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Tengo que confesar que cuando estudiaba Historia había una parte que me resultaba muy poco atractiva: la Prehistoria. No podía con ella a pesar de que, paradójicamente, saqué notas muy altas. Había un motivo claro: de la Prehistoria sabemos muy poco y cuanto más retrocedemos en el tiempo menos información tenemos. Al no haber fuentes escritas sólo la arqueología nos proporciona datos con los que intentar reconstruir las sociedades de aquella época y eso lleva a un método de estudio bastante tedioso.

La cosa es más o menos así: en un yacimiento se descubre algo peculiar. Se decide que esa característica es suficiente para definir una cultura, se le da el nombre del yacimiento y, si se encuentran objetos con las mismas peculiaridades en otro lugar se supone que forma parte de la misma cultura. Como apenas sabemos más, en los manuales de estudio no se describe la vida ni los hechos de aquellas gentes sino simplemente se menciona la cultura, sus características y los yacimientos. Estudiar acaba siendo un ejercicio de memoria, más que de comprensión, y de ahí mi falta de interés.

Por ejemplo, si este blog fuera un yacimiento y se encontrara algo peculiar en él, como una forma característica en unas puntas de flecha, definiríamos la cultura gelvesiana. Luego aparece el mismo tipo de punta en otro yacimiento y se dice que se han encontrado en él puntas de flecha gelvesianas. ¿Por qué están ahí? ¿hubo comercio, emigración, mera casualidad? Es difícil de saber y como hay muchas más preguntas que respuestas, el estudio resulta bastante árido.

Pero a veces hay cosas que resultan llamativas, hasta para alguien a quien no le resulta interesante este tema, como es mi caso. Una de ellas es el Solutrense, que es una cultura que existió hace unos 20.000 a 15.000 años en el área que vemos en el mapa:

SolutrenseMapa tomado de Wikipedia

De este mapa es especialmente interesante el yacimiento número 12, llamado Solutré, precisamente por ser el que da nombre a esta cultura, que como he dicho ya, llegó a su final hace 15.000 años. Es una cultura paleolítica; del paleolítico superior, cierto, pero paleolítico al fin y al cabo. Esto implica que hablamos de personas que vivían de la caza y la recolección, que desconocían cosas tan elementales como la agricultura, la cerámica o la metalurgia. Todos sus instrumentos estaban hechos con piedra tallada, pieles, madera, hueso… vamos, que no eran el colmo del refinamiento.

¿Y qué tenía de peculiar esta gente para que os esté hablando de ella? La respuesta está en la siguiente imagen:

laurelImagen tomada del British Museum

La cultura solutrense se caracteriza, naturalmente, por algún tipo de instrumento lítico, en este caso por las puntas llamadas de hoja de laurel. Lo peculiar es que existen ejemplares como el de la fotografía, que se conserva en el British Museum, que apenas tienen 6 milímetros de espesor para una longitud de casi 30 centímetros. Y aquí es donde todos mis prejuicios sobre la Prehistoria se vienen abajo y por eso escribo este artículo: como terapia.

Solemos pensar que tallar piedra es una cosa que se hace a golpes y que por lo tanto carece de sutileza. Pues bien, en este caso se empleaban sistemas como la talla por presión e incluso el tratamiento térmico del sílex (es decir que lo calentaban para trabajarlo mejor). Sólo así podían conseguir una hoja tan delgada que servía para… ¿para qué demontre servía algo así? Como arma arrojadiza no. Imaginemos una lanza con una punta de piedra tan larga y fina. Se rompería al primer intento de uso. Entonces, ¿para qué diablos se empleaba el objeto de la foto?

Como siempre, cuando se trata de la Prehistoria, no se sabe la respuesta con certeza, pero se cree que debía de ser un objeto de prestigio. ¿Un regalo para el jefe de una tribu? ¿un ejercicio de estilo de un artesano hábil? ¿las dos cosas? Si añadimos que este objeto en particular está fabricado con un sílex que no es originario de la región en la que se encontró la punta y que junto a ella no había huesos ni otros objetos, aparte de otras puntas similares, el enigma se acentúa. ¿Las ocultó alguien con la intención de recuperarlas después, pero ya no pudo volver a recogerlas? Quién sabe.

Por eso el solutrense es para mí una excepción dentro de la Prehistoria. Uno piensa en una sociedad de salvajes incapaces de hacer la o con un canuto y se encuentra con artesanos que, aunque tienen un repertorio limitado de técnicas, las dominan y desarrollan hasta el límite. Y no sólo eran capaces de hacer objetos de gran delicadeza sino que reconocían la excepcionalidad de tales artefactos y, aparentemente, les otorgaban un valor que no venía dado por su utilidad práctica sino por su belleza o por su excepcionalidad. Para ser parte de una cultura primitiva, resultan sorprendentemente sofisticados.

Y esto es lo que me enseñó el Solutrense: que en mitad de una materia que yo consideraba tediosa podía encontrar un detalle fascinante y que no hay nada como estudiar para deshacerse de prejuicios. Aunque he de reconocer que no los abandoné del todo, como lo demuestra que éste es el 91º artículo que se publica en este blog y el primero que habla de Prehistoria. Definitivamente, lo del Solutrense, en mi caso, es una excepción y la Prehistoria no es lo mío.

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