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Duchamp en ARCO

04 miércoles Mar 2015

Posted by ibadomar in Arte

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Arte, Marcel Duchamp, Siglo XX

Otro año más se ha celebrado la conocida feria ARCO, dedicada al Arte Contemporáneo, y como de costumbre con una cierta polémica. Este año los comentarios se han centrado en un vaso de agua medio lleno (o medio vacío, según se mire) que podía adquirirse por 20.000 euros.

Se puede interpretar como se quiera. Quizás sea una genialidad o quizás una tomadura de pelo, pero no cabe duda de que al menos la obra ha conseguido que se hable de ella. Personalmente le encuentro un defecto y es que es de todo menos original, como ya apuntaba el siguiente tuit, que me dio la idea de escribir este artículo:

TuitEfectivamente, hace casi 100 años que alguien tuvo una idea semejante y naturalmente trajo polémica, pero eso era precisamente lo que buscaba su autor, que fue posiblemente el más socarrón de todos los artistas de las primeras vanguardias y que no era la primera vez que tomaba un objeto cualquiera para considerarlo una obra de arte. Sólo que hasta entonces se había limitado a colocar esos ready-made, como él los denominó, en su propio estudio. Pero en 1917 la cosa fue diferente.

Por aquel entonces se había establecido en Nueva York un pequeño grupo de creadores inconformistas europeos que formaron la Sociedad de Artistas Independientes destinada a organizar exposiciones en las que había dos importantes (y únicas) reglas: no se darían premios y no se excluiría absolutamente a nadie. La primera exposición de la Sociedad se inauguró el 10 de abril de 1917, pero antes de su apertura los organizadores se encontraron con un problema: un urinario titulado «Fuente» que llegó firmado por un tal R. Mutt.

Las discusiones empezaron de inmediato, porque algunos miembros del comité organizador consideraron que les estaban tomando el pelo y no quisieron admitir la obra en la exposición, pero otros miembros, capitaneados por Marcel Duchamp, no podían consentir que se violaran de tal manera los estatutos de la Sociedad, que no permitían excluir ninguna obra. Los partidarios de no exhibirla se salieron con la suya, pero a costa de la dimisión de Marcel Duchamp que no quiso seguir en la Junta de aquella Sociedad y que posiblemente se lo estaba pasando en grande con aquella bronca… porque era él quien había enviado el urinario usando el nombre R. Mutt como pseudónimo.

La polémica obra de arte terminó por ser exhibida, pero no en la exposición de la Sociedad de Artistas Independientes, sino en una galería de arte llamada Galería 291. Allí Alfred Stieglizt le hizo una fotografía, que es todo lo que se conserva de la obra original. Al parecer el urinario sufrió el mismo destino que todos los primeros ready-made de Duchamp: terminar en la basura cuando alguien hacía limpieza.

640px-Duchamp_FountaineFoto de Alfred Stieglitz tomada de Wikipedia

Con el tiempo se hicieron reproducciones de la Fuente y se consideró que era una de las obras cumbre del arte del siglo XX, por lo que hoy figura en todos los manuales de Historia del Arte. Y aquí viene la parte más reveladora del asunto porque unos 50 años después de la polémica, en la correspondencia de Marcel Duchamp se podía leer la frase «les tiras un urinario a la cabeza como una provocación y ahora se ponen a admirar su belleza estética».

No cabe duda de que Duchamp se había divertido con aquel particular desafío, aunque parece que le sorprendía que le hubieran tomado tan en serio. Y ahora, casi 100 años después, aún hay quien presenta un ready-made en una exposición de arte contemporáneo y, lo más increíble, consigue generar reacciones parecidas. Y sin embargo la única diferencia significativa entre los dos casos es que Duchamp no puso precio a su obra.

Visto así, la originalidad y la provocación de la obra exhibida en ARCO no aparece por ninguna parte. Así que para zanjar el asunto y desde el punto de vista del arte contemporáneo, me temo que la mejor crítica que se puede hacer del ya célebre vaso de agua medio lleno de Wilfredo Prieto se resume en una sola palabra: desfasado.

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La táctica del salami

09 lunes Feb 2015

Posted by ibadomar in Historia

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Comunismo, Guerra Fría, Hungría, Siglo XX, Stalin, URSS

Se han cumplido ya 25 años de la caída del Muro de Berlín y del fin de la Guerra Fría. En su momento estos hechos dieron pie a sesudos comentarios en los que se hablaba del «mundo monopolar» en el que sólo quedaba en pie una de las dos grandes potencias que habían dirigido los destinos del mundo. Un cuarto de siglo después, los EE.UU. siguen siendo la gran potencia, pero el mundo no tiene nada de monopolar: China es un gigante político y económico que reclama el papel de segundo centro mundial, mientras Rusia amaga con heredar el papel de la URSS como rival de EE.UU.

Algunos análisis hablan incluso de la existencia de una nueva guerra fría, por lo que puede ser interesante ver algún ejemplo de cómo una superpotencia imponía su sistema a otro país en la Europa de postguerra, cuando se iniciaba la Guerra Fría con mayúsculas. Puede que el caso más ilustrativo sea el de Hungría, donde el dirigente comunista Mátyás Rákosi utilizó con éxito lo que él bautizó como «táctica del salami».

En la Hungría de postguerra, destruída por la guerra y con elevados niveles de desempleo, cundía el descontento y era fácil organizar manifestaciones masivas, tarea que a Rákosi se le daba francamente bien. El gobierno provisional, en el que los comunistas tenían la cartera de Interior y por tanto el control de la policía, debía ser sustituido tras las elecciones de noviembre de 1945, para las que Rákosi pronosticaba, basándose en su capacidad de convocatoria, una victoria con un 70% de los votos o más. Será que entonces no se hacían sondeos preelectorales, pero el caso es que el partido comunista sólo obtuvo un 16,9% de sufragios, mientras que el llamado Partido de los Pequeños Propietarios arrasaba con un 57%. Sin embargo Rákosi no se amilanó por ese pequeño detalle.

Rákosi comunicó a los vencedores de las elecciones que no se conformaría con un 17% de participación en el gobierno ya que ese 17% representaba a la clase obrera, la fuerza más activa del país, y por otro lado la presencia de su partido en el gobierno era la garantía de que Hungría cumpliría con sus obligaciones con su libertador durante la guerra: la URSS. En otras circunstancias, semejante razonamiento podría haber dado lugar a una explosión de carcajadas, pero la policía, dominada por los afines a Rákosi, ya había empezado a arrestar a supuestos dirigentes de conspiraciones fascistas y por su parte los asesores soviéticos, presentes en el país desde el fin de la guerra, no parecían satisfechos con el rumbo de las cosas, así que los vencedores de las elecciones cedieron.

A partir de entonces el Partido de los Pequeños Propietarios sufrió un ataque tras otro, aunque siempre a pequeña escala: un dirigente o una facción eran acusados de reaccionarios en la prensa afín a los comunistas, se organizaban manifestaciones y se detenía a algunos simpatizantes (incluyendo a miembros de la antigua resistencia antifascista) hasta que los «reaccionarios» eran expulsados para calmar las cosas. En otoño de 1946 le tocó el turno al secretario general del partido, Béla Kovács, al que se acusó de planear un golpe de Estado y que fue detenido directamente por el Ejército Rojo y enviado a una prisión soviética.

Finalmente el propio Primer Ministro, Ferenc Nagy, de viaje en Suiza (no están claros los motivos, puede que estuviera preparando ya su exilio), se enteró de que lo acusaban de una conspiración y terminó por dimitir a cambio de recuperar a su hijo de corta edad, que seguía en Hungría, haciendo así legal lo que era un claro golpe de Estado. Con el Partido de los Pequeños Propietarios en descomposición, las elecciones del 31 de agosto de 1947 pintaban mejor para los comunistas. Aun así quisieron asegurar la victoria con reventadores de mítines de otros partidos, que actuaban con el beneplácito de la policía, eliminación de las listas electorales de personas no afines y grupos de simpatizantes que votaban en varios lugares. La impunidad era total: Sára Karig, que durante la guerra había conseguido documentación falsa a judíos y comunistas para escapar de los nazis, era jefa de una oficina electoral y denunció casos de doble votación. Al día siguiente fue detenida y enviada a Vorkutá, el temido campo del Gulag soviético.

El Partido Comunista de Hungría era ahora la fuerza más votada, con un 22% de los sufragios, lo que tampoco era para tirar cohetes, pero el ejemplo del gobierno anterior había cundido y los miembros de los otros partidos se vieron obligados a ser meros títeres o exiliarse. La consecuencia lógica fue la «unión» de todos los partidos políticos, coaligados para las elecciones de 1949 en una lista única que obtuvo, oh sorpresa, más del 95% de los votos. Se promulgó una nueva Constitución, a imagen de la de la URSS, que culminó la transición al comunismo.

Rákosi describió su actuación con el Partido de los Pequeños Propietarios diciendo que había ido fileteándolo como quien corta un salami en rodajas. La frase hizo fortuna y desde entonces se habla ocasionalmente de la táctica del salami. Pero no sólo sirvió contra los otros partidos. El ministro del interior Rajk, que tanto había colaborado en el ascenso al poder, el mismo que dijo a un dirigente de otro partido que se quejaba de las amenazas de los reventadores en un mitin que él, como comunista, lo que quería era verle muerto, resultó ser otra rodaja del salami. A los 15 días de las elecciones de 1949, Rákosi lo hizo detener (para entonces ya no era ministro de Interior, sino de Exteriores) bajo acusaciones de ser un agente de Tito, el dirigente comunista yugoslavo al que Stalin no conseguía dominar. Rajk fue sometido a uno de esos juicios-espectáculo al que tan aficionados eran los estalinistas y ejecutado.

De manera que si es cierto que estamos viviendo los inicios de una nueva guerra fría lo sabremos en cuanto empecemos a ver caer rodajas del salami. Algunas circunstancias son diferentes (Europa estará en crisis, pero no arrasada y afortunadamente no hay nadie tan expeditivo como Stalin al mando de una gran potencia, al menos de momento) pero el juego, en el fondo, sigue siendo el mismo y los métodos no han cambiado tanto. El sistema que conocemos da muestras de agotamiento y, como hemos visto en Grecia, surgen nuevos partidos mientras los tradicionales empiezan a verse… ¿alguien ha dicho fileteados?. Después de todo puede que el salami sí se esté cortando en rodajas. Falta por saber quén se comerá el bocadillo.

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Volando a ciegas (II): VOR y DME

26 lunes Ene 2015

Posted by ibadomar in Aviación, Técnica

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Aviación, DME, Navegación aérea, NDB, TACAN, Técnica, VOR, VORTAC

En el anterior artículo sobre sistemas de navegación, expliqué cómo funciona un NDB. Es un tipo de radioayuda muy antiguo, que el artículo comparaba con poner una luz en un lugar oscuro. Si tuviéramos un mapa en el que apareciese marcado el lugar de ese punto luminoso podríamos ir de una luz a otra, pero el sistema por sí mismo no ofrece ninguna pista de dónde estamos y necesitaríamos ayudarnos de una brújula para tener una idea de nuestra posición con respecto al punto de referencia. ¿Se podría mejorar esto?

Sí se puede, claro, y se hizo a finales de los años 40 mediante una radioayuda que además es más precisa y menos susceptible a interferencias. Emite en frecuencias más altas que las del NDB, en concreto entre 108 y 111,975 MHz, que corresponden a la banda de VHF, y por eso se conoce como radiofaro omnidireccional de VHF o VOR, acrónimo de VHF Omnidirectional Radio Range. En cuanto a su funcionamiento lo intentaré explicar de forma que sea sencillo de comprender. Técnicamente se trata de medir la diferencia de fase entre dos señales de 30 Hz, una que sirve de referencia y otra obtenida por modulación espacial… pero así no se entiende nada. Vamos con una comparación.

Si el NDB es como una luz fija, el VOR es como un faro cuyo haz vemos girar. La luz se va acercando y durante un instante apunta directamente hacia nosotros, luego se aleja y pasado un rato vuelve a acercarse, nos ilumina de nuevo, se aleja y así sucesivamente. Supongamos que tarda exactamente un minuto en dar una vuelta completa y que el faro está construido de tal manera que cuando el foco apunta hacia el norte se lanza un destello naranja en todas direcciones, que será nuestra señal de referencia. Ahora la cosa es tan fácil como tener un cronómetro a mano. Si vemos el destello naranja en el mismo momento en el que nos ilumina el faro querrá decir que estamos al norte de su posición, mientras que si hay 30 segundos entre el destello y el haz giratorio estaremos al sur, 45 segundos querrá decir que estamos al oeste, etc.

El VOR hace básicamente esto mismo sólo que con señales de radio en lugar de con luz visible. Y además lo hace muy deprisa: nuestro faro imaginario da una vuelta cada minuto, pero un VOR gira nada menos que 30 veces por segundo (1.800 revoluciones por minuto). Si tuviéramos un mapa con la posición del VOR marcada, podríamos saber con precisión en qué dirección estamos con respecto a él. Sólo que saber que nos encontramos al nor-noroeste del VOR es una ayuda, pero no nos da nuestra posición exacta. Volvemos a necesitar más de una radioayuda para conocerla y aunque el VOR tenga algunas ventajas sobre el NDB su uso en la práctica es similar: el avión se dedica a volar de una estación a la siguiente. Pero si usamos el VOR en combinación con el sistema llamado DME la cosa cambia.

DME significa Distance Measurement Equipment, es decir, sistema medidor de distancia. Quien haya leído el artículo que publiqué sobre sistemas de vigilancia y recuerde el funcionamiento de un radar secundario, lo sabe casi todo sobre el DME, porque éste no es más que un radar secundario que funciona al revés: el avión emite una señal (interrogación) y la estación de tierra responde con otra (respuesta). Midiendo el tiempo entre la emisión de la interrogación y la recepción de la respuesta sabemos a qué distancia está el avión del equipo de tierra. Igual que el radar, sólo que en éste la interrogación se emite desde tierra y la respuesta la envía el avión.

Los DME suelen colocarse asociados a un VOR y así ya podemos saber con precisión dónde estamos con respecto a un único punto: el VOR nos da la dirección y el DME la distancia. Los DME funcionan en la banda de UHF, en concreto entre los 960 y los 1215 MHz, pero en los mapas no suele venir este detalle porque cuando el DME está asociado a un VOR existe una tabla que relaciona las frecuencias de ambos. Por ejemplo, a un VOR que emita en 117,1 MHz le corresponde un DME funcionando en 1.142 MHz.

VOREn la imagen vemos como ejemplo un trozo de un mapa de radionavegación en el que aparecen, además del NDB de Valladolid, el VOR/DME del aeropuerto de Villanubla, y el VOR/DME de Zamora, por el que pasan un montón de aerovías. Quienes vivan en Zamora estarán acostumbrados a ver multitud de estelas de aviones en todas direcciones y este mapa explica por qué: es el equivalente a un cruce de varias carreteras, pero en el cielo. Tantos rutas coincidiendo en el mismo punto me han hecho pasar algún que otro momento de apuro cuando he tenido que ejercer como controlador en el sector correspondiente a esta zona del mapa en un día de mucho tráfico.D-VOR_PEK

Imagen de un VOR/DME tomada de Wikipedia

Es apropiado mencionar aquí el TACAN. Es un sistema muy similar al VOR/DME, pero diseñado para uso militar. No obstante, se puede emplear por usuarios civiles, y de hecho en países como Estados Unidos las aerovías suelen estar definidas por un VOR y un TACAN combinados formando lo que se llama un VORTAC. En España sin embargo el TACAN sólo se utiliza en aeródromos militares.

Con todas estas radioayudas ya tenemos una primera idea de cómo se orienta un avión sin ayuda de la vista mientras está en vuelo de crucero, pero ¿y si estamos en mitad del Océano Atlántico? Allí no hay donde instalar una radioayuda; pero para eso hay otros sistemas, de los que ya hablaremos en el próximo artículo de esta serie.

 

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