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Ahora que estamos en verano puede ser un buen momento para retomar una sección un tanto abandonada de este blog: la de Historia del Arte. En realidad no es que esté abandonada sino que sólo he escrito un artículo sobre el tema hasta el momento. Sin embargo hace ya tiempo que quería hablar del cuadro que vemos debajo de estas líneas. Se trata de Los picapedreros de Gustave Courbet.

Esta pintura se presentó en el Salón de París en 1850 y causó un cierto escándalo entre el distinguido público, que no terminaba de digerir la representación de la realidad, sin adorno de ningún tipo, que hizo el pintor. Es más, la imagen se consideró posteriormente como “revolucionaria” por la historiografía marxista y se considera como un temprano ejemplo de arte socialista.

Pero, ¿qué tiene esta obra de particular? Para saberlo tenemos que verla con los ojos del espectador del siglo XIX, el siglo del progreso, o eso se pensaba entonces; el del comercio y la industria, que hacían avanzar a las naciones de una forma nunca vista. Es el siglo de la máquina de vapor, de la lata de conservas, del telégrafo… El espectador se encuentra, sin embargo, con una representación de un trabajo tremendamente humilde y que además debía de serle familiar: el mismo Courbet aseguraba que se había limitado a pintar lo que había visto al borde de una carretera.

La imagen representa a dos picapedreros en plena faena. Uno de ellos es un hombre mayor mientras que el segundo es apenas un muchacho, lo que nos da una idea de continuidad: el joven probablemente llegará a la edad de su compañero desempeñando el mismo oficio. Su ropa está desgastada, incluso rota, y la olla que se ve cerca de ellos no presenta el aspecto de contener ningún suculento manjar. Pero en realidad nada de esto es nuevo en pintura, puesto que otros artistas habían ya representado a personajes humildes. Recordemos por ejemplo a los enanos y bufones de la Corte a los que retrató Velázquez. ¿Qué tiene de particular la pintura que nos ocupa para que resultara tan inquietante? Vamos a compararla con otra similar, realizada pocos años después de la de Courbet por John Brett.Es un picapedrero, sí, pero no tiene nada que ver con los anteriores. Ésta es una imagen idealizada de un muchacho bien vestido, bien alimentado y que más parece haber hecho un alto en su paseo campestre con su perro y estar jugando a romper piedras que desempeñando un oficio. En cuanto al protagonista, el muchacho retratado por Brett parece un chico agradable que inspira confianza, mientras que los hombres de Courbet son… ¿cómo son? ni siquiera les vemos la cara, por lo que no sabemos nada de ellos. Si se giraran hacia nosotros, los espectadores, ¿qué veríamos? ¿La afabilidad de dos trabajadores conformes con un trabajo duro, pero del que se sienten orgullosos? ¿O el rencor de dos hombres condenados a una labor ingrata a la que no encuentran alternativa?

En mi opinión esto es lo que distingue al cuadro de Courbet. Él no hizo un retrato de unos trabajadores sino que retrató el trabajo en sí mismo. Con toda su dureza y su humildad y sin dejar que nos distrajéramos con detalles anecdóticos, como son los rostros de los trabajadores que ilustran su labor. Por eso esta pintura se considera como precursora de la pintura socialista y por eso se consideró revolucionaria. Y por eso aparece en los manuales de Historia del Arte.

Cuando se escribe un artículo siempre se desea influir de algún modo en el lector. Y por eso me encantaría que este artículo hubiese llevado a alguno de los lectores a desear ver el cuadro original. Que alguno de ellos ahora mismo estuviera pensando en averiguar en qué lugar se encuentra esta obra para aprovechar un hueco en sus vacaciones y verla directamente. Ese alguien tendría que desplazarse a la Gemäldegalerie de Dresde, que es donde se conservaba este cuadro. Sí, he escrito bien el tiempo verbal: se conservaba y ya no se conserva. Ninguno de nosotros verá jamás el original de Los picapedreros porque fue destruido durante el bombardeo de Dresde en febrero de 1945. Apenas faltaban tres meses para que concluyera la guerra.

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