reconocimiento diplomático de la República Popular China por parte de Egipto ponían al gobierno egipcio en una posición de hostilidad frente a Estados Unidos, que seguía reconociendo a la República de China (es decir Taiwan) frente al gobierno comunista de Pekín. Con estas acciones, Nasser se  convirtió en uno de los principales líderes del Movimiento de Países No Alineados, que de hecho se constituyó en la Conferencia de Brioni en 1956, con el patrocinio de Tito, Nehru y el propio Nasser. A cambio, el presidente egipcio era visto con suspicacia por Estados Unidos y con hostilidad por Gran Bretaña e Israel. El apoyo egipcio al FLN argelino (siglas de Frente de Liberación Nacional), que buscaba la independencia de Argelia, también enfrentó a Nasser con Francia.

En política interior Nasser tenía un proyecto ambicioso y… faraónico, lo que en su caso era apropiado. Se trataba de la construcción de la gran presa de Asuán, que preveía aumentar la superficie de regadío en Egipto en más de un 30% y la producción de energía eléctrica en un 50%. Pero financiar el proyecto era difícil y los Estados Unidos se negaron a apoyarlo económicamente. Nasser decidió jugar fuerte y el 26 de julio de 1956 anunció la nacionalización del canal de Suez. Su justificación era que los ingresos del canal, que eran necesarios para la construcción de la presa de Asuán, quedaban en manos de hombres de negocios franceses y británicos mientras Egipto apenas recibía un 3%. De paso, Nasser prohibía el paso a barcos israelíes no sólo por el canal, sino también por el estrecho de Tirán, que cierra el golfo de Aqaba, cortando a Israel toda posibilidad de acceso al Mar Rojo.

Los ingleses estaban hechos una furia y dispuestos a la intervención militar, puesto que veían que se les escapaba de las manos el control de una posición estratégica para su comercio y su aprovisionamiento de petróleo. En Francia se sumaba a la indignación el que el canal fuese una obra francesa y la compañía gestora tuviese su sede en París. Un diplomático francés resumió las opciones existentes con un retruécano perfecto en francés: Coloniser le canal ou canaliser le colonel (colonizar el canal o canalizar al coronel). Pero colonizar el canal no sería fácil, ya que el presidente norteamericano Eisenhower no respaldaba la acción militar. Franceses y británicos decidieron entonces preparar una intervención por su cuenta con apoyo de Israel, que después de todo era el principal perjudicado.

Las incursiones contra Israel desde Egipto y la libertad de paso por el canal fueron las razones esgrimidas para la intervención militar, que comenzó el 29 de octubre de 1956 con un ataque relámpago israelí en el Sinaí. Sin embargo el plan, a pesar del éxito militar de los israelíes, empezó a fallar cuando el gobierno de Nasser no sólo no se tambaleó sino que se vio apuntalado por manifestaciones de apoyo popular. Se suponía que los ingleses y franceses no desembarcarían hasta el 6 de noviembre, pero la rapidez israelí les obligó a adelantar las operaciones al día 4.

Para entonces, la operación ya había fracasado a pesar de que, militarmente, era un triunfo inapelable. De haber actuado inmediatamente tras la nacionalización del canal, el apoyo popular al gobierno conservador presidido por Eden habría sido masivo, pero tres meses después la opinión pública británica ya se había enfriado y no veía la aventura con buenos ojos, mientras la oposición laborista aprovechaba para hacer campaña con su particular No a la guerra. Pero el fracaso definitivo vino por la hostilidad internacional, en particular por la posición norteamericana. Los Estados Unidos presentaron en el Consejo de Seguridad una resolución para un alto el fuego inmediato que no prosperó por el veto de franceses y británicos, pero que dejaba claro el aislamiento de las potencias europeas.

La posición americana se explica por el riesgo inasumible de arrojar al mundo árabe en brazos de la URSS, pero además porque en aquel mismo momento se producía la invasión soviética de Hungría. Los Estados Unidos no podían condenar la intervención de la URSS en Europa del Este a la vez que aprobaban la operación de Suez. Habría sido demasiado hipócrita, incluso para una gran potencia. Era mejor que la hipocresía recayera del lado soviético, que sí condenaba la agresión a Egipto mientras sus tanques entraban en Budapest. Para colmo, Kruschev amenazaba con actuar militarmente contra Francia y Reino Unido. Y como su ejército estaba ocupado en Hungría esgrimió la amenaza de usar armas nucleares. Insensato, aunque propio de Kruschev.

Pero no fueron las amenazas soviéticas las que salvaron a Nasser sino la actuación de Estados Unidos, que no se limitó a la condena verbal sino que usó su influencia económica para debilitar al Reino Unido. La posibilidad de que Estados Unidos vendiera sus reservas de libras esterlinas, hundiendo la divisa británica, era una amenaza demasiado potente. Curiosamente, Estados Unidos no consideró hundir la economía egipcia lanzando al mercado sus reservas de algodón. La guerra terminó con una humillación para Francia y Gran Bretaña y con Nasser apuntalado en el poder y dueño del canal. Se envió a la zona una fuerza de interposición de Naciones Unidas que debía, entre otras cosas, garantizar el derecho de Israel a transitar por el estrecho de Tirán. Egipto fue, por tanto, el principal beneficiado de la crisis mientras Israel conseguía que su intervención no fuese en vano.

La crisis tuvo una enorme influencia en el desarrollo posterior de la Guerra Fría: Kruschev, por ejemplo, se aficionó a utilizar la amenaza nuclear, siendo el mejor ejemplo la crisis de los misiles en 1962. El gobierno del Reino Unido vivió la actitud americana como una puñalada, pero hubo de aceptar que ya no podía imponer su política sin contar con Estados Unidos y terminó por amoldarse al papel de segundón. El nuevo gobierno británico de Macmillan, temeroso de que Túnez comprase armamento a Moscú siguiendo el ejemplo egipcio, acordó vender armas a Túnez, armas que en parte acababan en manos del FLN argelino. En consecuencia, Francia se distanció de sus aliados británicos e inició un acercamiento a Alemania como socio preferente. Egipto, por su parte, vivió su momento de gloria e incluso impulsó con Siria el nacimiento de la efímera República Árabe Unida, pero la iniciativa apenas duró tres años. En el tablero de la Guerra Fría, Oriente Próximo pasaba a ocupar un puesto importante con Egipto y Siria como principales apoyos soviéticos mientras Estados Unidos usaba a Jordania y Arabia Saudí como contrapesos, manteniendo los vínculos con Israel.

Pero lo más significativo es que aquella crisis fue el fin de una era. Cien, cincuenta, incluso veinte años antes habría sido impensable que las potencias europeas no impusieran su voluntad en un país como Egipto. Las dos guerras mundiales habían dejado claro que había nuevas potencias con las que contar y que el mundo ya no bailaba al son que tocaba Londres y menos aún París. Y, por encima de todo, la crisis de Suez demostró definitivamente que Europa había pasado a ser un actor secundario en el escenario geopolítico. Y así sigue siendo sesenta y cinco años después.

 

Aruch Barbarroja, gobernante de Los Gelves, señor de Argel

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Hace mucho que no escribo sobre piratas y corsarios. Qué vergüenza, en un blog con el nombre de éste. Además, revisando los artículos que tratan sobre nuestros forajidos favoritos, veo que siempre se refieren a la piratería americana a pesar de que el Mediterráneo fue un mar infestado de piratas y sujeto a las acciones de corsarios durante mucho tiempo. Ha llegado la hora de explorar la vida de alguno de ellos.

Verano de 1504. Dos galeras de la flota del Papa realizan la travesía entre Génova y el puerto de Civitavecchia, cercano a Roma, con un valioso cargamento de mercancías. A mitad de camino, cerca de la isla de Elba, la más adelantada de las dos galeras divisa un barco que se mueve lentamente. El capitán, Paolo Victor, observa que se trata de un navío similar al suyo pero más pequeño, una galeota, y decide rebasarlo sin esperar apoyo de la segunda galera, a la que ha perdido de vista. No hay motivo de preocupación, puesto que no es de esperar que haya piratas tan al norte del mar Tirreno.

Pocos minutos más tarde se da cuenta de su error. La galeota está repleta de hombres armados que arrojan una lluvia de flechas sobre la galera, maniobran para situarse a su lado y pasan al abordaje. Tras capturar la galera, los asaltantes liberan a sus galeotes turcos y moriscos, encierran a la tripulación en la cala y se disponen a huir, pero su capitán cambia de idea. Acaba de saber que la segunda galera está de camino y traza rápidamente un plan. En un instante da las órdenes oportunas para que sus hombres se vistan con la ropa de los prisioneros y pasen a la galera, dejando la galeota a remolque. El capitán de la segunda galera pica el anzuelo creyendo que Paolo Victor ha hecho una presa. Al aproximarse recibe otra lluvia de flechas y pronto comparte destino con su compañero. Las tres naves, ahora comandadas por el pelirrojo capitán de la galeota llamado Aruch se dirigen triunfantes a Túnez.

Un año después, el mismo capitán Aruch conseguía capturar una galera que llevaba a Nápoles tropas y dinero por encargo de Fernando el Católico. Entre los casi 500 prisioneros había algunos de alto rango que suponían un sustancioso rescate que añadir al botín. Definitivamente el capitán Aruch, alias Barbarroja, estaba en racha. No sólo conseguía jugosas presas sino que se las arrebataba nada menos que al Papa y al rey Fernando. Era el colmo del prestigio para un corsario musulmán que había comenzado en el oficio apenas un par de años antes con una galeota robada.

Eso es lo que dice una de las fuentes que he consultado: que se unió a unos corsarios a los 20 años, que le hizo prisionero un barco de la Orden de Malta pero logró escapar tras dos años de cautiverio, y que en Estambul consiguió asociarse con unos mercaderes que buscaban un patrón que se dedicara a la guerra de corso en una galeota de su propiedad. Apenas embarcado, Aruch decidió olvidar a sus socios y establecerse por su cuenta; idéntico negocio, pero sin necesidad de repartir beneficios. Otras fuentes dicen que sí fue hecho prisionero por corsarios cristianos de la Orden de Malta, pero que él no era corsario por aquel entonces sino mercader y marino. Luego logró escapar y, según esta versión, consiguió que se le confiara una importante flota.

Aspecto imaginario de Aruch Barbarroja según un grabado del siglo XIX

Sea como sea, las acciones de 1504 y 1505 le hicieron famoso. Pronto se achacaron a Barbarroja todo tipo de hazañas, crímenes, heroicidades y vilezas, dependiendo de quién contara la historia. El Mediterráneo era un mar turbulento por aquel entonces, frontera entre cristianos y musulmanes cuyas acciones bélicas habituales incluían la guerra de corso. En este ambiente, un hombre como Aruch podía hacer fortuna a poco que le acompañara la suerte.

Por supuesto, sus enemigos no estaban cruzados de brazos. La ofensiva de Fernando el Católico en el Norte de África sembraba las costas de Berbería de plazas fortificadas españolas, presidios en el lenguaje de la época. Entre 1505 y 1510 los hombres de Fernando el Católico ocupan Mazalquivir, el Peñón de Vélez de la Gomera, Orán, Bugía… En 1510 Pedro Navarro, un hombre que merece su propio artículo, toma el peñón de Argel frente a dicha ciudad y obliga al emir argelino a pagar tributo al rey Fernando. Sin embargo, las tropas españolas fracasaron en tomar una islita muy querida para este blog: Los Gelves.

Aruch Barbarroja fue el gran beneficiado de este fracaso, puesto que el emir de Túnez, que buscaba a alguien capaz de defender aquel enclave con uñas y dientes, le ofreció su gobierno al fiero corsario. Con una base propia en la isla de Los Gelves, Aruch podía operar con casi total independencia y preparó grandes planes. El primero de ellos, la toma de Bugía, en lo que hoy es la costa argelina. Aruch intentó hacerse con dicho enclave, con ayuda tunecina, en 1512.

Pero esta vez la operación terminó en fracaso. Barbarroja no sólo no ganó Bugía sino que perdió un brazo y tuvo que retirarse a Túnez dejando la flota al mando de su hermano Jeireddin en La Goleta (el puerto de Túnez). Como las desgracias nunca vienen solas, se produjo entonces un ataque del marino genovés Andrea Doria. Jeireddin, viendo que era imposible defender los barcos, decidió barrenarlos y huir a Los Gelves, donde se dedicó a construir tres nuevos buques, que unidos a seis que consiguieron escapar del ataque de Doria, le sirvieron para apaciguar las iras de su hermano, furioso por la pérdida de su flota. Aruch, tras recuperarse de sus heridas y reconciliarse con Jeireddin planeó un nuevo intento sobre Bugía, que también fracasó, en 1514. Este nuevo revés le colocó en una situación imposible con su aliado, el emir de Túnez, pero antes de que sus desencuentros llegaran a mayores, el destino decidió que ya le había castigado bastante.

A pesar de sus fracasos contra Bugía, que tantos quebraderos de cabeza le estaban ocasionando, Aruch había tenido hasta entonces un considerable éxito en sus operaciones puramente navales. Se diría que lo suyo era apresar embarcaciones y no tomar ciudades, pero la muerte en 1516 de Fernando el Católico cambiaría la situación en el Mediterráneo y crearía nuevas oportunidades para hombres como Barbarroja. El temible rey cristiano, que había logrado mantener controlada la costa norteafricana con puño de hierro había dejado de existir. La incertidumbre dio alas a los corsarios de Berbería, que multiplicaron sus acciones. En Argel la situación se convirtió en explosiva puesto que su soberano, Selim ben Tumi, era tributario del Rey Católico desde 1510, como vimos, pero gran parte de la población estaba formada por andalusíes emigrados que no veían con simpatía aquel vasallaje y vieron en los hermanos Barbarroja a unos posibles libertadores. Selim no tuvo más remedio que aceptar la presencia de los corsarios, aunque a la vez planeara la forma de librarse de ellos con ayuda española.

Pero Aruch fue más rápido: se las arregló para hacer asesinar a Selim y autoproclamarse emir de Argel. Un golpe de estado así genera resistencia inevitablemente en algún sector de la población, pero Aruch, bien informado, volvió a adelantarse. Un viernes, aprovechando que tenía a todos sus enemigos rezando en la mezquita, hizo cerrar las puertas del edificio y mandó degollar a veinte de los cabecillas de la oposición. Barbarroja era ahora dueño y señor de Argel. Dejando a su hermano Jeireddin al mando de la ciudad, Aruch emprendió una carrera de conquista hacia el oeste, tomando Tenes y Tremecén, también tributarios de la Corona Hispánica.

El antiguo pirata se había convertido en un soberano poderoso, pero sus enemigos también lo eran. Fernando el Católico ya no existía, pero su nieto Carlos, tan pronto como desembarcó en España, tuvo conocimiento de la gravedad de la situación y ordenó una expedición para recuperar Tremecén y devolver el trono a su vasallo. Dicho y hecho: la primavera de 1518 vio a Aruch sitiado en la alcazaba de Tremecén y maquinando un plan para escapar de las tropas de Carlos. Consiguió salir de la alcazaba, e incluso daría otra muestra de su astucia al ir dejando caer en su huida joyas y dinero para que sus perseguidores perdieran tiempo recogiéndolas. Las tropas enemigas, sin embargo, estaban decididas a acabar con su carrera y Aruch fue finalmente alcanzado y muerto por el alférez García de Tineo. Si lee este artículo algún asturiano procedente de Tineo podrá confirmarnos que la cabeza que aparece en el segundo cuartel del escudo del concejo corresponde a Aruch Barbarroja.


El escudo de Tineo, según aparece en Wikipedia

Aruch había muerto. El oscuro corsario que había aterrorizado a tantos marinos cristianos era ya sólo un recuerdo. Los navegantes que surcaban el Mediterráneo occidental podían respirar tranquilos pensando que el nombre de Barbarroja ya no les atormentaría en sus pesadillas… y se equivocaban, porque esta historia es sólo la introducción de la de Jeireddin, el hermano superviviente. Fue Jeireddin quien hizo que  el nombre de Barbarroja entrase en la leyenda. Pero ésa… ésa es otra historia.

El gambito del marino y las luces de la aeronave

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Es increíble el poder de los medios de comunicación. Estaba el ajedrez en su acostumbrado nicho de juego minoritario cuando apareció una serie televisiva y el interés por el juego se disparó. Según una nota de prensa de Netflix, la plataforma productora de la serie Gambito de dama, el número de jugadores registrados en una página online de partidas se ha quintuplicado desde su estreno mientras que, en internet, las búsquedas relacionadas con el ajedrez alcanzan máximos históricos.

La pandemia que estamos sufriendo también pone su granito de arena para impulsar un juego cuyos jugadores pueden estar en sus respectivas casas respetando cualquier cuarentena por rigurosa que sea. Ya en junio encontramos artículos sobre el renovado interés por el juego. Jugar en persona, sin embargo, se complicó bastante: el torneo de candidatos para seleccionar al aspirante que desafiará al campeón mundial comenzó en marzo en Ekaterimburgo, pero tuvo que suspenderse por la epidemia. No me resisto a incluir aquí una foto, que circuló por Twitter, de la inauguración del evento. Eran los días en que el virus todavía parecía estar confinado en China, o casi, y el resto del mundo vivía despreocupado. Obsérvese a la campeona china Hou Yifan en primera fila.Es curioso que una serie con la palabra gambito en su título haya alcanzado tanto éxito, puesto que no es un término de uso común. Se emplea exclusivamente en ajedrez para designar las aperturas en las que se ofrece un peón a cambio de nada, al menos en apariencia. En realidad el jugador que deja que le capturen el peón pretende que su adversario pierda un tiempo que a él le vendrá muy bien. Gambitos hay muchos: el de dama, el de rey, el del centro… pero vamos a detenernos por un momento en uno en especial. En realidad nos interesa su inventor, William Davies Evans.

El gambito Evans aparece documentado por primera vez hacia 1825 en una partida en la que el señor Evans jugaba con las blancas. No vamos a entrar en sutilezas, puesto que no todos los lectores de este artículo saben jugar al ajedrez. Baste decir que la partida seguía un patrón bastante común: ambas partes avanzaron sus peones de rey, desarrollaron caballos y alfiles según la llamada apertura italiana… y Evans introdujo su novedad.La jugada fue la que indica la flecha. La leyenda dice que se hizo por error, que Evans iba a mover el peón de alfil, que es una continuación muy habitual, pero se equivocó y cogió el de caballo. Al estar obligado por las normas a jugar con la pieza que había tocado, decidió poner el peón a tiro del alfil enemigo en un gambito desconocido hasta el momento. Es una historia falsa, casi con seguridad. La realidad es que se trata de una jugada profunda que plantea grandes dificultades al adversario si éste no está bien preparado.

El gambito Evans se hizo muy popular en el siglo XIX porque llevaba a partidas espectaculares, de juego de ataque, muy del gusto de la época. A finales del siglo XIX Steinitz, el primer campeón del mundo oficial, estudió rigurosamente el ajedrez desde un punto de vista analítico y los gambitos empezaron a perder popularidad, aunque para los representantes de la vieja escuela, como el ruso Chigorin, más dados a contemplar el ajedrez como un arte intuitivo que como una ciencia, el gambito Evans seguía figurando entre sus maniobras predilectas. Con la entrada del siglo XX esta apertura, que ya había sido analizada una y mil veces, desapareció casi por completo del ajedrez de alta competición puesto que todos los grandes maestros sabían cómo combatirla. O eso se creía hasta que en 1995 Kasparov lo jugó contra Anand en un torneo. ¡Sorpresa! Al menos para Anand, que perdió la partida. Si el gambito Evans se podía utilizar con éxito contra un jugador de esa categoría, no había razón para mantenerlo en el olvido.

¿Pero quién era William Davies Evans? Sabemos de él que nació en Gales en 1790, que fue marino desde los 15 años de edad, que era un buen jugador de ajedrez, que tenía unos 34 años cuando se le ocurrió la idea de su gambito y que murió en Ostende en 1872. Ah, y que inventó algo fundamental para la seguridad marítima y aérea.Evans navegó en una época, principios del siglo XIX, en la que los barcos movidos por vapor comenzaban a ser una realidad. Era una gran ventaja no depender del viento para desplazarse, pero eso hacía el movimiento de los buques más impredecible y por tanto aumentaba el riesgo de colisión en condiciones de poca visibilidad. Por la noche, por ejemplo, aunque alguien consiguiera ver la silueta de un barco a la luz de la luna, o la embarcación avistada tuviese encendida una luz ¿cómo saber rápidamente hacia dónde se desplazaba? Evans ideó una solución sencilla, que sigue empleándose en la actualidad: instalar una luz verde a estribor, una luz roja a babor y una luz blanca en la popa.

Con este sistema tan simple basta con una ojeada para saber si hay peligro o no. Supongamos que vemos una luz roja por babor: eso quiere decir que estamos viendo el costado izquierdo del barco avistado, que está a la izquierda de nuestro barco (según miramos hacia la proa). Por tanto no hay peligro, puesto que el otro barco navega en sentido contrario y si nuestras trayectorias se cruzan, lo harán por detrás de nosotros o lo habrán hecho ya por delante. Pero si vemos una luz verde a babor o una luz roja a estribor entonces sí hay riesgo. Estaríamos viendo, por ejemplo, el costado derecho de un barco que viene por nuestra izquierda y por tanto nuestras trayectorias podrían cruzarse por delante de nosotros. Hay riesgo de colisión. Ver una luz blanca a proa, por otro lado, implica peligro de colisión por alcance.

¿Y las aeronaves? En el título hablé del marino, del gambito y de la aeronave. Pues bien, cuando se necesitó establecer una serie de normas en aviación, se acudió a la normativa marítima, mucho más desarrollada. Y por eso las luces de posición de las aeronaves siguen la misma regla. La imagen siguiente pertenece al Anexo 6 de OACI, que establece la norma para la aviación civil internacional y que especifica los colores de las luces y los ángulos desde los que deben ser visibles.No hay aficionado al ajedrez que no haya oído hablar de Evans, pero no estoy tan seguro de que los marinos recuerden su nombre. En el ámbito aeronáutico no he encontrado a nadie que sepa quién era Evans. Paradojas de la vida: inventas un sistema para salvar vidas navegando con seguridad y caes en el olvido, pero se te ocurre una forma de poner en aprietos a tu adversario en un juego de mesa y tu nombre sigue vivo durante 200 años ¡por el momento! Habrá que empezar a promocionar el ajedrez en las escuelas náuticas y de aviación para que a Evans se le haga justicia.