• Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves
  • Diez años en Los Gelves

Los Gelves

~ Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos.

Los Gelves

Archivos de autor: ibadomar

El audaz robo de D.B. Cooper

18 martes Jun 2013

Posted by ibadomar in Aviación

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Aviación, B727, D.B. Cooper, Robo

Hoy vamos a hablar de aviones, pero no de tragedias ni de hechos históricos sino de una de las más increíbles anécdotas que se han vivido en el aire. Me enteré de ella hace un par de años leyendo la revista profesional The Controller y, aunque es una historia espectacular, no parece que sea demasiado conocida. Naturalmente, no puedo resistirme a contarla.

El vuelo que unía Portland y Seattle el 24 noviembre de 1971 podría haber sido un vuelo como cualquier otro. El avión lo ocupaban 36 pasajeros y 6 tripulantes, que viajaban en un Boeing 727. Éste era un avión de un tipo no muy común, puesto que no abundan los trimotores en la historia de la aviación. Era un monoplano de ala baja, timón en T… pero mejor será verlo y para eso tomaremos prestada, como de costumbre, una foto de Wikipedia en la que podemos ver uno de estos aviones.OLYMPUS DIGITAL CAMERAEstando el avión en vuelo, el pasajero del asiento 18E, que había embarcado bajo el nombre de Dan Cooper, le pasó una nota a una azafata, que la guardó sin pensar más en ello. Si el tal Cooper hubiese sido un simple ligón que intentaba concertar una cita la cosa habría quedado ahí, pero el hombre se dirigió a ella en tono confidencial diciendo «Es mejor que lea la nota. Tengo una bomba», mientras le mostraba un maletín entreabierto dentro del cual se veían varios cilindros rojos y una maraña de cables que hacían pensar que Cooper hablaba muy en serio.

La cosa era sencilla: el pasajero quería 200.000 dólares, dos paracaídas y que el avión repostara en Seattle. El piloto transmitió sus exigencias y se acordó acceder. Al resto del pasaje se le dijo que tardarían un poco en desembarcar por motivos técnicos y el vuelo siguió con una normalidad fuera de lo común dadas las circunstancias. Cooper parecía un pasajero corriente y no aparentaba estar nervioso ni alterado. Mientras el avión tomaba tierra, el FBI preparaba 10.000 billetes de 20$ previamente microfilmados y se hacía con 2 paracaídas procedentes de una escuela de paracaidismo.

Cooper tenía motivos para estar contento porque todo iba saliendo según su plan. En Seattle le entregaron una mochila con el dinero, además de los dos paracaídas, y pronto el secuestrador se quedó casi solo en el avión: le acompañaban únicamente los pilotos y una azafata. Con el avión repleto de combustible se produjo el despegue hacia México, pero esta vez el avión no iba solo sino que lo escoltaban, fuera del ángulo de visión para no ser vistos, dos aviones de caza. Se iniciaba un vuelo muy poco convencional.

Para empezar con las rarezas, Cooper pidió a los pilotos que volaran bajo, a no más de 10.000 pies, y siempre manteniendo la mínima velocidad posible, para lo que debían dejar el tren de aterrizaje desplegado y los flaps fijos a 15º. En esas condiciones el consumo de combustible iba a ser anormalmente alto y los pilotos explicaron que sería imposible llegar a México. Cooper accedió a hacer una escala en Reno, Nevada, para repostar. Más tarde pidió que toda la tripulación se quedara en la cabina de pilotos hasta que hubieran aterrizado en Reno.

En noviembre anochece temprano y por lo tanto ya era de noche cuando, a eso de las 8 de la tarde los pilotos vieron cómo se encendía la luz de apertura de la rampa posterior. El 727 había sido diseñado para poder operar en aeropuertos pequeños y por eso tenía una rampa en la parte de cola, que podía desplegarse, convirtiéndose en una escalera para acceder a bordo sin necesidad de usar servicios externos en el aeropuerto. Ésa era la rampa que se había abierto y que permaneció así todo el vuelo hasta el aterrizaje en Reno, que se produjo a eso de las 10 y cuarto de la noche. Pero Cooper ya no daba señales de vida y cuando la policía entró en el avión y lo registró descubrieron que el hombre conocido hasta entonces como Dan Cooper ya no estaba a bordo.

727dbGif tomado de Wikipedia

Por supuesto se iniciaron las investigaciones y se interrogó a todas las personas consideradas sospechosas. Entre ellas estaba un tal D.B. Cooper, que tenía antecedentes por algún delito menor. Esto provocó que un periodista se equivocara y publicara que el secuestrador había usado el nombre de D.B. Cooper. Curiosamente el error hizo fortuna y desde entonces se conoce al audaz ladrón con el nombre de D.B. Cooper. Pero ¿qué fue de él?

Para empezar nadie sabe en qué lugar exacto abandonó el 727. Un movimiento brusco del avión a las 20:13 hace pensar que fue a esa hora cuando se produjo el salto, pero es difícil de creer que Cooper se decidiera a abandonar el avión entonces, por muy audaz que fuera, porque estaban atravesando una tormenta. Aunque puede que no fuera osado sino temerario hasta la insensatez puesto que aparentemente saltó en paracaídas de noche, sobre el monte, con mal tiempo, sin casco y utilizando el peor de los dos paracaídas que tenía a su alcance. Puede que tuviera un cómplice esperándole, pero parece imposible que pudieran concertar un punto exacto de aterrizaje en esas condiciones. Una pista sobre el lugar del salto son unos paquetes de billetes que formaban parte del botín y que encontró un niño muchos años después, en febrero de 1980. Para añadir misterio al asunto el niño los encontró en un lugar muy lejos de donde deberían haber caído.

Hay otras pistas en este caso. Se conserva la corbata que llevaba Cooper en el avión y en ella hay muestras de ADN, pero no sirven de nada sin un sospechoso con el que cotejarlas. También se sabe que Cooper parecía conocer bien el 727: sabía que se podía bajar la escalera posterior en vuelo y conocía los tiempos de repostaje. Más aún, sabía que los flaps se podían desplegar a 15º, que es un reglaje que sólo el 727 empleaba. A finales de 2011 se encontraron restos de titanio en la corbata que dejó en el avión y en 1971 el titanio era un material muy raro con pocas aplicaciones. Con estos indicios hay quien piensa que Cooper podría haber sido un ex-empleado de Boeing puesto que en aquella época la empresa pasó por grandes dificultades a raiz del fallido programa de avión supersónico de pasajeros y fueron muchos los que perdieron su empleo.

Parece imposible que Cooper pudiera sobrevivir a aquel salto y probablemente no lo hizo, pero en ese caso ¿dónde está el cadaver? A mí me gusta pensar que quizás supo esconderse en el avión y fue lo bastante hábil para despistar a todo el mundo o que en su maletín llevaba el equipo adecuado para sobrevivir a un salto que, para empezar, debería haberlo matado por congelación. Cierto que cometió un delito, pero lo hizo con osadía y elegancia, sin maltratar a nadie y dejando un enigma irresoluble tras de sí. Le salieron algunos imitadores, pero ninguno tuvo éxito, que yo sepa. Además, se hizo imposible repetir la hazaña cuando los ingenieros de Boeing modificaron el 727 para evitar que la rampa posterior pudiera abrirse en vuelo.

DBCooperLa verdadera personalidad de Cooper sigue siendo un misterio, como lo es su destino final. Pero si en el baúl de los recuerdos de familia encontráis la foto de un hombre parecido al del dibujo adjunto, recordad avisarme antes de mencionar su existencia a las autoridades. Con lo que sabemos de D.B. Cooper tengo para este artículo, pero si pudiera conocer lo que se ignora de él tendría para todo un libro… y no sabéis cuánto me gustaría escribirlo. 😉

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

Arístides

05 miércoles Jun 2013

Posted by ibadomar in Historia

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Antigüedad, Arístides, Atenas, Esparta, Grecia, Historia, Jerjes, Maratón, Milcíades, Ostracismo, Platea, Salamina, Temístocles

Si hay un colectivo desprestigiado en la actualidad no cabe duda de que es el de los políticos. Al hilo de los escándalos de corrupción y del empeño de la clase política en mantener privilegios tan difíciles de explicar como la subvención de bebidas alcohólicas en el que se supone que es su lugar de trabajo, se ha divulgado la idea de que todos ellos pertenecen a la misma casta corrupta y despreciable. La defensa que suelen adoptar, especialmente cuando se les enfrenta a la evidencia de algún caso de corrupción, es que hay una minoría que desprestigia al resto del colectivo. Ciertamente es de suponer que no todos los políticos serán tan impresentables y que alguno honrado tiene que haber. Yo por lo menos sé de uno, aunque tengo que precisar que vivió hace unos 2.600 años. Se llamaba Arístides y era tal su honestidad y sentido de la justicia que era conocido entre sus compatriotas atenienses como Arístides el Justo. Su vida está llena de anécdotas jugosas y por eso no está de más que le conozcamos un poco mejor.

De Arístides nos cuenta Plutarco varios detalles que inciden en su carácter ecuánime y su disposición a adoptar siempre la conducta más beneficiosa para el bien común. Por ejemplo, cuando los atenienses se enfrentaron a los persas en Maratón, Arístides era uno de los diez strategos que se alternaban el mando cada día. Sin embargo, al llegarle el turno se lo cedió a Milcíades, a quien consideraba como el más capacitado de los atenienses para dirigir la batalla. Herodoto cuenta que los otros generales decidieron seguir su ejemplo, y así Milcíades pasó a la Historia como el vencedor de Maratón mientras Arístides renunciaba a la gloria y el honor de un probable triunfo a cambio de una mayor probabilidad de victoria para su ciudad.

Diez años después de Maratón tuvo lugar la segunda intentona de los persas en Grecia, que se vio frustrada en la batalla naval de Salamina, de la que ya hablé en otro artículo. Pero aunque Salamina fue el momento más espectacular hubo más combates en aquella guerra y en uno de ellos, en Platea, surgió una disputa sobre la posición que ocuparía cada contingente griego. Los espartanos debían ocupar el ala derecha, que era la posición que se consideraba más honorable, pero no había acuerdo sobre quiénes se situarían en la otra ala, que era el siguiente lugar por orden de importancia. Atenienses y tegeatas querían tal honor, pero Arístides zanjó la discusión, demostrando nuevamente su interés por el bien común, al declarar que habían ido allí para combatir al persa y no para pelear entre ellos y que por su parte sólo esperaba que le asignaran un puesto porque los atenienses combatirían con idéntico ardor independientemente de su posición. El discurso fue tan aprobado por los generales que se le dio al contingente de Atenas el ala izquierda.

Quizás la mayor muestra de la confianza que inspiraba Arístides y de su buena fama se dio cuando la amenaza persa se empezó a desvanecer. Para conjurar el peligro de otra futura guerra con el persa, buena parte de los estados griegos se unieron en una alianza militar que se conoce como Liga de Delos, una especie de OTAN de la época. La principal novedad con respecto a otras alianzas del momento es que los integrantes no sólo juraban apoyarse sino que debían participar aportando contingentes, principalmente manteniendo una flota. Esto suponía que alguien debía fijar la contribución que correspondía a cada uno de la forma más equitativa posible. ¿Y quién más adecuado que Arístides el Justo? A él fue pues, a quien le correspondió el trabajo.

La honestidad de Arístides se llegó a convertir en proverbial. En cierta ocasión se representaba en el teatro la tragedia de Esquilo Los siete contra Tebas. Durante la representación nos cuenta Plutarco que al ser descrito el personaje de Anfiarao en estos términos: él no quiere aparentar ser virtuoso sino serlo realmente (…) de su ánimo brotan nobles designios (…), todos los espectadores se volvieron a mirar a Arístides, puesto que parecía que el actor se refería a él.

Estos sucesos hacen pensar que el reconocimiento a Arístides era unánime, pero nada más lejos de la realidad. Tuvo como principal rival político a Temístocles, el triunfador de Salamina. Durante los años previos a la segunda invasión persa, que culminaría en la célebre batalla naval, ambos defendían posiciones opuestas, trasladando al terreno público desavenencias que al parecer tenían su origen en viejas disputas privadas. Pero no era Temístocles el único que le tenía inquina a Arístides, como lo demuestra el ostracismo al que éste se vio sometido.

El ostracismo era una disposición muy curiosa. El sistema político ateniense era una democracia en el sentido más puro de la palabra puesto que las decisiones se resolvían en asambleas a las que podía asistir cualquier ciudadano y en las que cualquiera podía tomar la palabra. Todos los años, en una de las sesiones, se decidía si se votaría un ostracismo aquel año o no. En ese momento no se discutía contra quién iba dirigida la medida, sino únicamente si se iniciaba el procedimiento. En caso afirmativo la votación definitiva tenía lugar un par de meses más tarde. En el día fijado los ciudadanos debían dirigirse al ágora con el nombre de aquél a quien deseaban someter a ostracismo escrito en un pedazo de cerámica, denominado ostrakon, que era a efectos prácticos lo más parecido que había en aquellos tiempos a un trozo cualquiera de papel, y que funcionaba como papeleta electoral. En el ágora se recogían los votos y, concluida la votación, se contaba el número total de ostraka depositados. Si el número era inferior a 6.000 no se había alcanzado el quorum y nada ocurría, pero si había más de 6.000 ostraka se procedía al recuento para ver qué nombre era el que había recibido más votos. El que más tenía era desterrado por diez años.

Ostrakon_Thémistocle_3Ostrakon con el nombre de Temístocles (Imagen tomada de Wikipedia)

Lo curioso es que al ostraquizado no se le acusaba de ningún delito. Simplemente, los ciudadanos habían decidido que podía ser una persona peligrosa para el sistema democrático por el motivo que fuera: su popularidad, rumores de su gran ambición… cualquier cosa que sirviera para alentar la sospecha de que el candidato al destierro podía en algún momento alzarse como tirano. Naturalmente los enemigos políticos de cualquier hombre destacado podían intentar someterlo a un ostracismo para anularlo, aunque el tiro podía salir por la culata y alcanzar un blanco diferente. En el caso de Arístides sabemos que funcionó, porque fue ostraquizado hacia el 483 a.C.

Cuentan que el día en que se votaba el ostracismo un hombre con aspecto de palurdo se dirigió a Arístides, al que no conocía en persona, con un trozo de cerámica en la mano y le interpeló así:

– Disculpa, pero no sé escribir. ¿Podrías escribir por mí un nombre en este ostrakon?

– Por supuesto -respondió Arístides- ¿qué nombre es?.

– Arístides.

– ¡Arístides! Ah, ¿y por qué razón crees que debe ser desterrado Arístides?

– Si te digo la verdad -respondió el hombre- no le conozco de nada. No le he visto nunca y ni siquiera sé qué aspecto tiene. ¡Pero estoy harto de oír cómo le llaman Arístides el Justo!

Arístides escribió su propio nombre en el ostrakon y se lo entregó al hombre. Poco después terminaba el recuento y debía partir al destierro, aunque no llegó a cumplir los diez años de alejamiento previstos, puesto que al iniciarse la invasión de Grecia por Jerjes en el 480 a.C. se decretó una amnistía para los exiliados.

Estas historias nos muestran que sí existe un ejemplo de hombre honrado que ostentó cargos públicos sin corromperse ni enriquecerse ilícitamente, y eso que no debieron de faltarle ocasiones cuando fijaba la contribución de los distintos estados a la Liga de Delos. Tan poco provecho material sacó Arístides de su posición que, según cuenta Plutarco, a su muerte estaba arruinado y la ciudad hubo de hacerse cargo de sus descendientes, proveyendo de dote a sus hijas a costa de los fondos públicos y otorgando una parcela y una pensión a su hijo. De esta forma Atenas mostraba su agradecimiento hacia el que consideraba como especialmente insigne entre sus ciudadanos.

Claro que, pensándolo detenidamente, hay una segunda lectura de todo lo anterior: el hombre que se comporta con honestidad muere en la ruina. Los autores antiguos, con su gusto por la virtud ciudadana y la honra de la memoria de sus más insignes conciudadanos sin lugar a dudas veían en esta historia la de quien ha alcanzado los más altos honores en su ciudad. Pero ahora vivimos otros tiempos, considerablemente más materialistas, en los que el reconocimiento de los conciudadanos no parece bastante recompensa. A lo mejor por eso es tan difícil encontrar otro Arístides.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

Aquella crisis de deuda

27 lunes May 2013

Posted by ibadomar in Historia

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Argentina, Brasil, Deuda externa, Historia, Latinoamérica, México, Perú, Política, Siglo XX

Hasta hace muy pocos años era raro que alguien supiera qué era la prima de riesgo o que apareciera como noticia la emisión de deuda por el Tesoro Público con todo lujo de detalles sobre la cantidad emitida, intereses, plazos, etc, información que estaba relegada a las páginas interiores de la sección de economía de los periódicos. Toda Europa está ahora preocupada por el problema de la deuda: los deudores porque no saben cómo pagar y los acreedores porque dudan de si cobrarán. Las opiniones sobre las políticas de ajustes y austeridad, tan en boga actualmente, son variadas, pero se resumen en que algunos creen que hay que recortar todo gasto aunque eso suponga la asfixia de la sociedad, que de paso verá así castigado su despilfarro anterior, mientras otros opinan que las políticas restrictivas provocarán una fractura social que hay que evitar, aunque ello implique pérdidas inasumibles para los acreedores, que de paso verán así castigada su avaricia.

Si esta crisis de deuda no afectara a Europa sino a Latinoamérica probablemente los europeos contemplaríamos el panorama sorprendidos de que la Historia se repita tan pronto. Sin embargo no he visto muchas comparaciones entre la actual situación de Europa y la que se dio en Latinoamérica hace apenas 30 años, y es una lástima porque podríamos aprender algo de aquellos hechos. Para empezar, que la situación puede ser duradera, pongamos un mínimo de entre 8 y 10 años desde que la crisis se hizo evidente hasta que por primera vez se da (quizás prematuramente) por terminada. Trataremos el tema en este artículo, que me temo que no será excesivamente completo, porque es muy sencillo acotar el inicio y el fin de un proceso acaecido hace 200 años, pero no lo es tanto cuando se trata de acontecimientos cercanos en el tiempo y cuyas consecuencias finales pueden estar aún desarrollándose.

La raíz de la crisis latinoamericana de los 80 se sitúa en las políticas económicas de los años 60 y 70. Es una época de desarrollo industrial en la región, basado en la política que se denomina de «sustitución de importaciones». Básicamente se trata de desarrollar una industria propia mediante subsidios y medidas proteccionistas. Cierto que así se consigue crear industria, pero otra cosa es que sea competitiva. Por otro lado, la dependencia tecnológica del exterior y la necesidad de inversiones hacían necesario el endeudamiento. Los precios de las materias primas, que la región exportaba en abundancia, aumentaron enormemente en los años 70, mientras que los tipos de interés se consideraban bajos, lo que puede resultar sorprendente si pensamos que hablamos de entre un 8 y un 10 por ciento, muy por encima de los tipos actuales. En consecuencia los gobiernos se endeudaron sin cortapisas, incluso para pagar los préstamos ya existentes, tranquilizados por la creencia de que un Estado no puede quebrar. Eran años felices: América Latina tuvo una tasa media de crecimiento del 7,2% del PNB entre 1960 y 1979. Ya tenemos todo lo necesario para el drama: una burbuja de crédito que por el momento se mantiene, una espiral de deuda y una prosperidad con base frágil. Sólo faltaba que cambiaran las condiciones.

La subida de tipos de interés comenzó en Estados Unidos en 1978, al tiempo que las políticas económicas de los países desarrollados se iban endureciendo como consecuencia de la segunda crisis del petróleo. Los tipos de interés llegaron al 16,7% en 1981, mientras que la crisis internacional provocaba un descenso del comercio y una bajada de los precios de las materias primas. En otras palabras, la catástrofe. Los préstamos no se habían destinado siempre a inversiones productivas y los países latinoamericanos se encontraron con la imposibilidad de encontrar préstamos baratos a largo plazo, por lo que tuvieron que endeudarse a corto plazo con unos tipos de interés elevadísimos. La deuda terminó de dispararse, aunque la expresión «crisis de la deuda» no apareció hasta 1982.

Aquel año, en agosto, llegó lo inevitable. México, que ya había devaluado su moneda un 60%, anunció una moratoria de 90 días en sus pagos. La alarma cundió y más aún cuando se hizo evidente que muchos otros países, incluyendo a los más grandes de la región, como por ejemplo Argentina o Brasil, se enfrentaban a enormes problemas para seguir pagando. Los acreedores se alarmaron, con lo que cayó definitivamente el crédito, la caída de importaciones hundió la producción, la inflación se disparó y el escenario se convirtió en una pesadilla. Pronto entraron en escena el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y las consabidas políticas de ajuste: reducción del gasto, devaluación de la moneda, etc.

A mediados de los 80 y pese a las negociaciones para el pago de la deuda la situación aún no había mejorado substancialmente. En una reunión del FMI que tuvo lugar en Seúl en octubre de 1985 el Secretario del Tesoro norteamericano, James Baker, presentó un plan para lograr estimular el crecimiento con la esperanza de resolver el problema definitivamente, ya que las medidas puramente restrictivas no terminaban de funcionar. Se trataba de aportar 30.000 millones de dólares por un lado y de modificar la economía de los países deudores por otro mediante privatizaciones, cese de las subvenciones, liberalización del comercio, etc. El intento, sin embargo, fracasó y en 1989 la situación de Latinoamérica era insostenible: la renta per cápita había retrocedido una media del 8,3% y en países como Perú la pérdida era de un 20%. Disturbios como los de Caracas en febrero de 1989 se cobraban la vida de decenas de personas y demostraban que el problema ya no era sólo económico sino que la propia estabilidad de la región estaba en peligro.

Un nuevo intento fue el plan Brady, lanzado en 1989 por el sucesor de James Baker. Esta vez se intentaba atajar el problema de la deuda por medio de su reducción. Para ello se decidió renegociar la deuda canjeándola por los llamados bonos Brady. La novedad era que esta vez había una quita, es decir que los acreedores ya no aspiraban a recuperar la totalidad de la cantidad adeudada. Se aplicó de distinta manera en cada país, pero podemos considerar como representativa una quita del 35%. Los problemas no se arreglaron de un día para otro, pero ciertamente en los años 90 se dejaba de hablar de la «crisis de la deuda».

Los resultados de aquella crisis fueron catastróficos, tanto que se acuñó el término «década perdida» para referirse a aquellos años. Los ciudadanos vieron reducidos sus ingresos al tiempo que sus ahorros se evaporaban por efecto de la inflación. El índice de pobreza se disparó y las consecuencias en forma de tensiones sociales y aumento de la criminalidad se sumaron a los efectos puramente económicos.

Y ahora en Europa tenemos una crisis de deuda, que ya dura unos cinco años, si consideramos que el proceso se inicia en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. En el año 2010 Grecia hizo una petición de ayuda que se considera como el primer rescate, así que si hacemos un paralelismo tenemos:

  • 1982 – 2008: Inicio
  • 1985 (plan Baker) – 2010 (primer rescate a Grecia): Plan de ayuda económica, basado en recetas ultraliberales.
  • 1989 (plan Brady) – ???: Se acepta la necesidad de una quita.

Si aceptamos la semejanza entre ambas crisis, aún estamos en la segunda fase y de aquí a dos años deberíamos ver la aceptación de una quita en la deuda y hacia el 2017 más o menos la crisis podría haber abandonado las primeras páginas de los periódicos. Por el camino aún queda mucho desempleo, pérdida de poder adquisitivo, inseguridad y, en resumen, deterioro de nuestra sociedad tal y como la conocemos.

Todo lo anterior se debe tomar con precaución, puesto que no soy experto en economía y me limito a hacer una comparación. Claro que teniendo en cuenta el éxito que han tenido las recetas de los expertos hasta la fecha, a lo mejor acierto. La predicción queda hecha y registrada en este blog. Y tengan en cuenta que, si doy en el clavo, las futuras predicciones no serán tan baratas como ésta: no me conformo con menos de un puesto en la Comisión Europea. Puestos a pedir…

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...
← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Por iBadomar

Avatar de Desconocido

Únete a otros 112 suscriptores

Estadísticas del blog

  • 127.054 visitas

Páginas

  • Diez años en Los Gelves
  • Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves

Archivo de entradas

Etiquetas

Accidente aéreo Alejandro Magno Alemania Antigüedad Arqueología Arquitectura Arte Atenas Aviación Batalla Carlos II Cartago Cervantes Churchill Cine Comet Comunismo Constantinopla Constitucion Control aéreo Corrupción Corsarios Cruzadas Cultura de seguridad Cultura justa Diocleciano Edad Media Edad Moderna Egipto Esparta España Espionaje Factores humanos Felipe V Fiscalidad Francia Franquismo Grecia Guerra del Peloponeso Guerra de Sucesión Guerra Fría Herodoto Hindenburg Historia Hitler ILS Imperio Bizantino Incidente aéreo Inocencio III Isabel I Isabel II Jerjes Jolly Roger Julio César Literatura Ludendorff Luis XIV Luis XVIII McRobertson Messerschmitt Modelo de Reason Modelo SHELL Momentos cruciales Mussolini Napoleón Navegación aérea Periodismo Persia Pintura Piratas Política Prehistoria Primera Guerra Mundial Pétain Radar Reactor Realismo Renacimiento Restauración Revolución Roma Salamina Segunda Guerra Mundial Seguridad aérea Sicilia Siglo XIX Siglo XVII Siglo XVIII Siglo XX Sila Stalin TCAS Temístocles Tetrarquía Tito Livio Transición Técnica Uberlingen Ucrania URSS

Meta

  • Crear cuenta
  • Iniciar sesión
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.com

Blog de WordPress.com.

Privacidad y cookies: este sitio utiliza cookies. Al continuar utilizando esta web, aceptas su uso.
Para obtener más información, incluido cómo controlar las cookies, consulta aquí: Política de cookies
  • Suscribirse Suscrito
    Los Gelves
    Únete a otros 112 suscriptores

    Have a WordPress.com account? Log in now.

  • Los Gelves
    Ver el sitio en el Lector
    Gestionar las suscripcionesRegístrateIniciar sesión
    Denunciar este contenido
    Contraer esta barra
Cargando comentarios...
%d