• Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves
  • Diez años en Los Gelves

Los Gelves

~ Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos.

Los Gelves

Archivos de etiqueta: Historia

Vecinos y condueños

06 sábado Oct 2012

Posted by ibadomar in Arte, Historia, Política

≈ 3 comentarios

Etiquetas

Alcalá de Henares, Arquitectura, Arte, Cisneros, Condueños, Desamortización, Gil de Hontañón, Historia, Política, Renacimiento, Siglo XIX, Siglo XX

Recientemente fue noticia la singularidad del ayuntamiento de Torrelodones. Como vemos en este artículo, allí el poder local lo ostenta una agrupación de vecinos en lugar de los partidos políticos tradicionales. Si esto ya es extraordinario más aún lo es el que el consistorio haya logrado un superávit superior a los 5 millones de euros precisamente en estos momentos de crisis. A mí no me resulta extraño que sean precisamente los vecinos los que consigan encarrilar una situación creada por los profesionales de la política, es más, me recuerda bastante a otro suceso ocurrido 160 años antes.Esto que vemos aquí es la fachada del rectorado de la Universidad de Alcalá de Henares. La realizó Rodrigo Gil de Hontañón a mediados del siglo XVI y se considera una obra especialmente representativa de la arquitectura renacentista española. En aquel entonces el edificio era el Colegio Mayor de San Ildefonso y formaba parte de la Universidad que, por estar en Alcalá, era conocida como Complutense. La fachada es digna de ser admirada y no sólo por el gusto estético sino también por la simbología de su ornamentación, en la que los tres pisos que la componen tienen una relación jerárquica. La describiré brevemente para que nos hagamos una idea de las alegorías que encierra.

El piso inferior, en el que está la puerta de acceso, tiene cuatro ventanas en hilera sobre cada una de las cuales, en un tondo enmarcado en un frontón, aparece la efigie de uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia de Occidente (por si alguien siente curiosidad diremos que son S. Ambrosio, S.Jerónimo, S. Agustín y S. Gregorio); por encima, en el primer piso, hay dos ventanas y sobre ellas, con una posición jerárquica superior a la de los cuatro santos anteriores, la efigie de los dos apóstoles más importantes, S. Pedro y S. Pablo, además de la imagen de S. Ildefonso, que da nombre al Colegio Mayor que albergaba el edificio. Más arriba, en el segundo piso está el escudo del Emperador Carlos V y por encima de él, en lo más alto de la jerarquía, Dios Padre en actitud de bendecir. En cuanto al punto central del edificio, el balcón situado sobre la entrada, corresponde a la biblioteca, donde se guardan los mayores tesoros de sabiduría de la Universidad, y por eso aparece tan bien protegido, con columnas sujetadas por Atlantes mientras unos alabarderos lo custodian. Hay más elementos que podemos mencionar, como los cordones franciscanos que recorren la fachada, símbolo de la orden a la que pertenecía Cisneros, pero lo más significativo es lo que queda descrito.

Si traigo a colación este edificio no es por su valor artístico sino por su relación con los vecinos de la ciudad. La Universidad de Alcalá, de la que el Colegio Mayor de San Ildefonso era el núcleo, fue fundada por el Cardenal Cisneros en 1499. No entraremos en detalles de su historia sino que nos limitaremos a decir que fue prestigiosa, pero sufrió con el tiempo una inevitable decadencia que culminó en 1836 con la desamortización de Mendizábal, que supuso el traslado de la Universidad a Madrid y la subasta de sus bienes, entre ellos el edificio que nos ocupa y que fue adquirido por un particular que tenía el proyecto de instalar en él una fábrica de seda. El proyecto no llegó a buen puerto y el edificio fue vendido a otro particular, el conde de Quinto, que no tuvo empacho en vaciarlo de obras de arte y que al parecer acariciaba la idea de desmontar la fachada para que fuera trasladada a otro lugar pieza por pieza.

Hoy en día este edificio, corazón de la Universidad de Alcalá de Henares, está incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad junto con el centro histórico de la ciudad, lo que no habría ocurrido de haberse llevado a cabo el proyecto del conde de Quinto, pero ¿qué fue lo que evitó el desmantelamiento del patrimonio histórico y cultural de Alcalá? No fue ninguna ley de conservación de bienes culturales ni una acción parlamentaria. Fueron los propios ciudadanos los que tomaron la iniciativa, alarmados por la desaparición de la herencia cultural de la ciudad, y reunieron fondos para comprarle al conde de Quinto el edificio, lo que hicieron en diciembre de 1850. Formaron para ello la Sociedad de condueños de los edificios que fueron Universidad, organización creada para salvarguardar el patrimonio artístico de Alcalá en la que participaron vecinos de toda condición que lograron reunir un capital de 90.000 reales repartido en 900 acciones de 100 reales cada una.

La moraleja de esta historia, en mi opinión, es que cuando algo importante está en juego son los propios ciudadanos los que realmente saben cómo cuidar de sus propios intereses. Si los habitantes de Alcalá de Henares hubieran confiado en la acción del gobierno para conservar su patrimonio habrían visto cómo éste desaparecía sin remedio. En el presente, en estos tiempos difíciles en los que tanto hay en juego, ¿cómo habrían actuado los fundadores de la Sociedad de Condueños? Iniciativa, desde luego, no les faltaba, por lo que es poco probable que se hubieran quedado quietos. Lástima que ya no podamos pedirles consejo, aunque aún sea posible aprender de ellos.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

Cannas

05 miércoles Sep 2012

Posted by ibadomar in Historia

≈ 1 comentario

Etiquetas

Aníbal, Antigüedad, Batalla, Cannas, Cartago, Fabio, Guerras Púnicas, Historia, Marcelo, Momentos cruciales, Paulo, Roma, Tito Livio, Varrón, Zama

Uno de los primeros artículos de este blog trataba de la batalla de Salamina, a la que me refería como un instante crucial de la Historia. Hoy hablaremos de otro momento crítico, aunque en esta ocasión nuestro relato será muy diferente. Se trata de una batalla, sí, pero contra lo que podía parecer en el momento en el que se libró, no fue una batalla decisiva, al contrario, puesto que quien salió vencido se alzaría a la larga con el triunfo en la guerra. Pese a ello ha habido pocos días tan célebres y estudiados como aquel 2 de agosto del año 216 antes de Cristo. Aquel día, cerca de Cannas, un ejército romano fue estrepitosamente derrotado por las fuerzas cartaginesas comandadas por Aníbal. El planteamiento del gran general cartaginés fue tan perfecto que la batalla se sigue estudiando en las escuelas militares dos milenios y cuarto después de que fuera librada. Las consecuencias para Roma fueron catastróficas, pero aun así ganó la guerra. Merece la pena repasar lo que ocurrió aquel día y, sobre todo, lo que sucedió después. Pero vayamos con los antecedentes.

La Segunda Guerra Púnica había comenzado de forma desconcertante para Roma. Aníbal se presentó en Italia siguiendo una ruta terrestre al poco de declararse las hostilidades, sin que ningún estratega romano hubiera pensado que la guerra alcanzaría terreno italiano. Naturalmente Aníbal sabía que no tenía capacidad para  tomar Roma al asalto pero, como se demostró durante los años 218 y 217 antes de Cristo, sí podía campar por la península socavando las alianzas de Roma con las tribus de Italia, desgastando la resistencia romana y, cuando los romanos se dejaban arrastrar a la batalla, infligiendo severas derrotas a las legiones. Aníbal era consciente de que Roma poseía una buena infantería pesada, pero su caballería no era rival para los cartagineses y el genio táctico del general púnico superaba al de cualquier romano que se le enfrentara.

Los romanos decidieron escoger un dictador, posibilidad permitida por la ley en caso de emergencia, y eligieron para el caso a Quinto Fabio Máximo, que adoptó lo que desde entonces se conoce como estrategia fabiana y que consiste en rehuir el enfrentamiento directo con el enemigo. Fabio se limitaba a pequeñas escaramuzas para desgastar al ejército adversario mientras que colocaba al suyo propio siempre en posiciones escarpadas en las que la caballería cartaginesa no podía actuar. La situación era desesperante para la opinión pública romana puesto que el ejército de su flamante dictador se limitaba a perseguir al de Aníbal sin aceptar nunca la batalla. Fabio recibió el sobrenombre Cunctator, que significa retardador, y pasados los seis meses de su mandato el poder volvió a los cónsules, que aquel año fueron Lucio Emilio Paulo y Marco Terencio Varrón. Y ellos no retrasaron el enfrentamiento. Más les habría valido hacerlo, por cierto.

Los cónsules tenían a su disposición un gran ejército. Como de costumbre en estos casos no se sabe el tamaño exacto ni siquiera su composición, pero es habitual aceptar el dato de 8 legiones con sus correspondientes contingentes aliados para sumar unos 80.000 hombres, más o menos el doble de las fuerzas de Aníbal, aunque hay que recordar que la caballería púnica era superior en número y calidad a la romana. Ambos ejércitos se enfrentaron a orillas del río Ofanto y podemos imaginar el despliegue como dos formaciones de infantería con caballería en las alas. La infantería romana formaba una línea recta, mientras que la cartaginesa adoptaba una disposición abombada en la que el centro, donde estaban las tropas más débiles, sobresalía hacia el enemigo. Cuando ambas infanterías chocaron, el centro púnico, como era de esperar, se fue hundiendo mientras que la caballería de Aníbal no tenía ningún problema en poner en fuga a los jinetes romanos y salir en su persecución.

En ese momento Aníbal hizo avanzar los extremos de su línea de infantería con el resultado natural de que la formación se transformara en una bolsa en cuyo interior estaba todo el ejército romano. Para completar el cerco, se produjo el regreso de la caballería y así las legiones se encontraron totalmente rodeadas. Como una imagen lo explicará más elocuentemente que yo, he buscado una que ilustra lo que ocurrió.

Se cree que de los 80.000 romanos murieron unos 70.000 mientras que las bajas en el ejército de Aníbal fueron de unos 6.000 hombres. Nunca se había visto nada igual. Aníbal había conseguido una victoria inigualable y buena parte de los aliados italianos de Roma se pasaron a sus filas. Sus generales le incitaban a marchar sobre Roma, aunque él desoyó el consejo y todavía hoy hay división de opiniones acerca de si se equivocó o no. Es posible que tomar Roma hubiese estado fuera del alcance de Aníbal y en ese caso la intentona habría servido sólo para empañar la gran victoria, pero también puede que hubiera tenido éxito, aunque la reacción de la Ciudad deja poco lugar a dudas en cuanto a la determinación de seguir luchando de sus habitantes.

Imaginemos cómo cayó en Roma la noticia. 70.000 muertos es una cifra enorme y es difícil que hubiese alguien en la ciudad que no hubiese perdido a varios parientes o amigos. Sin embargo el Senado no se planteó la posibilidad de capitular. Al contrario, se prohibió llorar a los muertos en público para evitar que se hundiese la moral, se pusieron guardias que impedían abandonar la ciudad a los posibles desertores y se procedió a reclutar nuevas tropas entre los romanos más jóvenes, a los que hubo que armar con los trofeos de victorias del pasado por falta de material de guerra. El Senado rechazó pagar rescate por los prisioneros, para no dar dinero al enemigo ni fomentar la falta de disposición a sacrificarse por la patria. Por último, se recurrió a un cruel rito casi olvidado: un hombre y una mujer galos y un hombre y una mujer griegos fueron enterrados vivos en el foro boario para aplacar a los dioses.

A posteriori resultó que la táctica fabiana era la correcta y por ello el sobrenombre Cunctator se convirtió en un título honorífico, aunque suena mucho mejor el que le dio a Quinto Fabio el historiador Tito Livio: el escudo de Roma. Por cierto que en aquella misma época a Claudio Marcelo se le conoció como la espada de Roma, lo que demuestra que los romanos tenían un gran talento para los sobrenombres sonoros y evocadores.

La Segunda Guerra Púnica tendría aún muchos episodios y alternativas en diferentes teatros de operaciones hasta la definitiva derrota cartaginesa en Zama en el año 202 a.C, pero lo que me gustaría transmitir es lo excepcional de Cannas, no tanto por la aplastante victoria de Aníbal sino por la reacción romana. Hay mucha materia para reflexionar. Personalmente considero por lo menos los siguientes puntos de interés:

– A menudo lo que se desea es la opción equivocada: a Cunctator su táctica le costó el descrédito porque toda Roma estaba deseando llegar de una vez a la batalla. Como hemos visto esto colocó a la república al borde del desastre, aunque al menos los romanos tuvieron la grandeza suficiente como para reconocer el mérito de Fabio a posteriori. Esto nos podría llevar también a reflexionar sobre lo acertado o no de las decisiones tomadas a partir de la opinión pública, pero aunque el asunto es apasionante para tratarlo en una charla de sobremesa, entraríamos en un terreno muy escabroso.

– Nunca hay que darse por vencido antes de tiempo: Roma podría haber pedido la paz después de Cannas y no habría historiador que negara que era la única opción razonable después de semejante desastre. Y sin embargo a la larga Roma salió vencedora y convertida en la gran potencia del Mediterráneo gracias a su testarudez.

– No basta con vencer y sobre esto es especialmente elocuente el reproche que al parecer hizo Maharbal a Aníbal cuando éste renunció a marchar sobre Roma tras la victoria de Cannas: «Los dioses no dan todos sus dones a un solo hombre. Tú sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovechar la victoria». Y es que no basta con el triunfo de un día si sobre él no se construye nada.

La gran victoria de Aníbal es, como se ve, un asunto digno de estudio y de reflexión, como también lo es su derrota en Zama ante Escipión. Pero la historia de Zama merece un artículo aparte y por eso os la contaré otro día.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

Hace 800 años. Las Navas de Tolosa.

20 viernes Jul 2012

Posted by ibadomar in Historia

≈ 6 comentarios

Etiquetas

Al Andalus, al-Nasir, Alfonso IX, Alfonso VIII, Almohades, Almorávides, Batalla, Edad Media, Historia, Inocencio III, Momentos cruciales, Navas de Tolosa, Pedro el Católico, Reconquista, Sancho el Fuerte

Dedicado a @AntonioMaestre, porque una discusión tuitera con él dio origen a este artículo, y puede que a otro u otros dos más.

Como apenas sigo los medios de comunicación no estoy seguro de si se ha conmemorado de alguna manera especial el octavo centenario de la batalla de las Navas de Tolosa. Me da la impresión de que no, y eso a pesar de que es un acontecimiento muy significativo de nuestra Historia. Intentaré poner mi granito de arena para divulgar qué ocurrió aquel 16 de julio de hace 800 años en la batalla que inspiró este cuadro de van Halen que hoy puede contemplar quien se acerque a visitar el Senado, si es que hay alguien que lo haga.

En uno de mis primeros artículos dije que hay algunos raros momentos en los que se aprecia cómo la Historia se encuentra ante una bifurcación y toma uno u otro camino. Aquél 16 de julio de 1212 se considera por lo general como uno de esos días, aunque puede que no fuese tan decisivo como se cree: el poder almohade declinaba y los reinos cristianos estaban en plena pujanza, así que posiblemente una victoria andalusí no habría hecho sino retrasar lo inevitable. Naturalmente no podemos estar seguros, ya que una derrota cristiana podría haber dado a los andalusíes la capacidad de retomar la iniciativa y reorganizar su reino. En ese caso el mundo no sería como hoy lo conocemos. Pero vayamos a los hechos.

En el siglo XI la presión de los reinos cristianos había crecido de tal manera que los reyes de taifas acudieron en busca de ayuda al norteafricano imperio almorávide, pese a la desconfianza que el extremado rigor religioso de aquellos bereberes recientemente convertidos al islam inspiraba a los musulmanes de al-Ándalus; pero a mediados del siglo XII los almorávides ya no eran la gran potencia militar de antaño y habían relajado un tanto su pasión por la religión. Surgió por entonces, también en el norte del África, una nueva amenaza para almorávides y cristianos: los almohades.

Si los almorávides estaban unidos por la religión y los lazos tribales, sus enemigos almohades debían su cohesión casi en exclusiva a su intransigencia religiosa, que incluso les llevaría a considerar a sus teóricos hermanos de fe de al-Ándalus como herejes cuya sangre puede ser derramada en la guerra santa. La paradoja estriba en que durante la segunda mitad del siglo XII, una vez que los almohades dominaron al-Ándalus tras acudir en apoyo de los musulmanes hispanos de la misma manera que lo habían hecho cien años antes sus predecesores, resultaron más tolerantes que éstos. Al menos así lo piensan muchos historiadores a la vista de los numerosos edictos que el califa almohade escribía para recordar los rigores de la religión y amenazando con duros castigos a quien no cumpliera. ¿Por qué se repetían tanto las mismas órdenes si no era porque en realidad no llegaban a acatarse? Que filósofos como Averroes desarrollaran su actividad en esta etapa parece demostrar que hubo más tolerancia de la que cabría sospechar.

Con rigor o sin él la cohesión social de al-Ándalus debía mucho al poder militar almohade, pero a finales del siglo XII se empezaba a notar su declive. Ciertamente aún lograrían imponerse a Alfonso VIII en Alarcos en 1195, pero sus rivales almorávides habían resurgido en el norte de África con el peligro que ello suponía. Quizás por esto el califa de ese momento redobló su fervor y buscó congraciarse con los teólogos con medidas extremas como la persecución a los filósofos o imponiendo a los judíos la obligación de llevar una señal distintiva para diferenciarlos de los musulmanes.

También en el campo cristiano había devoción. Tanta que un viejo conocido de este blog, el Papa Inocencio III decidió llamar a los caballeros europeos a una cruzada contra los almohades. El llamamiento no tuvo demasiado eco salvo en los reinos peninsulares y aun así con algunas reservas: Alfonso IX de León no sólo no estuvo presente en las Navas sino que aprovechó la ocasión para recuperar algunas plazas que habían quedado en poder de Castilla, mientras que sólo la amenaza de excomunión movió a Sancho el Fuerte de Navarra a acudir con retraso y a la cabeza de un reducidísimo ejército. La contienda fue breve, puesto que la campaña llevó a una única gran batalla, que tuvo lugar el 16 de julio de 1212.

El resultado de la batalla de las Navas de Tolosa, aun siendo una gran victoria cristiana, no supuso para los musulmanes el cataclismo que comúnmente se cree. La prueba es que en 1214 Alfonso VIII de Castilla, que no conseguía avances en sus campañas y veía cómo una grave sequía hacía imposible el esfuerzo de guerra, firmó una tregua con los musulmanes para morir poco después dejando un heredero de apenas 11 años con la incertidumbre que ello suponía para el reino. Por su parte, Pedro el Católico de Aragón tampoco sobrevivió largo tiempo a la victoria de las Navas: murió en 1213 dejando como heredero a un niño de apenas 5 años, el futuro Jaime el Conquistador, mientras peleaba paradójicamente contra un ejército cruzado que pretendía combatir la herejía cátara en un conflicto en el que en realidad se disputaba el control del condado de Tolosa (Toulouse). El tercer rey cristiano presente en las Navas, Sancho el Fuerte de Navarra, tuvo mejor suerte puesto que reinó aún durante 22 años.

En cuanto al derrotado califa al-Nasir, conocido entre los cristianos como Miramamolín, se refugió en Marraquech, donde fue asesinado en 1213. Le sucedió su hijo al-Mustansir de 15 años, que al parecer no tenía especiales dotes de gobierno y sí una gran afición a lidiar toros. De hecho parecer ser que su muerte, en 1224 se produjo en un accidente taurino. No dejó herederos, lo que complicó aún más la delicada situación almohade.

En resumen, la batalla fue crucial, pero puede que no fuese exactamente decisiva. El declive almohade se debe más a su fracaso en cohesionar su propio imperio que a factores externos. Los reinos cristianos consiguieron grandes avances en la Península en el siglo XIII, pero no inmediatamente después de la que fue, eso sí hay que reconocerlo, una importantísima victoria. Lástima que se haya perdido la ocasión, una vez más, de dar a conocer un episodio que explica por qué hoy somos como somos.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...
← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Por iBadomar

Avatar de Desconocido

Únete a otros 112 suscriptores

Estadísticas del blog

  • 127.035 visitas

Páginas

  • Diez años en Los Gelves
  • Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves

Archivo de entradas

Etiquetas

Accidente aéreo Alejandro Magno Alemania Antigüedad Arqueología Arquitectura Arte Atenas Aviación Batalla Carlos II Cartago Cervantes Churchill Cine Comet Comunismo Constantinopla Constitucion Control aéreo Corrupción Corsarios Cruzadas Cultura de seguridad Cultura justa Diocleciano Edad Media Edad Moderna Egipto Esparta España Espionaje Factores humanos Felipe V Fiscalidad Francia Franquismo Grecia Guerra del Peloponeso Guerra de Sucesión Guerra Fría Herodoto Hindenburg Historia Hitler ILS Imperio Bizantino Incidente aéreo Inocencio III Isabel I Isabel II Jerjes Jolly Roger Julio César Literatura Ludendorff Luis XIV Luis XVIII McRobertson Messerschmitt Modelo de Reason Modelo SHELL Momentos cruciales Mussolini Napoleón Navegación aérea Periodismo Persia Pintura Piratas Política Prehistoria Primera Guerra Mundial Pétain Radar Reactor Realismo Renacimiento Restauración Revolución Roma Salamina Segunda Guerra Mundial Seguridad aérea Sicilia Siglo XIX Siglo XVII Siglo XVIII Siglo XX Sila Stalin TCAS Temístocles Tetrarquía Tito Livio Transición Técnica Uberlingen Ucrania URSS

Meta

  • Crear cuenta
  • Iniciar sesión
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.com

Blog de WordPress.com.

Privacidad y cookies: este sitio utiliza cookies. Al continuar utilizando esta web, aceptas su uso.
Para obtener más información, incluido cómo controlar las cookies, consulta aquí: Política de cookies
  • Suscribirse Suscrito
    • Los Gelves
    • Únete a otros 112 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Los Gelves
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
Cargando comentarios...
%d