• Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves
  • Diez años en Los Gelves

Los Gelves

~ Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos.

Los Gelves

Archivos de etiqueta: Historia

Cien años de una leyenda

11 lunes Sep 2017

Posted by ibadomar in Aviación, Historia

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Aviación, Ernst Udet, Göring, Georges Guynemer, Historia, Primera Guerra Mundial, Siglo XX, SPAD

En mi artículo anterior mencioné a algunos aviadores que desaparecieron sin dejar rastro, como lo habían hecho Nungesser y Coli, pero no cité entre ellos a Georges Guynemer. Guynemer fue el gran héroe de Francia entre los pilotos de la Primera Guerra Mundial, por delante de Nungesser e incluso de René Fonck, el piloto francés que más derribos consiguió durante la guerra, pero cuya personalidad arrogante le negaba el encanto que le aportaba a Guynemer su natural timidez y su fragilidad física… cuando estaba en tierra, porque en el aire era una fiera.

Su nombre completo era Georges Marie Ludovic Jules Guynemer. Semejante longitud onomástica sugiere un origen aristocrático, y ciertamente su familia era del más rancio abolengo, por lo que no es de extrañar que el honor de la familia le llevara a alistarse al estallar la guerra, aunque los médicos lo declararon inútil para el servicio. No contaban con la tozudez del joven Georges, que no paró hasta conseguir que lo aceptaran, aunque fuera como mecánico de aviación. A base de tesón y de insistencia consiguió hacerse piloto y ser destinado a una escuadrilla de caza que iba a hacerse mítica, en buena medida gracias a él: la Escuadrilla de las Cigüeñas.

La personalidad de Guynemer se refleja en su reacción al ser aceptado para el entrenamiento en monoplazas. Si en el artículo anterior vimos que Nungesser se fue a volar con su Nieuport sobre Nancy aterrorizando a toda la ciudad, Guynemer también hizo un espectáculo de acrobacia, pero mucho más discreto: lo hizo sobre la casa de su familia. Posteriormente escribió para preguntar si le habían visto y al recibir la respuesta de que su madre había pasado mucho miedo, le faltó tiempo para escribir de nuevo asegurando que se sentía despreciable «por haber asustado a mamá».

Pronto empezó a acumular derribos, por lo que el 24 de diciembre de 1915 tuvo tres cosas que celebrar: la Nochebuena, su mayoría de edad (cumplía 21 años) y ser condecorado con la Legión de Honor. Llegaría a alcanzar los 53 aviones derribados, siendo el primero de los ases franceses mientras vivió y quedando segundo en el escalafón al final de la guerra, aunque siempre fue el primero en cuanto a popularidad.

La fama de Guynemer se asocia a un avión en concreto, el SPAD VII, que vemos en las fotografías. Por una vez no las he tomado de Wikipedia, sino que son fotos propias, de una maqueta a escala 1/72 hecha por mí mismo.

El SPAD era un biplano más robusto y rápido que ágil, pero eso no le quitaba mérito como caza porque, en contra de la opinión más extendida, la maniobra ideal para un avión de caza no es necesariamente una sucesión de acrobacias sino descender en picado, ganando velocidad para echarse encima del avión enemigo, abrir fuego a quemarropa y pasar de largo como una exhalación dejando detrás un avión herido de muerte. En ese tipo de combate, Guynemer era un maestro.

Es curioso que su acción más conocida sea todo lo contrario: un largo combate individual contra otro de los grandes pilotos de la guerra, el alemán Ernst Udet, cuya personalidad era totalmente opuesta a la de su rival francés. Udet era bebedor y mujeriego, pero igualmente temible en el aire cuando aprendió a serlo, porque al principio no lo tuvo fácil. No por falta de talento sino porque era incapaz de abrir fuego contra un avión pilotado por un joven como él, por muy enemigo que fuera. La realidad de la guerra, sin embargo, acabó por imponerse y Udet llegaría a ser el segundo piloto alemán por número de derribos con 62.

Un día, ambos se encontraron en el aire. Lo contó Udet en sus memorias. Él se encontró aislado y fue a dar con un piloto francés que estaba patrullando solo (en aquella época se hacían ese tipo de locuras). Se lanzaron uno contra otro, cruzándose muy cerca, tanto que Udet recordaba un rostro pálido y delgado. Inmediatamente ambos iniciaron una maniobra para dar media vuelta y ambos se encontraron con que su adversario había reaccionado exactamente igual. Nuevo cruce, nuevo intento… ninguno de ellos consigue una posición de tiro, y una vez más se pasan rozando. Al tercer o cuarto cruce, Udet ya había memorizado el aspecto del avión enemigo: el emblema de la cigüeña, el número 2, las palabras «Vieux Charles» sobre el fuselaje. No cabía duda de a quién se enfrentaba. La danza aérea prosiguió durante varios minutos. Por un instante Udet creyó tener una oportunidad y apretó el disparador. Nada. Desesperación. ¡Nada! La ametralladora se había encasquillado, dejando a Udet desarmado frente al más temible de los pilotos franceses.

Mientras seguía con sus maniobras, ahora con el único objeto de no ponerse a tiro, el piloto alemán comenzó a golpear el arma en un intento de desencasquillarla. Un nuevo giro, otra vez ambos aviones prácticamente de frente, de nuevo un cruce a corta distancia para proseguir con aquel duelo que ya sólo podía tener un vencedor. Y en el momento en que ambos aviones se cruzaban, casi rozándose, Guynemer, que había visto los esfuerzos de su rival y comprendía lo que estaba pasando, saludó a su enemigo con la mano y abandonó el combate poniendo rumbo a su base.

Los dos rivales de aquel día vivirían destinos muy diferentes. Udet sobrevivió a la guerra para convertirse en piloto de exhibición acrobática. Con el ascenso de los nazis al poder, recibió una oferta de Hermann Göring, que antes de ser un jerarca nazi había sido piloto de caza durante la guerra. Udet aceptó, se afilió al partido nazi y fue nombrado responsable técnico de la nueva fuerza aérea, la Luftwaffe. Si alguien piensa que había vendido su alma al diablo, acierta. Udet no estaba hecho para el cargo y menos en un régimen caracterizado por sus intrigas y sus luchas de poder. La presión hizo que el antiguo juerguista se convirtiera en un alcohólico y los primeros fracasos de la Luftwaffe en la Batalla de Inglaterra le deprimieron aún más. El inicio de la campaña contra la URSS, que él consideraba imposible de vencer, le afectó profundamente y terminó por suicidarse en noviembre de 1941. El régimen nazi ocultó el suicidio y anunció que había muerto en un accidente mientras probaba un prototipo secreto.

Guynemer, por su parte, no sobrevivió a la guerra. No se limitó a seguir volando en su SPAD VII sino que además aportó ideas para mejorarlo, como la de añadir a su armamento un cañón de 37 mm. Así nació el SPAD XII, un avión del que se construyeron poquísimos ejemplares y que era apto sólo para pilotos muy expertos. Además de ser difícil de manejar, el cañón que incorporaba era engorroso, puesto que había que recargarlo a mano después de cada disparo y el retroceso y la cantidad de humo que acompañaban el tiro eran un incordio. A cambio, bastaba con un único impacto para destruir un avión enemigo. En manos de Guynemer era, naturalmente, letal. En agosto de 1917 consiguió con él dos derribos en un día, pero a cambio de dejar maltrecho su avión. Mientras esperaba su reparación tuvo que conformarse con utilizar un SPAD XIII, que no tenía cañón pero incorporaba dos ametralladoras en lugar de una. En menos de tres días logró su primer derribo con este modelo. Sería el último de su vida.

El 11 de septiembre de 1917, hace exactamente 100 años, Georges Guynemer salió de patrulla con un compañero. Cerca de Poelkapelle, en Bélgica, atacó a un biplaza enemigo. Su acompañante divisó varios aviones adversarios y maniobró para interponerse y mantenerlos alejados. Cuando regresó al punto donde se había separado de su jefe no había ni rastro de él. El piloto francés regresó a la base esperando encontrar en ella a Guynemer, pero el as de ases no había aterrizado allí ni en ningún otro sitio.

Nunca se supo con exactitud qué había ocurrido. Casi un mes después se supo, por los alemanes, que al parecer el SPAD de Guynemer había caído en tierra de nadie. Dos soldados alemanes pudieron acercarse e identificar al piloto, que presentaba, entre otras heridas, un impacto de bala en la cabeza. Sin embargo el fuego de artillería hizo imposible rescatar el cuerpo y tras los bombardeos ya no había nada que recuperar. Hay otras versiones sobre lo ocurrido, pero ésta es la más verosímil.

Para la leyenda quedó el recuerdo de aquel joven tímido, descendiente de la más alta nobleza de Francia, enfermizo y delicado en tierra, fiero como un león alado en el aire. Enemigo temible, pero no despiadado, como atestiguaría Ernst Udet. Sin duda uno de los responsables de la imagen caballeresca asociada a los pilotos de la época. Hace exactamente 100 años que Georges Guynemer entró definitivamente en la leyenda. Y lo hizo con estilo: envolviéndose en misterio.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

El fin de una era

22 jueves Jun 2017

Posted by ibadomar in Historia

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Batalla de Qadesh, Creta, Cultura micénica, Cultura minoica, Edad Oscura griega, Egipto, Grecia, Historia, Hititas, Homero, Micenas, Prehistoria, Pueblos del mar, Puerta de los Leones, Ramsés II

Hay que ver lo que nos gusta exagerar. Es abrir un periódico y encontrarse con que cualquier hecho destacable se califica de histórico y a la menor tarea se le denomina hazaña, cuando no gesta. Si el mismo periódico lo abrimos por las páginas de deportes, la gesta será además heroica.

Todo esto viene a cuento de haber leído en algún momento reciente la expresión «fin de una era». No recuerdo si se trataba de la retirada de algún deportista, de un vuelco electoral en algún país o de la decadencia de la prensa escrita. Sí recuerdo haber pensado que para fin de una era el que vivieron en Constantinopla en el siglo XV con los turcos a las puertas de la ciudad mientras desaparecía el último resto del Imperio Romano. Como juego mental empecé a pensar en momentos históricos que hubiesen supuesto de verdad un punto final. (Sí, a veces pienso cosas muy raras. Afortunadamente rara vez las digo en voz alta). Salieron varios: la Revolución Francesa, el inicio de la Edad Media, la caída de Tenochtitlán… En una reflexión posterior muchos de ellos resultaban un punto y seguido o un punto y aparte, pero un punto final son palabras mayores.

En eso estaba cuando recordé un hecho especialmente misterioso y que sí supuso una ruptura absoluta con el mundo anterior. Hay que retroceder mucho en el tiempo: hasta el año 1.200 antes de Cristo y viajar hasta el Mediterráneo Oriental, que era por aquel entonces una región tan conflictiva como ahora, o más.

Allí estaban por ejemplo los hititas, que formaban un imperio cuyo territorio venía a ser el de la actual Turquía. Se podrían haber extendido más al sur, pero chocaron con los egipcios en territorio de la actual Siria. El lugar exacto en el que se vieron las caras se llamaba Qadesh. Ramsés II volvió a Egipto desde allí presumiendo de haber conseguido una gran victoria, pero las fuentes hititas dicen lo contrario. Si hubo un vencedor no debió de serlo con mucha claridad, porque ni los hititas siguieron hacia el sur ni los egipcios avanzaron más hacia el norte. Algunos años después de la batalla ambos imperios firmaron un tratado de paz (que, por cierto, se conserva) y en la fecha que nos ocupa mantenían, al parecer, buenas relaciones.

Para completar el cuadro de la región nos falta el mundo griego, o mejor dicho los antepasados del mundo griego. En Creta la civilización minoica estaba en retroceso, pero la iban relevando los micénicos, como demuestra la mayor presencia de elementos de esa cultura en la isla. Los principales centros de esa civilización son Micenas (por algo se habla de cultura micénica), Tirinto, Argos y algunas ciudades más como Tebas e incluso Atenas. No conocemos demasiado de estos pueblos de la Edad del Bronce, aunque sí lo suficiente como para saber que no podemos hablar de un imperio micénico puesto que ninguna ciudad destaca tanto sobre las demás como para ser la sede de un gran estado.

Parece más bien que las ciudades eran estados independientes dirigidos por un wanax o rey. Ese título nos lo han transmitido los propios micénicos, ya que conocían la escritura. Utilizaban dos sistemas, que hoy conocemos como lineal A y lineal B. El primero sigue sin descifrar, pero los arqueólogos sí han conseguido leer el lineal B. Por lo demás hay una característica que destaca de las ciudades micénicas, aunque hay excepciones: las murallas. Es muy conocida la muralla de Micenas, con su célebre Puerta de los Leones (en la foto), aunque la más gruesa es la de Tirinto.

Foto de Andreas Trepte tomada de Wikipedia

El caso es que esta civilización desapareció a finales del siglo XIII a.C. La fecha convencional es el año 1200 y a partir de aquí poco se puede contar de Grecia hasta la época arcaica, unos 4 siglos más tarde. Es la llamada Edad Oscura, una época muy mal conocida, entre otras cosas porque no hay fuentes escritas. Un momento, ¿no hay nada escrito? Pero habíamos dicho que los micénicos conocían la escritura, ¿verdad?

Y ahí está lo misterioso del asunto: el hundimiento micénico fue tan completo que su cultura desapareció hasta el punto de que algo tan esencial como la escritura cayó en el olvido. Cierto que en la antigüedad era raro saber escribir, pero es que ni siquiera quedó un grupo de escribas que transmitieran sus conocimientos a la siguiente generación. Podríamos comparar la situación con la creada al principio de la Edad Media, pero esto tampoco es exacto, ya que la Iglesia sirvió de refugio cultural tras la caída de Roma. Cierto que de una civilización urbana se pasó a una rural, pero si ya no existían bibliotecas como las del foro de Trajano, quedaban las de los monasterios. Sin embargo en la Grecia del siglo X a.C. nadie recordaba el esplendor anterior.

Nadie… con algunas excepciones, como demuestran los poemas homéricos. En ellos se describe un mundo que corresponde al de la Edad del Bronce, pero con errores que indican que la memoria que se guardaba era muy escasa. Cuando los griegos de la época arcaica y clásica recitaban a Homero hablaban de una geografía que parece corresponderse con la de la época micénica. Las armas son de bronce y algunas descripciones cuadran con los restos arqueológicos, pero gran parte de lo que se cuenta parece reflejar la Edad Oscura.

Así, aunque en la Odisea se describen palacios nunca se menciona a los escribas, que debían de ser figuras importantes en la cultura micénica. En la Ilíada se mencionan carros de guerra, lo que demuestra que existía memoria de su existencia, pero su empleo no tiene nada que ver con el uso de de un carro de guerra histórico: los héroes homéricos se limitan a ir a la batalla en carro, lanzando quizá alguna jabalina desde él, para más adelante combatir a pie. Nada de usar una formación de carros como fuerza de choque o como plataforma de tiro. Aunque quedaba un pequeño recuerdo de que alguna vez se habían usado, se había olvidado por completo el cómo.

¿Pero cómo pudo desaparecer tan súbitamente aquella civilización? Ha habido explicaciones de todo tipo. Puede que hubiera alguna gran guerra y desde luego murallas como las de Tirinto o Micenas no se erigen para adornar la ciudad. La hipótesis de unas invasiones dorias desde los Balcanes está actualmente descartada. ¿Pero cuál es la explicación, entonces? ¿Catástrofes naturales tales como terremotos potentes? Puede ser. ¿Alzamientos internos? Quizá. ¿Luchas entre los distintos reinos? Es posible. ¿Una combinación de todo lo anterior? Seguramente.

Para darle un poco más de misterio al asunto, el Imperio Hitita desaparece precisamente en esas mismas fechas, que coinciden con el momento en el que Egipto se enfrentaba a unos enigmáticos enemigos a los que algunos documentos egipcios denominan «pueblos del mar». ¿Fueron ellos los causantes de la desaparición de hititas y micénicos? Es imposible saberlo.

Los pueblos del mar. Suena bien al oído. Por eso siempre me ha parecido la explicación más llamativa, aunque no tiene por qué ser la real: dos civilizaciones pujantes que desaparecen súbitamente a manos de unos misteriosos asaltantes de poético nombre. Con argumentos más endebles se podría rodar una película de éxito. Qué digo… ¡un taquillazo! O toda una serie, al estilo de Juego de Tronos pero ambientada en Micenas. Ahí queda la idea, para productores con inquietudes. Si alguno quiere lanzarse y contratarme como asesor histórico, estoy disponible.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...

El nefasto oráculo de Creso

08 lunes May 2017

Posted by ibadomar in Historia, Política

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Antigüedad, Apolo, Ciro, Creso, Grecia, Historia, Lidia, Oráculo de Anfiarao, Oráculo de Delfos, Oráculo de Dodona, Persia

Al fin hay nuevo Presidente de la República Francesa y, esta vez, los oráculos han acertado. Menos mal, porque llevaban una racha en la que no daban una: que si el Brexit, que si las elecciones estadounidenses… el caso es que siempre hay alguien capaz de explicar por qué los sondeos fallaron: la gente, que responde una cosa en las encuestas y luego vota otra. Qué malvados.

Cuando se trata de temas técnicos, en los que no vale una encuesta al público en general, se usa a veces el método Delphi, que consiste en enviar un cuestionario a varios expertos (por ejemplo: ¿cómo serán los medios de transporte dominantes en el futuro: aviones supersónicos, ferrocarriles de alta velocidad, aviones subsónicos de poco consumo, autopistas…?). Los resultados se envían de nuevo a los expertos, que deben volver a responder en una nueva ronda tras conocer la opinión de sus colegas. El proceso se puede repetir varias veces hasta que se alcanza una especie de consenso.

Por un método u otro, se trata de tener una predicción de qué va a ocurrir en el futuro. Luego el futuro hace lo que le da la gana, claro, y la precisión de los resultados puede dejar mucho que desear, pero no por ello se deja de intentar sondearlo.

Y así, sin casi darnos cuenta, hemos entrado en un terreno familiar para este blog, puesto que he mencionado la palabra Delphi, que es la forma inglesa de decir Delfos, la localidad griega en la que estaba el oráculo más famoso del mundo antiguo. En aquellos tiempos no se consultaba el futuro a los expertos, sino directamente a los dioses. Eran muchos los santuarios que albergaban un oráculo, y algunos eran muy prestigiosos, como el de Zeus en Dodona, donde los sacerdotes interpretaban la respuesta a partir del rumor de las hojas de los árboles. El de Anfiarao, en Oropos, era el más original porque quien allí se dirigía debía echarse a dormir, tras seguir determinado ritual de purificación, para soñar con una respuesta.

Pero el más célebre oráculo era el de Delfos, dedicado a Apolo. En él la Pitia, que era la mujer que servía de intermediaria del dios, masticaba hojas de laurel y se sentaba en un trípode sobre una grieta de la que salían vapores volcánicos. Fuese por los gases de las entrañas de la tierra, por el laurel o por la presencia real de Apolo, la mujer entraba en un trance en el que balbuceaba palabras que parecían no tener sentido, pero que eran interpretadas por los sacerdotes para dar una respuesta.

Si el oráculo era tan famoso debía de ser por algo y tampoco es de extrañar que muchas respuestas fueran atinadas: despues de todo, allí acudía gente de todo el mundo griego e incluso de fuera de él. Muchas decisiones trascendentales, incluyendo cuestiones de alta política, no se tomaban hasta que Apolo se había pronunciado, por lo que a Delfos llegaban consultas de todo tipo y se recogía información valiosísima que se podía utilizar para dar respuestas muy razonables. No es tan diferente de lo que hace una consultora.

El oráculo de Delfos era también famoso por lo oscuras y ambiguas que podían llegar a ser sus predicciones. El ejemplo más célebre es la consulta que hizo Creso, rey de Lidia. Ésta era una región de Asia menor en Anatolia… pero nada como un mapa para verlo con claridad. En él la región que controlaba Creso está coloreada en marrón y la línea roja es la máxima expansión del país unos 100 años antes. El río Halys, al este, marcaba la frontera con el imperio persa, o imperio medo si se prefiere, puesto que para los griegos ambos términos se confundían.

400px-Map_of_Lydia_ancient_times-es.svgMapa tomado de Wikipedia

Creso quiso saber cuál era el oráculo más certero de todos y para ello envió emisarios a los principales de entre ellos pidiendo que se les hiciera la misma consulta en un día determinado de antemano. La pregunta era ¿qué está haciendo Creso en este momento?. Cuando llegaron las respuestas sólo encontró totalmente satisfactoria la de Delfos, que decía, en versos hexámetros como era costumbre:

Conozco el número de los granos de arena y las dimensiones del mar. Al sordomudo comprendo y al que no habla oigo. A mis sentidos llega el aroma de una tortuga de piel rugosa, que en recipiente de bronce se cuece junto a carne de cordero. Bronce tiene debajo y bronce la recubre.

Era verdad. Creso había decidido hacer algo difícil de adivinar y en el día señalado descuartizó una tortuga y un cordero y los puso a cocer en un caldero de bronce con tapa de bronce. Después de este acierto, Creso envió riquísimos presentes a Delfos (por algo su nombre sigue empleándose como sinónimo de multimillonario) y le hizo importantes consultas. En una de ellas preguntó si su reinado sería duradero y la respuesta fue que no debería avergonzarse de huir el día en que un mulo fuera rey de los medos, lo que parece equivalente a decir “vas a ser rey hasta que las ranas críen pelo”. Animado por este vaticinio Creso ordenó preguntar si debía emprender la guerra contra los persas y el oráculo respondió que de hacerlo pondría fin a un gran imperio.

Con estos augurios Creso se lanzó a la conquista del imperio persa y salió escaldado. Fue derrotado y capturado y se salvó de la ejecución in extremis, aunque finalmente consiguió congraciarse con el emperador persa, Ciro, que lo mantuvo a su lado como consejero y le permitió enviar un heraldo a Delfos con la misión de preguntar a Apolo si tenía por costumbre engañar a sus fieles. La respuesta de Apolo fue esta vez de lo más clara. Se dividía en tres partes:

1.- Ni siquiera los dioses pueden escapar al destino y en el de Creso estaba decidido que expiara cierta traición de un bisabuelo suyo. Aun así, Apolo había logrado aplazar el desastre y salvar a Creso cuando su ejecución parecía inminente.

2.- El oráculo había dicho que Creso pondría fin a un gran imperio y era verdad: había puesto fin al reino del propio Creso, que no había sabido interpretar el vaticinio.

3.- Era cierto que un mulo era rey de los medos ya que Ciro era hijo de una mujer meda de alta alcurnia y de un padre persa de condición más humilde. Así que, en sentido figurado, Ciro era el mulo al que se refería la profecía.

Visto así, los sacerdotes de Delfos tenían toda la razón. Al menos así lo reconoció Creso, que sabía perder con deportividad. Y si él aceptó las explicaciones de Apolo, no seré yo quien le lleve la contraria.

Es más, me encantaría que el tempo de Apolo siguiera en pie, recibiendo las consultas de gobernantes de todo el mundo, y emitiendo enigmáticos vaticinios. Las interpretaciones podrían ser tan erróneas como las de las encuestas de la actualidad, pero no se puede negar que el sistema de Delfos, con sus respuestas en verso y su ambigüedad calculada, tenía mucho estilo.

Compartir

  • Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
  • Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
  • Compartir en Meneame (Se abre en una ventana nueva) Meneame
  • Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
  • Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
Me gusta Cargando...
← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Por iBadomar

Avatar de Desconocido

Únete a otros 111 suscriptores

Estadísticas del blog

  • 124.755 visitas

Páginas

  • Diez años en Los Gelves
  • Sobre el blog
  • Un año en Los Gelves

Archivo de entradas

Etiquetas

Accidente aéreo Alejandro Magno Alemania Antigüedad Arqueología Arquitectura Arte Atenas Aviación Batalla Carlos II Cartago Cervantes Churchill Cine Comet Comunismo Constantinopla Constitucion Control aéreo Corrupción Corsarios Cruzadas Cultura de seguridad Cultura justa Diocleciano Edad Media Edad Moderna Egipto Esparta España Espionaje Factores humanos Felipe V Fiscalidad Francia Franquismo Grecia Guerra del Peloponeso Guerra de Sucesión Guerra Fría Herodoto Hindenburg Historia Hitler ILS Imperio Bizantino Incidente aéreo Inocencio III Isabel I Isabel II Jerjes Jolly Roger Julio César Literatura Ludendorff Luis XIV Luis XVIII McRobertson Messerschmitt Modelo de Reason Modelo SHELL Momentos cruciales Mussolini Napoleón Navegación aérea Periodismo Persia Pintura Piratas Política Prehistoria Primera Guerra Mundial Pétain Radar Reactor Realismo Renacimiento Restauración Revolución Roma Salamina Segunda Guerra Mundial Seguridad aérea Sicilia Siglo XIX Siglo XVII Siglo XVIII Siglo XX Sila Stalin TCAS Temístocles Tetrarquía Tito Livio Transición Técnica Uberlingen Ucrania URSS

Meta

  • Crear cuenta
  • Iniciar sesión
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.com

Blog de WordPress.com.

Privacidad y cookies: este sitio utiliza cookies. Al continuar utilizando esta web, aceptas su uso.
Para obtener más información, incluido cómo controlar las cookies, consulta aquí: Política de cookies
  • Suscribirse Suscrito
    • Los Gelves
    • Únete a otros 111 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Los Gelves
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...
 

    %d