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Una ametralladora para Roland Garros

12 sábado Nov 2016

Posted by ibadomar in Aviación, Historia

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Etiquetas

Aviación, Fokker, Historia, Marne, Morane-Saulnier, Nesterov, Nieuport, Primera Guerra Mundial, Quénault, Roland Garros, Siglo XX

Ya es 12 de noviembre, que es tanto como decir que este blog está de aniversario. Cinco años llevo publicando artículos, aunque sea un tanto irregularmente, lo que dice bastante de mi constancia y de la paciencia de quienes me leen. Celebremos ambas de la única manera lógica posible: con un nuevo artículo.

Si algo tiene este blog de peculiar es que no tiene una temática definida. Hay predominio de los artículos de Historia, seguidos de los de aviación, pero sin que el blog tenga por qué limitarse a ellos. Además, una tradición autoimpuesta me obliga a publicar un artículo sobre la Primera Guerra Mundial en cada aniversario. Con esas premisas sería lógico que el blog estuviese plagado de artículos sobre aviación en la Primera Guerra Mundial. Pues no. Mira que podrían dar juego, pero no hay ni uno solo. Hasta hoy.

Aquella contienda cambió el mundo de muchas maneras, en buena medida porque se desarrollaba entre naciones plenamente industrializadas en un momento en que la tecnología abría unas posibilidades mecánicas impensables hasta poco antes. Las ametralladoras automatizaban la tarea de disparar un tiro tras otro, la artillería contaba con cañones de potencia nunca vista, la industria química aportaba los gases venenosos y, gracias a los aviones y submarinos, la guerra dejaba de estar limitada a la superficie terrestre y marítima para subir a los cielos y bajar a las profundidades.

En realidad la guerra aérea no era una novedad completa. La observación militar por medio de globos se empleó por primera vez en 1794 y el uso de la aeronave más pesada que el aire con fines militares empezó apenas 8 años después del vuelo de los hermanos Wright. Fue en 1911, cuando los italianos emplearon aeroplanos en Libia, no sólo para observación, sino también para ataque a tierra. Tan pronto como empezó la guerra en Europa, los aviadores se convirtieron en los ojos de los ejércitos y así fue como Francia pudo detener la embestida alemana en el Marne gracias a las informaciones obtenidas desde el aire, como ya publiqué en otra ocasión.

Ver es bueno, pero ver sin ser visto es mucho mejor, sobre todo cuando se está en guerra, y pronto se buscó la manera de derribar a los aviones enemigos y asegurar la protección de los propios. Al principio se intentó usar armas ligeras, manipuladas por un observador mientras el piloto se dedicaba a controlar el avión, pero es difícil acertar a un blanco en movimiento desde una plataforma también móvil. Aunque siempre se podía intentar el sistema del piloto ruso Piotr Nikolayevich Nesterov, que embistió con su avión a un aparato enemigo. Posiblemente esperaba retomar el control tras la colisión porque era un piloto experimentado (en 1913 se convirtió en el primer hombre en hacer un looping, hazaña que le valió un arresto por poner en peligro su avión innecesariamente), pero no llevaba cinturón de seguridad y salió despedido. Consiguió el derribo pero perdió la vida, demostrando que ese tipo de ataque no era práctico.

Estaba visto que derribar un avión no era fácil. Hacía falta mucha suerte para lograrlo con un solo disparo, de manera que la mejor forma era disparar muchas veces y muy deprisa, cuanto más mejor. Es tanto como decir que se necesitaba una ametralladora; y una ametralladora llevaba Louis Quénault, observador en un biplaza Voisin 3LA, cuando el 5 de octubre de 1914 consiguió el primer derribo confirmado de la Historia. El primer derribo «ortodoxo», se entiende, puesto que Nesterov se había adelantado en un mes. Lo curioso es que Quénault agotó la munición de su arma sin éxito y consiguió su propósito utilizando un fusil.

Pero el problema de apuntar desde una plataforma en movimiento a un blanco móvil seguía, aunque se podía simplificar si se disparaba en la dirección del avance. En ese caso, se podría lograr incluso que el mismo piloto manejara el arma, ya que no sería necesario apuntar, sino dirigir el avión hacia el blanco. El concepto estaba claro, pero había un problema: ¿cómo disparar hacia adelante sin destruir la propia hélice?

Los ingleses resolvieron el problema eliminando la hélice. Bueno, no del todo, simplemente la colocaron detrás, empujando en lugar de tirar. No era una solución tan rara como parece, de hecho el Voisin de Quénault también tenía la hélice detrás. Eso determinó el diseño de los primeros cazas ingleses que fueron del tipo F.B.5, fabricados por Vickers Ltd, y que llegaron a Francia en febrero de 1915. Seguía siendo un biplaza, pero por primera vez se había construido un avión pensado para derribar a sus enemigos. Un avión de combate.

vickers_fb-5_gunbus_2345_g-atvp_yvtn_09-07-66_edited-3Réplica de un F.B. 5. Imagen sacada de Wikipedia

Enfrentados al mismo problema, los franceses optaron por un monoplano monoplaza. La ametralladora se instalaba fija sobre el capó y se buscaba la manera de que los proyectiles no provocaran daños. La solución fue de lo más pedestre: instalar unas chapas protectoras en la hélice. El sistema era peligroso (al menos dos personas murieron durante los ensayos en tierra por balas rebotadas) y poco práctico puesto que los impactos no dejaban de hacer sufrir la transmisión. Pero eran pocas las balas que impactaban en la protección, la mayoría pasaba limpiamente, y así fue como Roland Garros consiguió tres derribos en un par de semanas de abril de 1915 pilotando un Morane-Saulnier. Que un solo hombre lograra tales éxitos era impensable hasta entonces aunque se tratara de alguien de la reputación de Garros, famoso por su hazaña de atravesar en avión el Mediterráneo, en 1913, saliendo de Fréjus, en el sur de Francia y aterrizando en Bizerta, en el norte de Túnez.

1024px-morane-saulnier_l_in_french_markingsUn Morane Saulnier L, según Wikipedia

Pero, volviendo a 1915, la suerte dejó de estar con Roland Garros casi en seguida. Tras su quincena triunfal, su avión fue alcanzado por un tiro de suerte desde tierra. Con el motor averiado, se vio obligado a aterrizar y fue hecho prisionero. Los alemanes, encantados de haber acabado con la carrera del terror aéreo del frente occidental, no sólo habían capturado al piloto, sino que también tenían el avión y su sistema de protección de las palas de la hélice y se dispusieron a usarlo en provecho propio.

Pero no llegaron a hacerlo nunca. Cuando el ingeniero Anthony Fokker recibió el encargo de adaptar aquel método no perdió el tiempo con él porque ya estaba trabajando en algo mucho mejor: sincronizar los disparos con el giro del motor, de manera que la ametralladora no disparaba si tenía una pala en la línea de tiro. Los primeros monoplanos Fokker E.I con su ametralladora sincronizada llegaron al frente en el verano de 1915 y se convirtieron en el terror de sus adversarios. Con ellos y sus desarrollos posteriores, como el E.III, lograron sus primeras victorias pilotos tan célebres como Oswald Boelcke o Max Immelmann, que merecen artículo aparte.

1280px-fokker_m5k-mg_e5-15El temido Fokker E.I en imagen de Wikipedia

Aún se ensayarían otros sistemas, como el de montar la ametralladora sobre el ala superior de un biplano para que disparara por el exterior del círculo formado por la hélice al girar. Un buen ejemplo es el Nieuport 11, pero la solución de Fokker sería la que finalmente adoptarían todos los combatientes tarde o temprano.

De todos los protagonistas de esta historia el más conocido es Roland Garros, aunque por causas que nada tienen que ver con la guerra ni con la aviación. Permaneció prisionero hasta febrero de 1918, cuando consiguió escapar y volver a territorio francés, pero tuvo que adaptarse a tipos de avión totalmente diferentes a los que él había conocido. Consiguió un nuevo derribo confirmado (el cuarto de su historial), pero el 5 de octubre de 1918, apenas un mes y una semana antes de que terminara la guerra, fue a su vez derribado y muerto. Al día siguiente habría cumplido 30 años.

Pero hoy se le recuerda por otro motivo. En 1928 Francia tenía que organizar la final de la copa Davis de tenis y necesitaba unas canchas adecuadas para atender a  jugadores y público. El club deportivo Stade de France aportó el terreno para las obras, pero su presidente puso la condición de que las instalaciones llevaran el nombre de Roland Garros, amigo suyo desde que coincidieron en la Escuela de Comercio. Además, Garros y él habían sido compañeros en el equipo de Stade de France, pero no jugando al tenis sino al rugby. Por ese gesto de su amigo, hoy todo el mundo conoce el nombre de Roland Garros, aunque pocos saben quién era.

Nesterov, el piloto ruso que murió al embestir a un avión enemigo, también dio nombre a algo: a todo un pueblo, Zhovkva, situado en Ucrania, que fue rebautizado Nesterov en 1951 por el gobierno soviético. Pero tampoco por ello se le recordará, ya que en 1992, tras la independencia de Ucrania, el pueblo recuperó su nombre original. Para consuelo de sus admiradores, el asteroide Nesterov, descubierto en 1973, no ha cambiado de nombre.

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Persiguiendo a Heracles

07 viernes Oct 2016

Posted by ibadomar in Arte

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Arte, Bourdelle, Buenos Aires, Heracles, Lago Estínfalo, Montauban, Museo de Orsay, Nueva York, París, Siglo XX, Tokio, Toulouse

He tenido un mes de septiembre tan ajetreado que se ha ido sin que yo publicara nada. Octubre no se presenta mucho más tranquilo y precisamente por eso me he propuesto escribir un artículo, para tenerlo listo cuanto antes y que no pasen dos meses consecutivos en blanco. Pero, ¿qué tema tratar esta vez? Pensaba en ello cuando recordé que en mi último viaje me encontré con… digamos que con un viejo amigo.

Esta historia empieza en Francia, en Montauban concretamente, hace ya muchos años, no me apetece recordar cuántos. Desde luego aún no había terminado el siglo XX  cuando supe de un artista del que hasta entonces jamás había oído hablar. ¿Alguien entre la audiencia conoce a Antoine Bourdelle? Si hay aficionados a la escultura entre los lectores seguro que sí, pero de lo contrario no es muy probable. Pues bien, Bourdelle fue un escultor discípulo de Rodin, artista a quien sí conoce todo el mundo. Nacido en 1861, el yeso original de su más célebre escultura se conserva en su ciudad natal, Montauban, en el museo Ingres. Se trata de un Heracles arquero, fechado en 1909, que fue lo que más me impresionó de la visita.

La escultura muestra a Heracles (el nombre griego de Hércules) en uno de sus doce trabajos, consistente en expulsar del lago Estínfalo a los pájaros malignos de plumas de bronce que atacaban a hombres y animales. Por supuesto Heracles logró su propósito, asustándolos con el ruido de un címbalo (o de una carraca, que en esto de la mitología siempre hay varias versiones). Cuando los pájaros levantaron el vuelo, el héroe derribó a flechazos a cuantos pudo.

montaubanHeracles en Montauban

La escultura lo representa en pleno esfuerzo, en una posición muy forzada, cargada de tensión. La fotografía nos da una idea de la fuerza de esta obra, tremendamente expresiva y… bueno, Montauban no está lejos, de modo que ya tenéis un motivo para visitar la ciudad.

Pero no sólo Montauban, porque la escultura se fundió en bronce y por eso algunos años después, estando en Toulouse con un amigo vimos en un parque, desde el coche, una escultura que reconocí al momento. En este caso Heracles forma parte de un monumento a los caídos en la guerra del 14. En origen se pretendía homenajear al jugador de rugby Alfred Mayssonnié, pero finalmente se amplió a todos los deportistas muertos durante la guerra, aunque una estela destaca expresamente a Mayssonnié. Toulouse está cerca de Montauban, así que los que deseen ver la estatua pueden ver dos ejemplares en un solo día.

toulouseHeracles en Toulouse

Claro que ya que estamos en Francia, ¿por qué no visitar París y ver otra copia? Ésta la encontré en el museo de Orsay y hasta me hice una foto con ella, en mi tercer encuentro con la misma imagen. Como no me gusta poner mi cara en internet, os tendréis que conformar con una imagen de Wikimedia. En este caso la estatua es de bronce dorado.

OrsayHeracles en el museo de Orsay, París

A estas alturas, el Heracles arquero empezaba a ser un viejo conocido. Y hablando de conocidos y de amigos, por aquella época uno de los míos se fue una temporada a Buenos Aires. Es bueno tener amigos en lugares remotos porque, con la excusa de visitarlos, se conoce mundo, de manera que le hice una visita. Aterricé en Buenos Aires, tomé un autobús para ir a su casa y ¿qué vi al pasar junto a un parque de la ciudad? A Heracles, cómo no. Ya empezaba a ser una costumbre, pero esta vez me sorprendió aún más puesto que entre este Heracles y sus hermanos hay 11.000 Km. de distancia. Quienes lean este artículo desde Argentina ya saben que no tienen que cruzar un océano para ver la escultura de Bourdelle.

buenos-airesHeracles en Buenos Aires

Aunque quizá el lector esté en América, pero del Norte. Y en ese caso puede acercarse al Metropolitan Museum de Nueva York, que es otro lugar en donde me encontré con Heracles. También hay foto, pero sigo siendo tan tímido como hace dos párrafos. La imagen la he tomado esta vez de la página del museo. La escultura era ya una vieja amiga, una cara familiar que aparecía por sorpresa, a 10.000 Km. de mi casa, para darme una alegría con su presencia. .

nueva-yorkHeracles en Nueva York

Por eso casí ni me sorprendió, hace un par de semanas, volverme a encontrar con mi viejo camarada, Heracles. Y esta vez fue ¡en Tokio! Había muy poca luz y yo no tenía flash, de manera que no pude hacerle la foto que merecía la ocasión, pero una vez más, Wikimedia acude al rescate. La escultura está en el parque Ueno, en el exterior del Museo de Arte Occidental.

tokioHeracles en Tokio

A estas alturas estoy pensando en hacer un juego. Cada vez que me encuentre con Heracles… ¡chupito! Merecerá la pena, aunque sólo sea por ver la cara de la gente de alrededor y oir los comentarios. Mamá, ¿por qué ese señor que se está tomando un copazo le ha pasado un brazo por el hombro a la estatua?

Quizás debería hacer un proyecto para visitar todas las copias, porque hay más copias del Heracles por el mundo. Algunas en ciudades que conozco, aunque no haya visto la estatua en ellas. Además de las mencionadas, hay copias en Estocolmo, Roma, Anvers, Colonia, Praga… En París hay una segunda copia, en el museo Bourdelle. También se puede ver en Lyon, Le Havre, Argel, Los Ángeles, Nueva Orleans, Dallas, Honolulu, Siracusa (estado de Nueva York), Madison (estado de Wisconsin) y Japón cuenta con una segunda copia en Hakone.

La idea ya la tengo. Hasta ahora encontraba a Heracles por azar, pero voy a empezar a buscarlo. Sólo me falta recaudar fondos para la causa. ¿Habrá lectores de este blog interesados en financiar un viaje alrededor del mundo en busca de todas las copias del Heracles? Si los hay, prometo escribir un libro contando la experiencia. Y si los fondos llegan para hacer el viaje en primera clase, hasta soy capaz de vencer mi timidez e ilustrarlo con fotos junto a mi colega. ¿Por qué no, si es ya un amigo de toda la vida?

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Visitas oníricas

26 viernes Ago 2016

Posted by ibadomar in Arte, Historia

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Adriano, Arqueología, Arte, Canopo, Historia, Las Vegas, Parque Europa, Pueblo español, Roma, Tívoli, Villa Adriana

Lo malo del mes de agosto es que, aunque no te tomes vacaciones, no apetece hacer nada. Será por contagio, digo yo, porque he tenido todo el mes para escribir y sólo ahora, casi en septiembre, he encontrado el momento, y además para hablar de viajes y lugares lejanos, como si fuera un turista que regresa de su veraneo.

Pero no, no voy a hablar de un viaje de placer porque el punto de partida de este artículo es una conferencia internacional, durante la cual conocí Las Vegas. Es una ciudad cuando menos poco común y la experiencia de visitarla es… onírica. Como adjetivo para describir una localidad es raro pero es que contar cómo es un paseo por Las Vegas es como explicar un sueño: «Vi una esfinge y una pirámide, y un poco más lejos la Estatua de la Libertad. Tras pasar junto al Arco de Triunfo de París y la torre Eiffel llegué al Palacio Ducal de Venecia, en el que entré atravesando el puente de Rialto. Dentro había un canal en el que una góndola paseaba a una pareja de turistas…».

¡Menuda mezcla! Y sin embargo es una descripción bastante exacta porque en la calle principal de Las Vegas se acumulan los hoteles inspirados en lugares como el antiguo Egipto, Nueva York, París o Venecia. Una idea extraña, ¿verdad? Claro que para quien visite Barcelona y se acerque al Pueblo Español no le parecerá tan rara. O, ya puestos, a escala aún más modesta, es el mismo concepto del parque Europa en Torrejón de Ardoz. El planteamiento es siempre el mismo: reunir reproducciones de edificios de diferentes lugares. Eso sí, la escala y los medios no son iguales. Doy fe.

¿A quién se le ocurriría semejante diseño por primera vez? Aunque no podría jurarlo yo diría que el emperador Adriano tiene bastantes papeletas para ser el padre de la idea. Su reinado abarca el periodo entre los años 117 y 138 y se considera como una etapa tranquila y próspera. Se podría decir que el Imperio llega con él a su apogeo y por tanto que inicia su declive, muy lento por el momento. Buena muestra de ello es que se abandonan las campañas militares de conquista y Roma adopta una política defensiva que simboliza perfectamente el muro de Adriano, una fortificación al norte de la Britania romana para marcar la frontera con las tribus que habitaban una Escocia que Roma no tenía ninguna intención de dominar.

Adriano Adriano (Imagen: Wikipedia)

No todo fue tranquilidad, la segunda guerra judaica es buena muestra de ello, pero en general se puede decir que Adriano comprendió que no se podía defender un territorio tan grande si se estaba en guerra continua, así que buscó consolidar la situación de Roma, por lo que no es de extrañar que este emperador sea conocido más por sus reformas administrativas que por sus hazañas bélicas y que en su época se desarrollara la burocracia más que el ejército.

Como buen administrador, a Adriano le interesaba lo que ocurría en el conjunto de sus dominios y para tener información de primera mano viajó por todo el Imperio; de hecho en una Historia de Roma que leí hace tiempo se le llamaba el primer turista del mundo antiguo. Pasó fuera de Roma más de la mitad de su reinado y, como además fue un hombre interesado por la cultura y amante de las artes, no podía dejar de erigir algún edificio singular. En este caso hablaremos más bien de todo un conjunto arquitectónico, la Villa Adriana, localizada en Tívoli, cerca de Roma.

No es fácil interpretar en la actualidad los restos de la Villa, pero sí sabemos que se basaba en la misma idea que da origen al collage arquitectónico de Las Vegas: construcciones inspiradas en diferentes lugares del Imperio. Aunque no sepamos con certeza qué representaba cada cosa sí hay un lugar perfectamente identificado y que aparece en todos los manuales de Historia del Arte de Roma: el Canopo. Se trata de un estanque que recrea un canal inspirado en la ciudad de Canopo, en la desembocadura del Nilo. Para que la semejanza con el estilo de Las Vegas sea completa las estatuas de alrededor son de tipo griego, lo que da una mezcla que quizás los eruditos de la época mirarían con la misma extrañeza con la que hoy miramos el Arco de Triunfo de cartón piedra de Las Vegas.

CanopoEl Canopo en la Villa Adriana (Imagen: Wikipedia)

Por lo demás, no consta que en la Villa Adriana hubiese casinos ni mesas de juego, así que las similitudes terminan en lo estilístico. El lugar permaneció en pie hasta el fin del Imperio Romano, cuando empezó un deterioro inevitable. En la actualidad se pueden visitar sus ruinas, patrimonio de la humanidad, según la UNESCO, y suponer que quienes iban allí en el siglo II a visitar al emperador volvían describiendo su visita como onírica: «Pasé junto a un estanque que parecía un canal del Nilo, pero rodeado de estatuas griegas y, tras rodear el templo de Serapis, me hallé en un teatro marítimo, pero el mar no era realmente el mar…».

 

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