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Ahora que tanta polvareda ha levantado el saberse que muchos aspirantes a maestro tienen un nivel de conocimientos muy por debajo de lo requerido, quizás habría que preguntarse si las condiciones de la profesión son las adecuadas para atraer a personas con un nivel más alto. He mencionado a los maestros porque es el colectivo que ahora mismo está bajo el foco de los medios de comunicación, pero el razonamiento es extrapolable a bomberos, funcionarios, pilotos, médicos, controladores aéreos o notarios. Pero esta vez no seré yo quien argumente sobre este asunto, sino que le cederé la palabra a otra persona y me limitaré a aportar la traducción.

La historia del vuelo de US Airways cuyo comandante, en una situación de emergencia, decidió arriesgarse a amerizar en el Hudson es muy conocida. Quizás algún día traiga ese accidente a este blog, pero ahora se trata de escuchar a Chesley B. Sullenberger, conocido como Sully, el comandante de la aeronave. Citado a declarar ante el Congreso de los Estados Unidos, Sully aprovechó la ocasión para reivindicar un sector, el de la aviación, en el que la presión económica ha hecho que lo que eran profesiones respetadas y lucrativas hayan perdido atractivo con la consiguiente degradación en la calidad. Lo que sigue es la traducción de su intervención. Quien tenga interés en leer el original puede hacerlo en este enlace, que recomiendo si se domina el inglés, puesto que no soy traductor profesional. El discurso es el siguiente:

No sólo estoy orgulloso de mi tripulación; estoy orgulloso de mi profesión. Volar ha sido la pasión de mi vida. Me considero afortunado de haber dedicado mi vida a una profesión que me encanta y en la que tengo compañeros a los que respeto y admiro. Pero, honorables diputados, aunque adoro mi profesión no me gusta lo que le ha ocurrido. No estaría cumpliendo con mi deber si no les informara a ustedes de cuánto me preocupa su futuro.

Los norteamericanos han sufrido enormes dificultades económicas durante los últimos meses, pero los empleados de líneas aéreas han sufrido esos problemas y más aún durante los últimos 8 años. En este tiempo nos ha alcanzado un tsunami económico: el 11 de septiembre, quiebras, variaciones en el precio del combustible, fusiones, pérdida del derecho a  pensión y gestores de quita y pon que utilizan a los empleados de sus compañías como si fueran un cajero automático, han dejado a las personas que trabajan para aerolíneas de los Estados Unidos en una situación de grandes dificultades económicas.

El hecho de que mis compañeros en esta industria aún puedan mantener tan alto nivel es una increíble demostración de su carácter, profesionalidad y dedicación. En mi propia experiencia personal, mi decisión de seguir en la profesión ha supuesto un gran coste económico para mí y para mi familia. Mi sueldo se ha recortado en un 40% y mi pensión, como en casi todas las aerolíneas, ha sido sustituida por un fondo que apenas devuelve unos peniques por dólar.

No somos los pilotos los únicos que atravesamos dificultades financieras -y quiero resaltar que admito cuán difíciles son estos tiempos para todo el mundo-, pero es importante subrayar que las condiciones de nuestro trabajo han cambiado drásticamente desde que comencé mi carrera profesional, lo que ha llevado a una situación económica insostenible a los pilotos y sus familias. Cuando mi empresa ofreció a los pilotos que habían sido despedidos la posibilidad de regresar al trabajo, un 60% de ellos se negaron. Intentaré expresarlo con toda claridad: por favor no piensen que exagero si digo que no conozco a un solo piloto profesional al que le gustaría que un hijo suyo siguiera sus pasos.

Me preocupa que la profesión de piloto de línea aérea ya no atraiga a los mejores y más brillantes. El actual nivel de experiencia y destreza de nuestros pilotos profesionales procede de inversiones realizadas hace años cuando aún podíamos atraer a personas ambiciosas y de talento que ahora emigran frecuentemente hacia carreras profesionales más lucrativas. Aquellas inversiones del pasado fueron un elemento indispensable para crear una infraestructura de aviación comercial fundamental para un transporte aéreo seguro y para la economía y seguridad de nuestro país. Si no valoramos suficientemente la profesión de piloto de línea aérea y los futuros pilotos pierden progresivamente habilidad y experiencia, la lógica indica que veremos consecuencias negativas para los pasajeros, y para nuestro país.

Afrontamos grandes retos en el sector. Para alcanzar la estabilidad económica y progresar firmemente en la seguridad de los pasajeros, los gestores deben cooperar con los trabajadores y negociar de buena fe. Hemos de encontrar juntos soluciones para encarar los enormes desafíos económicos que afrontamos para atraer y retener a los profesionales con experiencia y talento que solicita el sector y que requiere la seguridad de los pasajeros. Más aún, hemos de desarrollar y mantener en cada aerolínea y organismo de aviación un ambiente, una cultura, que equilibre las necesidades de responsabilidad y conocimiento. Hemos de crear y mantener una confianza totalmente necesaria para tener un sistema eficiente de notificaciones de seguridad que detecte y corrija las deficiencias antes de que lleven a un accidente. No podemos permitir que la mejora constante de medidas de seguridad y una formación continua y exhaustiva dejen de ser prioritarias a causa de la presión económica y financiera. Está demostrado que en aviación la pieza más importante para la seguridad es un piloto experto y bien entrenado.

Pese a la mala situación económica que atravesamos y pese a los muchos desafíos que afronta nuestro país, tengo fe en América, en nuestra gente, en nuestro compromiso. He mencionado brevemente algunos de los mayores problemas por los que pasa mi sector, pero no creo que sean irresolubles si decidimos trabajar juntos para encararlos.

Todos hemos de colaborar en esta tarea. Pese a las turbulencias económicas que golpean el sector, las compañías aéreas han de concentrar su atención, y sus recursos, en la contratación y retención de pilotos expertos y bien entrenados, convirtiendo este aspecto en una prioridad de rango equivalente al resultado económico. Jeff y yo junto a nuestros compañeros pilotos seguiremos volando aviones y mejorando nuestra formación y entrenamiento mientras intentamos mantener a nuestras familias. Patrick, junto con otros controladores aéreos de talento, seguirá guiándonos con seguridad por el cielo, nuestros pasajeros continuarán gastando un dinero duramente ganado en pagar por su viaje y nuestros tripulantes de cabina, mecánicos, personal de tierra y administrativo proseguirán resolviendo los miles de detalles y cuestiones que mantienen a nuestros aviones en el aire con seguridad.

Ustedes pueden ayudarnos, honorables diputados, trabajando conjuntamente sin divisiones partidistas y pueden solicitar o legislar que trabajadores, gestores, expertos en seguridad, educadores, expertos técnicos y americanos de a pie trabajen juntos en encontrar solución a estas cuestiones. Asumamos todos nuestras responsabilidades honestamente y con respeto por los demás. Hemos de mantener una aviación comercial americana segura y asequible para los pasajeros y económicamente viable para aquéllos que trabajan en el sector día tras día. Y pensando en esos hombres y mujeres jóvenes que se plantean hacia dónde dirigir sus vidas, hemos de recuperar el discurso de una apasionante carrera en la aviación, con suficientes recursos económicos como para hacer de esta visión una realidad.

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