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No hace mucho publiqué un artículo describiendo en qué consiste el control aéreo en el que incluía algunos ejemplos; pero como no hay nada más descriptivo que una situación real y no es raro que en este blog se cuelen casos de incidentes aéreos, vamos a ver uno que se produjo el verano pasado en el aeropuerto Midway de Chicago. Buena parte de la información la he sacado de la página Aviation Herald, puesto que aún no se ha publicado el informe del incidente, o bien yo no he sido capaz de encontrarlo.

Aquel día, 18 de junio de 2015, había dos aviones a punto de despegar desde pistas diferentes del aeropuerto. Uno de ellos era el Delta 1328 y otro el South West 3828. No se nos escapa que los indicativos suenan de forma parecida (los dos terminan en 28) y según Aviation Herald los pilotos de ambas aeronaves habían sido advertidos por control aéreo de la similitud para que estuvieran alerta. Los problemas comienzan cuando ambos aviones están ya en sus respectivas pistas de despegue y listos para comenzar a acelerar.

Veamos la situación en detalle. El Delta está en la pista 04R y el South West en la 31C. (Sobre la forma en que se da nombre a las pistas del aeródromo hay un artículo disponible pinchando aquí). Para mayor claridad, nada como ver el plano del aeropuerto. La posición y dirección de despegue del Delta 1328 vienen indicadas por la flecha roja, mientras que el South West 3828 está representado por la flecha azul. El punto de cruce de ambas pistas, aunque evidente de por sí, está marcado con la estrella de 5 puntas.

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El otro protagonista de nuestra historia es el controlador, que en este caso, al ocurrir los hechos en un aeropuerto, sí está en una torre de control y que autoriza a despegar al avión de South West Airlines. Para comprobar que las instrucciones llegan correctamente, los pilotos deben repetirlas antes de iniciar la acción correspondiente; de esta forma el controlador sabe que la instrucción ha llegado a destino y se va a ejecutar sin error, pero en este caso la respuesta no se recibe bien porque, aparentemente, hay dos aviones respondiendo a la vez. El controlador decide repetir la instrucción, pero de nuevo la respuesta no llega correctamente porque han respondido dos aviones.

Un momento después ocurría una de esas situaciones que constituyen la pesadilla de un controlador aéreo: los dos aviones inician la carrera de despegue a la vez, lanzándose hacia la intersección de ambas pistas. Aquí se acaban las sutilezas y empiezan las medidas drásticas. Es muy posible que el controlador se dirigiera en su comunicación sólo al Delta, pero la primera parte de la transmisión no salió al aire y sólo se oyó la segunda: “¡Stop, stop, stop!”. La fraseología correcta, según la Organización de Aviación Civil Internacional, OACI, habría sido “Cancel Take Off” o bien “Stop immediately”, pero como he dicho, no estaba la situación para detenerse en detalles de forma.

¿Qué puede hacer un piloto que acaba de iniciar la carrera de despegue y oye una comunicación tan tajante ordenando detenerse, aunque no esté seguro de si se dirige a él? Hacer un frenado de emergencia, por si acaso. Y eso fue lo que hicieron ambos pilotos. En realidad, según Aviation Herald, se interrumpió de golpe absolutamente todo el movimiento del aeropuerto, pero en estos casos vale más pasarse que no llegar.

Posiblemente la similitud de indicativos tuvo bastante que ver en el incidente, por mucho que los pilotos estuvieran avisados de antemano. Es un problema relativamente común, que ya en otro artículo puse como ejemplo ficticio, aunque en ese caso no situé la acción en una torre sino en un centro de control. Como no hay informe definitivo, no es posible saber el estado de las comunicaciones. Es muy fácil, a la vista de los hechos, cargar las tintas sobre el piloto de Delta, pero recordemos que un piloto no está solo en la cabina y si él cometió un error, también tuvo que cometerlo el copiloto. ¿Se recibió bien la comunicación, hubo alguna interferencia, funcionaron correctamente los equipos…? No lo sabemos y por eso es importante esperar al informe de los expertos y no sacar conclusiones precipitadas.

Naturalmente, los medios de comunicación recogieron los hechos y es fácil encontrar vídeos en Internet con fragmentos de programas de noticias en los que se describe la situación de una forma bastante dramática. Es cierto que hubo un incidente y es cierto que en este caso se llegó hasta la última barrera de seguridad, que es la capacidad de atención y observación de quien está a cargo, en este caso el controlador.

Sin embargo, una vez más comprobamos que para que haya un incidente se tienen que franquear varias capas de seguridad: al detectar que hay dos aviones de indicativo similar, se advirtió a las tripulaciones; el piloto equivocado tuvo que creer que la autorización de despegue era para él; al no estar seguro el controlador de que se hubiera recibido bien la orden repitió la autorización de despegue, que volvió a ser aceptada por dos aviones distintos y, por último, se emitió una orden tajante de detenerse.

La sensación que queda es la de que se ha evitado un accidente por poco. Pero lo normal es que alguna de las barreras previas funcione. Supongamos que tras hacer hincapié en la similitud de indicativos todo se hubiera desarrollado como ocurre habitualmente. En ese caso también se habría evitado un accidente, pero nadie lo sabría.

Es lo curioso de este tipo de trabajo: se supone que se cumple con la misión de evitar accidentes, pero si a mí me preguntaran cuántos he evitado no podría responder porque, sinceramente, no sé si he evitado alguno. Y la verdad es que, cuando me pongo en la situación del protagonista de nuestro ejemplo y pienso en lo que debió de pasar por su cabeza cuando vio a los dos aviones en carrera hacia un mismo punto, me alegro mucho de seguir con la duda.

 

 

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