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He observado algo curioso. A menudo, cuando se pretende poner de manifiesto que algo está totalmente anticuado se usa el calificativo medieval, cuando se teme que haya un retroceso social se habla de “vuelta a la Edad Media” y si lo que preocupa es una regresión económica que nos lleve a tiempos pretéritos se emplea el término neofeudalismo. Y por si no me creéis os adjunto unos ejemplos sacados de la prensa: el ministro principal de Gibraltar, como vemos aquí, descalificaba la postura de España respecto al peñón calificándola de medieval hace apenas una semana; en este otro artículo, publicado dos días más tarde, un periodista emplea el titular “Una nueva Edad Media” para alertarnos de que el mundo se dirige hacia un capitalismo feudal (sic). El término neofeudalismo, por su parte, lo utiliza un diputado en esta entrevista para dibujar el futuro apocalíptico hacia el que quiere convencernos de que nos conducen sus adversarios políticos.

Leyendo semejantes descripciones se diría que el periodo medieval es a la humanidad lo que el hombre del saco a la infancia. ¿Tan terrible fue aquella época? Puede que la Edad Media fuera la era del vasallaje, pero la Antigüedad fue la de la esclavitud y no tiene tan mala prensa. ¿Y qué tenían las condiciones de vida del campesino del siglo XVII de ventajosas con respecto a las del siglo XII? No demasiado y sin embargo nadie habla de “retorno a la época romana”, ni siquiera de “regreso al Antiguo Régimen”. La mala prensa se la lleva el Medievo, pero ¿por qué?

Para empezar la propia noción de Edad Media es compleja. Se suele tomar el fin del Imperio Romano de Occidente en el año 476 y la caída de Constantinopla en 1453 como límites convencionales, pero ni siquiera eso está libre de disputa y hay quien piensa que los comienzos deberían adelantarse al siglo III, con la gran crisis del Imperio Romano, o retrasarse al siglo VII, con la expansión musulmana por el Mediterráneo. El final también podría retrasarse un poco, hasta el descubrimiento de América en 1492 por ejemplo. Estas discusiones tampoco nos afectan demasiado porque en este artículo no se trata de saber qué es la Edad Media sino el porqué de su mala fama y si ésta es merecida.

No es que la vida no fuera dura en aquel milenio, pero también hubo avances significativos: la rotación trienal de cultivos, por ejemplo, es un avance de la Alta Edad Media, y medieval es un modelo de yugo para uncir los bueyes aprovechando mejor su fuerza de tracción. También en esta época se generaliza la herradura metálica y aparece en Europa un invento originario de la India tan útil como es el estribo. Es también de la Plena Edad Media el aprovechamiento de fuentes de energía como la eólica (se inventó el molino de viento en el siglo XII) y el uso cada vez mayor de la energía hidráulica en molinos, batanes y forjas. Los progresos en metalurgia permitían hacer mejores armaduras que, unidas al ya citado estribo y al freno de boca para los caballos, cimentaban el apogeo de la caballería, aunque lo que la técnica daba a los caballeros por un lado se lo quitaba por otro con la invención de la ballesta, y posteriormente de la pólvora. La clásica ánfora para transporte era sustituida por toneles de madera, que aprovechaban mejor el espacio en unos barcos que ya no usaban timones de remo laterales, sino el timón de popa que aún se emplea en la actualidad y que para los navegantes de la Baja Edad Media era una invención casi tan útil como la de la brújula, otra novedad de la época.

La técnica avanzó, pero ¿y el pensamiento? Tampoco aquí debemos caer en el tópico de la Edad Oscura. Las universidades nacieron durante la Edad Media, hacia el siglo XI, y florecieron especialmente en los siglos XIII y XIV, pero ya antes hubo intelectuales como por ejemplo Agustín de Hipona o Isidoro de Sevilla. Otras figuras destacadas fueron Alberto Magno, Tomás de Aquino o Guillermo de Ockham, por limitarnos a la Europa Occidental. Así que el Medievo no fue tan oscuro, después de todo.

Y sin embargo la mala fama de la Edad Media persiste, mala fama que surgió por los prejuicios acumulados desde el Renacimiento, y es bueno que nos detengamos a considerar el porqué de esa denominación, Renacimiento, que enmarca un periodo caracterizado, entre otras cosas, por una gran admiración hacia la cultura clásica, que se toma como ideal y como modelo. La contrapartida es el desdén hacia la sociedad que había sustituido al idolatrado mundo romano. Un buen ejemplo es la arquitectura: se pone de moda construir los edificios “a la antigua”, despreciando los que están hechos “a la moderna”, aunque emplearan elementos desconocidos para los admirados romanos. Entre esos elementos menospreciados está el arco apuntado, ese invento medieval que permitía realizar construcciones que un arquitecto romano habría considerado prodigiosas y, como muestra de ese desprecio, a la arquitectura que lo empleaba la definió con un término despectivo, gótica, que aludía a los bárbaros invasores que habían acabado con aquel mundo ideal. Hoy en día el término gótico aplicado al arte ha perdido su carácter peyorativo, pero originalmente aquel calificativo equivalía a un insulto.

Los hombres de la Edad Moderna, en conclusión, se consideraban a sí mismos como herederos de aquella Edad Antigua. El mundo que ellos admiraban había muerto, pero ahora ellos lo traían de nuevo a la luz y la cultura clásica volvía a la vida, renacía, por eso hablamos de Renacimiento. Y para designar a ese periodo insulso que está entre la Edad Antigua y la Moderna surgió la expresión Edad Media, algo así como un paréntesis entre dos épocas de esplendor. La expresión se perpetuó y el prejuicio también.

Hoy en día seguimos despreciando el mundo medieval, a pesar de que nuestro propio mundo tiene sus raíces en él, y como vimos al principio, su supuesta tenebrosidad se ha convertido en proverbial. Y sin embargo es frecuente que muchos de los que atribuyen a aquella época todo tipo de calamidades apenas la conozcan. Aunque todos sabemos que los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen. Lo dijo Alfonso X en el siglo XIII y por algo le llamaban el Sabio.

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