• Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves
  • Diez años en Los Gelves

Los Gelves

~ Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos.

Los Gelves

Archivos de etiqueta: Momentos cruciales

Un plan insuficiente, un avión indiscreto y muchos taxis

12 miércoles Nov 2014

Posted by ibadomar in Historia

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Alemania, Aviación, Batalla, Bélgica, Cannas, Francia, Hindenburg, Historia, Ludendorff, Marne, Moltke, Momentos cruciales, Mons, Plan Schlieffen, Primera Guerra Mundial, Siglo XX, Tannenberg

El tiempo vuela, definitivamente. Hoy este blog cumple tres años y, como ya es tradición, el artículo del aniversario tratará sobre la Primera Guerra Mundial, de la que además estamos conmemorando el centenario. Había pensado contar algo sobre la célebre tregua de Navidad de 1914, pero estoy seguro de que dentro de poco más de un mes no habrá periódico que no recuerde el hecho, así que no es necesario insistir. En su lugar vamos a hablar de un momento decisivo, no ya en el transcurso de aquella guerra, sino en la historia del siglo XX.

En su día ya expliqué las causas de la Primera Guerra Mundial, pero ahora toca hablar de cómo se habían preparado los contendientes. Europa estaba dividida en dos grandes bloques: por un lado la denominada Triple Alianza, que agrupaba a Alemania con Austria-Hungría y con Italia, aunque la lealtad de este último país a la alianza era dudosa, tanto que cuando finalmente entró en la guerra lo hizo contra sus teóricos aliados. Por otro lado tenemos la Triple Entente formada por una muy sólida alianza entre Francia y Rusia y una algo menos sólida relación con el Reino Unido. En el mapa adjunto, obtenido de Wikipedia, se ve la situación a grandes rasgos.

Europe_1914El mapa adelanta acontecimientos, puesto que ya vemos en él a Bulgaria y Turquía en alianza con los Imperios Centrales y a países como Italia o Bélgica entre los aliados de Francia y Rusia. Para comprender el problema estratégico alemán basta con ver la situación de sus dos grandes rivales: uno al este y otro al oeste. Rusia era difícil de derrotar rápidamente debido a su inmenso tamaño, pero a cambio era de esperar que se movilizara con lentitud, mientras que Francia podía movilizarse con rapidez, pero también podía caer en menos tiempo. Explicado así, el problema de la guerra en dos frentes se puede resolver derrotando a Francia con rapidez para despejar el lado Oeste cuanto antes y dedicarse entonces al problema ruso. Si la derrota francesa se lograba cuando aún Rusia estaba en fase de movilización, la guerra podía darse por ganada.

Francia, al fin y al cabo ya había sido vencida en 1870 con el célebre von Moltke al frente de los ejércitos prusianos, pero a principios del siglo XX los ejércitos eran cada vez mayores y las fortalezas francesas en la frontera común complicaban una victoria rápida. Para maniobrar con ejércitos enormes, de un millón y medio de hombres, el militar alemán von Schlieffen preparó un plan que terminó de madurar en 1905 y que preveía que las fuerzas alemanas, necesitadas de espacio, atravesaran territorio belga. El mapa adjunto muestra en rojo el avance alemán previsto por Schlieffen, atravesando Bélgica, rodeando París y, en teoría, derrotando a Francia en menos de 40 días.

schlieffenPor parte francesa, el llamado Plan XVII, se basaba en la teoría de una ofensiva a ultranza, el ataque irresistible según las líneas azules del mapa. Podemos adelantar ya que el resultado fue un fracaso y el principio de las operaciones, en agosto de 1914, parecía favorecer a los alemanes. Pero como dijo von Moltke, no hay plan que resista el contacto con el enemigo. En este caso sería un sobrino suyo (Moltke el joven) quien dirigiría las fuerzas alemanas y comprendería la verdad de tal afirmación.

Cuentan que en 1913, Schlieffen estaba en su lecho de muerte y dijo con su último aliento, refiriéndose a su plan: «sobre todo, mantened fuerte el flanco derecho». Un año después el flanco derecho, en el que se basaba todo el éxito del plan, se debilitaba por sí mismo de manera natural.

-La testarudez belga. Cuando Schlieffen decidió que sólo podía derrotar rápidamente a Francia pasando por territorio belga, asumía un alto riesgo. Alemania había previsto que Bélgica se limitaría a una protesta diplomática o a lo sumo a una resistencia de principio, pero el gobierno belga no sólo rechazó el ultimátum alemán sino que, tras entrar los alemanes en Bélgica el 4 de agosto, su ejército resistió hasta donde era humanamente posible. Para colmo, la violación de la neutralidad belga decidió al gobierno inglés a entrar en la guerra. Los belgas apenas disponían de seis divisiones de infantería, que no deberían haber estado allí según los planes alemanes, como tampoco el cuerpo expedicionario británico, que entró en acción en la batalla de Mons el 23 de agosto. Contingentes pequeños, pero que hacían más débil el flanco derecho alemán.

-La fidelidad rusa. El plan alemán preveía que los rusos serían lentos en movilizarse, pero los franceses, conscientes de lo que se jugaban, presionaron a sus aliados y ya el 12 de agosto se iniciaba la invasión de Prusia Oriental por parte del ejército ruso. La preparación era deficiente, la intendencia desastrosa, pero la rapidez de su entrada en acción alarmó a los alemanes, que vieron cómo su frente oriental amenazaba con derrumbarse. Pronto encontraron a dos hombres capaces de darle la vuelta a la situación: Hindenburg, como comandante en jefe del ejército oriental y Ludendorff, que sería su jefe de Estado Mayor. El 26 de agosto se iniciaba la batalla de Tannenberg, en la que el ejército ruso sería derrotado contundentemente, pero para entonces en Alemania ya había cundido el pánico y habían debilitado el frente occidental para enviar tres cuerpos de ejército al este. Ludendorff no se lo creía cuando le anunciaron aquellos refuerzos: aquellos hombres, pensaba, eran vitales en el oeste y de todas formas llegarían demasiado tarde al este. En efecto, aquellos refuerzos ni estuvieron presentes en Tannenberg ni ayudaron a mantener la presión sobre los franceses. El ala derecha alemana seguía debilitándose.

-El fantasma de Cannas. Ya hemos visto que el plan alemán preveía un movimiento envolvente por la derecha mientras el ala izquierda se limitaba a fijar al ejército francés. Cuando el ataque francés fue rechazado por el ala izquierda alemana apareció la posibilidad de que ésta se uniera a la ofensiva logrando así un doble movimiento envolvente, un caramelo táctico irresistible desde que Aníbal lo pusiera en práctica en Cannas, como vimos en su día. ¿Y si se avanzaba por la izquierda también en lugar de apostarlo todo al ala derecha? Era un cambio de planes radical y aunque no llegó a ejecutarse por completo, sí se dejó proseguir el avance del ala izquierda en lugar de mantenerla fija, empleando dos ejércitos que deberían haberse quedado en reserva para reforzar en el momento adecuado el ala derecha, que seguía perdiendo fuerza.

-El cambio de dirección. Y así llegamos al 30 de agosto. Los ejércitos alemanes parecen invencibles, pero en realidad el flanco derecho, el que tenía que reforzarse a toda costa, no era tan fuerte como debería ser y sin embargo los franceses parecían derrotados porque estaban en franca retirada. En lugar de seguir el avance previsto parecía factible virar hacia el este, sin necesidad de rodear París y terminar de cercar al ejército francés. No habría que estirar tanto las líneas, lo que era una ventaja cuando la fuerza del ala derecha menguaba y los ejércitos empezaban a mostrar agotamiento. Finalmente el cambio de dirección se llevó a cabo, pero era una maniobra que entrañaba riesgos.

-La vista desde un avión y la marcha en taxi. Hacía apenas 10 años que los hermanos Wright habían hecho su histórico vuelo y ya el avión estaba presente en el campo de batalla. Fue un aviador francés, el teniente Watteau, el que informó de la situación alemana a unos generales franceses que no daban crédito a lo que veían y que empezaron a exclamar con entusiasmo: «¡Nos presentan el flanco!». Era la oportunidad que necesitaban. Ahora los alemanes dejaban un costado de su avance al descubierto y era posible contraatacar. La decisión estaba tomada y la batalla tendría lugar junto al río Marne. Poniendo toda la carne en el asador, se envió un refuerzo de 6.000 soldados al frente desde París… en taxi. Quien visite el museo del ejército francés en los Inválidos se encontrará allí con un taxi de 1914, como recuerdo de tan insólito medio de transporte de tropas.

Taxi14El transporte en taxi fue sólo una anécdota, puesto que la mayor parte de las tropas francesas procedían de otros puntos, pero quedó en la memoria colectiva. En el Marne terminó la gran ofensiva alemana. Los 40 días en los que tenían que derrotar a Francia según el plan original llegaban a su fin sin haber cumplido el objetivo. Peor aún: el avance se había detenido por completo y se avecinaba una guerra larga en la que Alemania debería luchar en dos frentes, exactamente el escenario que pretendía evitar el plan Schlieffen.

Estos hechos de hace ahora 100 años fueron determinantes en la historia del siglo XX. Si los alemanes se hubiesen atenido al plan original podrían haber conseguido su objetivo de derrotar a Francia en tiempo récord y la guerra podría haber terminado en 1914 con un tratado de paz a la medida de las aspiraciones alemanas. Sin la prolongada carnicería de las trincheras la mentalidad europea no habría quedado conformada por el trauma de aquella guerra y los años 20 y 30 habrían sido de preponderancia alemana.

¿Cómo habría sido el mundo en ese caso? ¿Mejor o peor? Es imposible saberlo, pero sí podemos estar seguros de que habría sido un mundo diferente. Desde aquel fatídico día de junio de 1914 los movimientos diplomáticos primero y los militares después habían sido incapaces de resolver el problema de las relaciones entre las potencias europeas. Cuatro años después, una Europa agotada comenzaba a pagar este doble fracaso con una inevitable decadencia.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

Overlord

05 jueves Jun 2014

Posted by ibadomar in Historia

≈ 3 comentarios

Etiquetas

Garbo, Historia, Momentos cruciales, Normandía, Patton, Segunda Guerra Mundial, Siglo XX

Uno de los lugares que más me han impresionado en el transcurso de mis viajes es el cementerio norteamericano de Colleville-sur-mer, en Normandía. Allí, en un alto sobre la playa Omaha, tan apacible que sólo se oye el canto de los pájaros y el rumor del mar, hay enterrados casi 10.000 soldados norteamericanos, la mayor parte de los cuales murieron durante la campaña de Normandía. Y precisamente se cumplen ahora 70 años de aquel 6 de Junio de 1944, el día D por excelencia, el día en que comenzó aquella campaña y se empezó a divisar el final de la Segunda Guerra Mundial.CollevilleLos acontecimientos son muy conocidos, pero no está de más repasarlos. Alemania casi había logrado en la Segunda Guerra Mundial lo que no alcanzó en la Primera: no tener que pelear en dos frentes a la vez. Al no haber conseguido la capitulación inglesa siempre existió un enemigo en el lado occidental, pero desde el verano de 1941 hasta el de 1943 sólo había habido un frente terrestre importante, el del Este de Europa. Sí hubo operaciones en el Norte de África, pero tuvieron siempre un carácter secundario, al menos desde el punto de vista alemán. No obstante, fue precisamente la expulsión de las tropas del Eje de África la que hizo posible un desembarco en Sicilia, y posteriormente en el Sur de Italia, que abría el ansiado segundo frente.

Pero las operaciones en Italia no fueron decisivas, aunque al menos se consiguió expulsar a Mussolini del poder y lograr la capitulación de Italia. Sin embargo, los alemanes consiguieron rescatar al Duce y organizar un estado-títere en el norte del país. Dado que Italia, con su orografía, no es demasiado difícil de defender, a efectos prácticos seguía sin existir ese «segundo frente», que tanto reclamaba Stalin para aliviar la presión sobre la Unión Soviética. Pero cruzar el Canal de la Mancha para desembarcar en Francia desde Inglaterra no era tarea fácil y no estará de más exponer algunos de los detalles de aquella formidable empresa.

El nombre clave de la operación de la campaña de Normandía fue Overlord, pero había multitud de operaciones subordinadas a la principal. Por ejemplo:

-El cruce del canal y los desembarcos propiamente dichos (Operación Neptuno): se trataba de cruzar a 130.000 soldados en 5.000 lanchas de desembarco escoltadas por 6 acorazados, 23 cruceros, 104 destructores, 277 dragaminas y otros 150 buques más o menos y llevarlos a cinco playas denominadas en clave Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword. La simple coordinación de aquel tráfico marítimo era una pesadilla logística.

-El desembarco por mar fue precedido por el de fuerzas aerotransportadas. Mover tres divisiones de paracaidistas es complicado y se necesitaron nada menos que 1.200 aviones, que tenían que operar en plena noche, hasta llegar al lugar desde el que saltar en paracaídas o iniciar el descenso en planeador. Es fácil imaginar el caos en que se convirtió aquella parte de la operación.

-La operación Fortitude, por su parte, pretendía engañar a los alemanes haciéndoles creer que había un ejército ficticio en determinados lugares del sur de Inglaterra. Para ello se organizaron infinidad transmisiones de radio falsas en la zona, que hicieran pensar en intensas comunicaciones, se construyeron tanques y aviones falsos, para engañar al reconocimiento aéreo, se usó a espías, como el célebre Garbo, para pasar información falsa… la guinda fue colocar al que los alemanes consideraban como mejor general aliado, Patton, al mando de aquel ejército inexistente.

-También la operación Titanic tenía como objetivo engañar a los alemanes, esta vez mediante el lanzamiento de paracaidistas falsos: simples muñecos que explotaban y se incendiaban al llegar al suelo para crear confusión. En la misma operación participaban paracaidistas de verdad para que fuera difícil saber qué ataques eran reales y cuáles no.

La tecnología también tenía que estar a la altura y surgieron varios inventos creados especialmente para la ocasión. Por ejemplo el denominado «bobbin tank», que era un vehículo con una enorme bobina, montada delante, que se desplegaba como una alfombra, sobre la que pasaba el propio vehículo y los que lo siguieran, y cuya finalidad era evitar que los blindados se hundieran en el blando terreno de las playas. También era ingenioso el «crab», que era un carro de combate modificado con un rodillo delantero que hacía girar cadenas y pesas para golpear el suelo con la fuerza aproximada de la pisada de una persona o el peso de un blindado, consiguiendo así hacer explotar sin peligro las minas enterradas. Otros inventos, como el tanque anfibio no tuvieron tanto éxito y se revelaron como prácticamente inútiles.

693px-M4a4_flail_cfb_borden_1El «crab», pensado para despejar campos minados (foto: Wikipedia)

El invento más espectacular, sin embargo, fueron los puertos artificiales conocidos como Mulberries. Para descargar gran cantidad de mercancías hacía falta algo bastante mejor que las barcazas de desembarco, y tomar por la fuerza una ciudad portuaria bien defendida era realmente complicado, así que se construyeron dos puertos prefabricados, que comenzaron a ensamblarse tan pronto se aseguraron las playas y que estaban en uso apenas 12 días después del desembarco, el 18 de junio, aunque uno de ellos quedó inutilizado casi inmediatamente por una colosal tormenta que se desencadenó el día 19. Eran puertos provisionales, pero por lo demás resultaban tan útiles como un puerto convencional. Con una capacidad de unas 7.000 toneladas diarias, por el puerto Mulberry que sobrevivió a la tormenta pasaron en poco más de tres meses dos millones y medio de hombres, medio millón de vehículos y unos 19 millones de metros cúbicos de material.

Pero todo ese esfuerzo logístico, toda la inventiva, el trabajo, el esfuerzo… todo ello no habría servido de nada sin el sacrificio de quienes en la madrugada de aquel día de hace 70 años se dirigían hacia unas playas hostiles, en unas barcazas sacudidas por la marejada, entre el hedor de unos vómitos provocados a medias por el mareo y por el terror. Les acompañaba la certeza de que en pocos minutos muchos caerían ante las ametralladoras enemigas o ahogados por el peso de su propio equipo si desembarcaban en una zona demasiado profunda. No estaban solos: pocas horas antes les habían precedido las tropas aerotransportadas, afrontando la incertidumbre de un salto en paracaídas o el riesgo de un aterrizaje en planeador, en ambos casos en la más completa oscuridad y en territorio dominado por un enemigo implacable.

Por eso es difícil visitar el cementario de Colleville-sur-mer sin sentir un nudo en la garganta. Allí reposan para siempre muchos de los que murieron en aquel día y en la campaña que se desarrolló a continuación. Eran, en su mayoría, jóvenes que habían abandonado su hogar y cruzado un océano para dejarse la vida, literalmente, en un esfuerzo por apartar de Europa el siniestro fantasma del nazismo. A veces se lee en la prensa que ese espectro no huyó del todo y aún amenaza con regresar. En esos casos no puedo evitar pensar en quienes están en ese cementerio, y en otros similares, y preguntarme si las generaciones actuales estaremos a su altura y si hemos comprendido la magnitud de la deuda que contrajimos con ellos hace exactamente 70 años.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

El cielo sobre Berlín

13 domingo Oct 2013

Posted by ibadomar in Aviación, Historia

≈ 5 comentarios

Etiquetas

Aviación, Dc4, Guerra Fría, Historia, Momentos cruciales, Muro de Berlín, Siglo XX

Hay veces en que hay que tomarse unas vacaciones, no cabe duda. Yo las necesitaba después de unos meses muy ajetreados y por eso he pasado unos días desconectado de todo en una ciudad tan fascinante como es Berlín. Para alguien como yo, interesado por la Historia, esta ciudad está ligada a términos que son mitad historia reciente y mitad recuerdo personal (porque ya voy teniendo una edad): Muro de Berlín, Checkpoint Charlie, Tempelhof…

No es sólo una impresión personal. Observando las tarjetas postales a la venta encontré, junto a las inevitables fotografías de monumentos, otras con un significado puramente histórico, como vistas del Muro o imágenes del famoso cartel que avisaba a los transeúntes de que estaban llegando al límite del sector americano. Entre las postales estaba esta fotografía, que me trajo a la mente un momento clave de la Historia.

C-54

Hay muchas fotografías similares con distintos tipos de avión. En este caso se trata de un C54 (denominación militar del avión de transporte DC4) a punto de aterrizar en el aeródromo de Tempelhof durante el bloqueo de Berlín. Fue uno de los momentos en los que la Guerra Fría, que acababa de comenzar, amenazó con calentarse. En la fotografía están resumidos, por tanto, dos temas muy queridos en este blog: Historia y Aviación. Estaba cantado, desde el momento en el que vi la postal, que tenía que escribir un artículo en cuanto terminara las vacaciones.

La Segunda Guerra Mundial aparece a menudo narrada como si fuera un cuento repleto de momentos muy amargos y con final feliz: los malvados son derrotados por una alianza entre países aparentemente opuestos pero unidos en la causa común de combatir el Mal. Demasiado bonito para ser cierto. En realidad las tensiones entre aliados fueron habituales durante toda la guerra y tan pronto como ésta terminó las contradicciones de aquella alianza salieron a la superficie. Los enfrentamientos tendrían lugar en todo el planeta, pero en un primer momento se centraron en Europa. Y dentro de Europa el punto de fricción principal era el territorio del antiguo enemigo, ahora ocupado por los vencedores.

Una vez que se redefinieron las fronteras, Alemania se vio dividida en cuatro zonas de ocupación administradas por cada una de las potencias vencedoras: Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido y Francia (el porqué se consideró a Francia como uno de los grandes vencedores y no, por ejemplo, a Holanda, Yugoslavia o Grecia, no daría para un artículo sino para una tesis). La capital del país, Berlín, estaba enclavada dentro del territorio ocupado por la URSS y se dividió también en cuatro sectores. Pero en realidad los aliados se estaban repartiendo algo más que el territorio de su antiguo enemigo; en la segunda mitad de la década de los 40 se empezó a librar una callada guerra ideológica en la que por un lado la URSS intentaba construir a su alrededor un anillo defensivo de países ligados ideológicamente a su sistema, mientras las potencias occidentales buscaban reducir la influencia del comunismo en el territorio que controlaban. Se iniciaban así las primeras escaramuzas de la Guerra Fría.

En ese escenario 1948 fue un año crucial. Para entonces estaba claro que allá donde los comunistas lograban hacerse con el poder instauraban un sistema de partido único. Esto había ocurrido en Albania, Rumania, Bulgaria, Polonia, Yugoslavia, Checoslovaquia y estaba ocurriendo en Hungría. Las democracias liberales occidentales no podían dejar de alarmarse ante la agresividad soviética, y tampoco aceptar el riesgo de un choque directo. Estos primeros años son los de la contención, término acuñado por el diplomático norteamericano George Kennan para definir una doctrina estratégica que pretendía mantener a los comunistas dentro de sus límites, sin rehuir el enfrentamiento, pero sin buscarlo.

Es en este contexto en el que coinciden en un mismo país, Alemania, las fuerzas ocupantes de tres países occidentales y de la URSS. ¿Qué ocurriría en el país ocupado? Como era de esperar, no había acuerdo sobre la forma que tomaría Alemania en el futuro. Cuando las potencias occidentales decidieron unificar sus respectivas zonas se desataron las fricciones y las fuerzas soviéticas empezaron a dificultar los movimientos terrestres utilizando todo tipo de inspecciones, trabas burocráticas, etc. Corría el mes de abril de 1948 y la situación empeoraría en junio cuando las potencias occidentales introdujeron una nueva moneda en Alemania Occidental, mientras los soviéticos hacían lo propio en su zona y terminaban de cortar las vías de comunicación con Berlín por la superficie.

Aunque resulte extraño, en los acuerdos entre las distintas potencias no había nada previsto sobre el transporte de superficie, por lo que los soviéticos no estaban incumpliendo ningún tratado al bloquear unas comunicaciones que, sin embargo, se habían desarrollado con normalidad durante tres años. Curiosamente sí se habían pactado tres pasillos aéreos para unir Berlín con la zona de Alemania bajo ocupación occidental. La cosa estaba clara: o se admitía que Berlín quedara en manos soviéticas, o se intentaba forzar el paso por la fuerza, arriesgándose a una guerra, o se intentaba ganar tiempo abasteciendo a la ciudad únicamente por aire, burlando así el asedio.

572px-BerlinerBlockadeLuftwegeAlemania ocupada y los pasillos aéreos. Tomado de Wikipedia.

La última opción desafiaba lo imaginable. Estamos hablando de abastecer únicamente por aire a toda una ciudad que por aquel entonces tenía en estado de ruina total un 20% de sus edificios. Había que transportar de todo: desde harina y leche hasta carbón, especialmente esto último (supuso un 27% del total). Se calculaba que sólo en alimentos harían falta más de 1.500 toneladas diarias y la carga total sería de unas 4.500 toneladas al día. En una época en la que un avión como el DC3 podía cargar entre tres y cuatro toneladas el esfuerzo parecía imposible. Más aún si lo comparamos con el fracaso alemán en Stalingrado apenas cinco años antes: cuando intentaron abastecer por aire al sitiado VI ejército calcularon 700 toneladas diarias, que redujeron a 500 como mínimo indispensable, pero la Luftwaffe se veía incapaz de introducir en la ciudad más de 350 toneladas al día, y eso con suerte.

Y sin embargo no quedaba otro remedio que intentarlo. Al principio se pensó que el bloqueo duraría unas pocas semanas, pero la situación se prolongó y obligó a modificar los cálculos, porque no es lo mismo abastecer una ciudad en verano que en invierno, así que con el tiempo hubo que sumar casi mil toneladas más al día. Pronto se concentró el esfuerzo en utilizar aviones más grandes (el C54 de la foto inicial, por ejemplo, podía llevar unas diez toneladas y era más fácil de cargar y descargar que un DC3), pero aun así el esfuerzo era titánico y más aún en una época en la que las ayudas a la navegación no estaban tan desarrolladas como ahora y un mal día de neblina podía arruinar toda la operación. De hecho hubo accidentes, y unas 70 personas perdieron la vida en la operación, que en conjunto era una pesadilla logística, pero que mantuvo a la ciudad abastecida.

La llegada de mercancías que aseguraban que Berlín Oeste no pasaría a poder de la URSS presentó ante los alemanes la cara amable de la ocupación americana, pero la guinda la puso el piloto Gail Halvorsen. En una ocasión, junto al aeropuerto, habló con unos niños alemanes y les prometió llevarles dulces, así que en su siguiente vuelo reunió las golosinas de su ración y las de su tripulación y, por no arriesgarse a herir a alguien al dejarlas caer desde el avión, las tiró atadas a unos paracaídas improvisados con pañuelos. Pronto corrió la voz entre los niños berlineses, que esperaban la llegada de los aviones americanos con la expectación que es de suponer.

Los envíos de dulces continuaron cada vez en mayor cantidad hasta llegar a preocupar al propio Halvorsen, que sabía que su particular operación de abastecimiento era irregular, pero no se sentía capaz de defraudar a quienes le esperaban. Cuando su avión salió fotografiado en un periódico en el que se contaba su peculiar lanzamiento de golosinas, el atribulado piloto se vio convocado ante sus superiores. Sin embargo el mando norteamericano reconoció la excelente publicidad que suponían los lanzamientos de dulces, que a partir de entonces fueron autorizados y se hicieron más frecuentes. Quizás por eso aparecen tantos niños en la fotografía.

El bloqueo de Berlín resultó ser todo un fiasco para la URSS porque no sólo no había logrado hacerse con la ciudad sino que daba a su adversario la oportunidad de lucirse exhibiendo su competencia técnica. Había que rendirse a la evidencia, y en mayo de 1949 se anunció el fin del bloqueo. Durante casi un año Berlín había recibido más de 200.000 vuelos con un total superior a 2.200.000 toneladas de carga. Por su parte, los EEUU habían demostrado, además de una enorme capacidad logística, un gran compromiso con Europa Occidental ante el expansionismo soviético.

Pero lo mejor de todo fue la demostración de que por mucho que creciera la tensión ninguna de las dos partes estaba realmente decidida a llegar a la guerra: los americanos no habían intentado forzar las comunicaciones terrestres y por su parte los soviéticos, aunque hicieron algunas acciones para hostigar a los aviones del puente aéreo, nunca llegaron a abrir fuego contra ellos. Se habían establecido las reglas de un juego cuyas partidas se jugarían por todo el mundo durante los siguientes 40 años y en el que, por primera vez, las dos principales potencias del mundo renunciaron a enzarzarse en una guerra directa para dirimir su supremacía.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...
← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Por iBadomar

Avatar de Desconocido

Únete a otros 111 suscriptores

Estadísticas del blog

  • 124.117 visitas

Páginas

  • Diez años en Los Gelves
  • Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves

Archivo de entradas

Etiquetas

Accidente aéreo Alejandro Magno Alemania Antigüedad Arqueología Arquitectura Arte Atenas Aviación Batalla Carlos II Cartago Cervantes Churchill Cine Comet Comunismo Constantinopla Constitucion Control aéreo Corrupción Corsarios Cruzadas Cultura de seguridad Cultura justa Diocleciano Edad Media Edad Moderna Egipto Esparta España Espionaje Factores humanos Felipe V Fiscalidad Francia Franquismo Grecia Guerra del Peloponeso Guerra de Sucesión Guerra Fría Herodoto Hindenburg Historia Hitler ILS Imperio Bizantino Incidente aéreo Inocencio III Isabel I Isabel II Jerjes Jolly Roger Julio César Literatura Ludendorff Luis XIV Luis XVIII McRobertson Messerschmitt Modelo de Reason Modelo SHELL Momentos cruciales Mussolini Napoleón Navegación aérea Periodismo Persia Pintura Piratas Política Prehistoria Primera Guerra Mundial Pétain Radar Reactor Realismo Renacimiento Restauración Revolución Roma Salamina Segunda Guerra Mundial Seguridad aérea Sicilia Siglo XIX Siglo XVII Siglo XVIII Siglo XX Sila Stalin TCAS Temístocles Tetrarquía Tito Livio Transición Técnica Uberlingen Ucrania URSS

Meta

  • Crear cuenta
  • Iniciar sesión
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.com

Blog de WordPress.com.

Privacidad y cookies: este sitio utiliza cookies. Al continuar utilizando esta web, aceptas su uso.
Para obtener más información, incluido cómo controlar las cookies, consulta aquí: Política de cookies
  • Suscribirse Suscrito
    • Los Gelves
    • Únete a otros 111 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Los Gelves
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...
 

    %d