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Todos los accidentes aéreos suponen un shock, pero cuando el avión involucrado es un modelo histórico el shock es aún mayor. Los aviones históricos se mantienen con auténtico mimo, puesto que son piezas de museo que, a base de cuidados, siguen cumpliendo la misión para la que fueron fabricados muchos años antes. No es de extrañar, por tanto, que ayer me quedase petrificado al saber que un Junkers 52 había sufrido un accidente. Primero esperé que fuese un error, luego que hubiese sido un accidente de poca importancia. Finalmente deseé que si no se podía salvar el avión, por lo menos no hubiese muertos ni heridos. Por desgracia no se cumplió ninguno de mis deseos; el avión resultó destruido y murieron todos sus ocupantes: 17 pasajeros y 3 tripulantes.

La aeronave en cuestión era uno de los aviones más reconocibles que han existido: un trimotor Ju-52/3m (3m quiere decir 3 motores y se incluye en la denominación porque los primeros prototipos eran monomotores). Su silueta es familiar no sólo para los aficionados a la aviación sino para todo aquél que haya visto un documental de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién no ha visto una foto parecida a la siguiente?

Foto: Wikimedia

Pero aunque el avión sea muy conocido entre los aficionados a la historia militar su origen fue el transporte civil, hacia 1930. La compañía Junkers diseñó para ello un monomotor monoplano recubierto con la característica chapa ondulada, típica de la casa. Pronto se demostró que el modelo tenía muy poca potencia y se decidió sustituir el motor de doce cilindros en V de los primeros prototipos por tres motores radiales de un modelo construido por BMW con licencia de Pratt & Wittney.

El avión resultante era capaz de llevar 17 pasajeros a unos 1.000 Km de distancia con una velocidad de crucero algo superior a los 200 Km/h y ése fue su destino inicial: el transporte de correo y pasajeros. Pero con la llegada de los nazis al poder comenzó la reconstrucción de la fuerza aérea alemana, en contra de las limitaciones del Tratado de Versalles. Aviones como el Ju-52 podían servir perfectamente como bombarderos, de manera que en 1934 aparecía la primera versión militar, pensada para llevar 500 Kg de bombas. El Ju-52 se utilizó como bombardero, aunque de forma muy limitada, en la Guerra Civil Española y a principios de la Segunda Guerra Mundial, pero su uso fundamental fue el de transporte de tropas.

El Ju-52 debutó muy pronto en la Guerra Civil. Apenas diez días después de comenzar la guerra llegaban al norte de África los primeros aviones enviados por Hitler para transportar a la Península a las tropas sublevadas en el Marruecos español. Participaron en lo que se considera el primer puente aéreo de la Historia, que resultó decisivo para convertir definitivamente en guerra una situación de estancamiento y siguieron prestando servicio hasta el final de las hostilidades y más allá, puesto que tras la contienda Construcciones Aeronáuticas S.A. siguió fabricando el Ju-52 con la denominación CASA 352 hasta 1954.

Durante la Segunda Guerra Mundial el Ju-52 estuvo presente allá donde combatió el ejército alemán, es decir en toda Europa y norte de África. Tan pronto servía para llevar soldados y material de guerra como para la evacuación de heridos. En operaciones aerotransportadas lo mismo llevaba en su interior a un grupo de paracaidistas que arrastraba dos planeadores. Hubo versiones en las que el tren de aterrizaje había sido sustituido por flotadores, para operar como un hidroavión, o por esquíes para aterrizar sobre la nieve. Pero aunque era un eficiente avión de transporte, su escasa velocidad lo hacía muy vulnerable, por lo que sólo debía operar en caso de que la superioridad aérea fuera total o hubiese una escolta de cazas apropiada. No se puede decir que fuese un avión bonito, pero los soldados le cogieron cariño y, sin que se sepa el motivo, lo apodaron Tante Ju (tía Ju); quizás porque, aunque necesitaba ayuda para defenderse, seguía transportando los suministros que necesitaban y les llevaba a lugar seguro cuando estaban heridos.

Tras la guerra, algunos países siguieron empleando el Ju-52 como transporte militar. Es el caso del Ejército del Aire español, en donde se mantuvo en servicio hasta bien entrados los años 70. En otros casos los aviones fueron reconvertidos para uso civil y algunos de ellos han resistido el paso del tiempo para realizar vuelos turísticos en los que no se trata de trasladarse, sino de vivir la experiencia de volar en un pedacito de Historia. A eso se dedicaba el Ju-52 accidentado ayer, uno de los últimos 7 que quedaban en estado de vuelo y que hacía vuelos turísticos para una empresa suiza.

Foto: Wikimedia

A eso se dedica también el avión de la foto, el Ju-52 D-AQUI, considerado el más antiguo de los Ju-52 supervivientes. Está documentado que fue construido en 1936 para Lufthansa, que lo vendió a una compañía noruega, que voló como hidroavión, que los alemanes lo confiscaron durante la guerra, que tras la contienda voló con SAS y que fue vendido a una empresa ecuatoriana hasta que fue dado de baja en 1962. La verdad es que para entonces quedaba poco del avión original, puesto que apenas había pieza que no hubiese sido sustituida, empezando por el fuselaje y una de las alas. El avión languideció durante 8 años hasta que lo compró un norteamericano, que se lo llevó a Estados Unidos, lo reconstruyó, lo vendió de nuevo… y así hasta que en 1984 lo recompró Lufthansa, que lo dejó tan reluciente y espléndido como vemos en la foto, y que mantuvo en su decoración la matrícula original.

Aunque existe otra versión, que me contó alguien muy aficionado a la historia de la aviación. Según él, el avión en cuestión procede de España y fue vendido por un precio simbólico a cambio de una condición: el avión debía dejar bien claro que procedía DE AQUÍ. Y eso es fácil de conseguir en un país, Alemania, que matricula a sus aeronaves con 5 letras de las que la primera es la D. Y de ahí la matrícula de la aeronave.

En contra de esta versión está la página oficial del avión, en la que puede verse una fotografía de su entrega en 1936, configurado como hidroavión y con la matrícula D-AQUI. Aún así, me resisto a dejar de creer en la versión de mi amigo. Probablemente porque es una historia que le sienta muy bien a un avión, Tante Ju, que hace mucho que se convirtió en leyenda.

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