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Aquella crisis de deuda

27 lunes May 2013

Posted by ibadomar in Historia

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Argentina, Brasil, Deuda externa, Historia, Latinoamérica, México, Perú, Política, Siglo XX

Hasta hace muy pocos años era raro que alguien supiera qué era la prima de riesgo o que apareciera como noticia la emisión de deuda por el Tesoro Público con todo lujo de detalles sobre la cantidad emitida, intereses, plazos, etc, información que estaba relegada a las páginas interiores de la sección de economía de los periódicos. Toda Europa está ahora preocupada por el problema de la deuda: los deudores porque no saben cómo pagar y los acreedores porque dudan de si cobrarán. Las opiniones sobre las políticas de ajustes y austeridad, tan en boga actualmente, son variadas, pero se resumen en que algunos creen que hay que recortar todo gasto aunque eso suponga la asfixia de la sociedad, que de paso verá así castigado su despilfarro anterior, mientras otros opinan que las políticas restrictivas provocarán una fractura social que hay que evitar, aunque ello implique pérdidas inasumibles para los acreedores, que de paso verán así castigada su avaricia.

Si esta crisis de deuda no afectara a Europa sino a Latinoamérica probablemente los europeos contemplaríamos el panorama sorprendidos de que la Historia se repita tan pronto. Sin embargo no he visto muchas comparaciones entre la actual situación de Europa y la que se dio en Latinoamérica hace apenas 30 años, y es una lástima porque podríamos aprender algo de aquellos hechos. Para empezar, que la situación puede ser duradera, pongamos un mínimo de entre 8 y 10 años desde que la crisis se hizo evidente hasta que por primera vez se da (quizás prematuramente) por terminada. Trataremos el tema en este artículo, que me temo que no será excesivamente completo, porque es muy sencillo acotar el inicio y el fin de un proceso acaecido hace 200 años, pero no lo es tanto cuando se trata de acontecimientos cercanos en el tiempo y cuyas consecuencias finales pueden estar aún desarrollándose.

La raíz de la crisis latinoamericana de los 80 se sitúa en las políticas económicas de los años 60 y 70. Es una época de desarrollo industrial en la región, basado en la política que se denomina de «sustitución de importaciones». Básicamente se trata de desarrollar una industria propia mediante subsidios y medidas proteccionistas. Cierto que así se consigue crear industria, pero otra cosa es que sea competitiva. Por otro lado, la dependencia tecnológica del exterior y la necesidad de inversiones hacían necesario el endeudamiento. Los precios de las materias primas, que la región exportaba en abundancia, aumentaron enormemente en los años 70, mientras que los tipos de interés se consideraban bajos, lo que puede resultar sorprendente si pensamos que hablamos de entre un 8 y un 10 por ciento, muy por encima de los tipos actuales. En consecuencia los gobiernos se endeudaron sin cortapisas, incluso para pagar los préstamos ya existentes, tranquilizados por la creencia de que un Estado no puede quebrar. Eran años felices: América Latina tuvo una tasa media de crecimiento del 7,2% del PNB entre 1960 y 1979. Ya tenemos todo lo necesario para el drama: una burbuja de crédito que por el momento se mantiene, una espiral de deuda y una prosperidad con base frágil. Sólo faltaba que cambiaran las condiciones.

La subida de tipos de interés comenzó en Estados Unidos en 1978, al tiempo que las políticas económicas de los países desarrollados se iban endureciendo como consecuencia de la segunda crisis del petróleo. Los tipos de interés llegaron al 16,7% en 1981, mientras que la crisis internacional provocaba un descenso del comercio y una bajada de los precios de las materias primas. En otras palabras, la catástrofe. Los préstamos no se habían destinado siempre a inversiones productivas y los países latinoamericanos se encontraron con la imposibilidad de encontrar préstamos baratos a largo plazo, por lo que tuvieron que endeudarse a corto plazo con unos tipos de interés elevadísimos. La deuda terminó de dispararse, aunque la expresión «crisis de la deuda» no apareció hasta 1982.

Aquel año, en agosto, llegó lo inevitable. México, que ya había devaluado su moneda un 60%, anunció una moratoria de 90 días en sus pagos. La alarma cundió y más aún cuando se hizo evidente que muchos otros países, incluyendo a los más grandes de la región, como por ejemplo Argentina o Brasil, se enfrentaban a enormes problemas para seguir pagando. Los acreedores se alarmaron, con lo que cayó definitivamente el crédito, la caída de importaciones hundió la producción, la inflación se disparó y el escenario se convirtió en una pesadilla. Pronto entraron en escena el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y las consabidas políticas de ajuste: reducción del gasto, devaluación de la moneda, etc.

A mediados de los 80 y pese a las negociaciones para el pago de la deuda la situación aún no había mejorado substancialmente. En una reunión del FMI que tuvo lugar en Seúl en octubre de 1985 el Secretario del Tesoro norteamericano, James Baker, presentó un plan para lograr estimular el crecimiento con la esperanza de resolver el problema definitivamente, ya que las medidas puramente restrictivas no terminaban de funcionar. Se trataba de aportar 30.000 millones de dólares por un lado y de modificar la economía de los países deudores por otro mediante privatizaciones, cese de las subvenciones, liberalización del comercio, etc. El intento, sin embargo, fracasó y en 1989 la situación de Latinoamérica era insostenible: la renta per cápita había retrocedido una media del 8,3% y en países como Perú la pérdida era de un 20%. Disturbios como los de Caracas en febrero de 1989 se cobraban la vida de decenas de personas y demostraban que el problema ya no era sólo económico sino que la propia estabilidad de la región estaba en peligro.

Un nuevo intento fue el plan Brady, lanzado en 1989 por el sucesor de James Baker. Esta vez se intentaba atajar el problema de la deuda por medio de su reducción. Para ello se decidió renegociar la deuda canjeándola por los llamados bonos Brady. La novedad era que esta vez había una quita, es decir que los acreedores ya no aspiraban a recuperar la totalidad de la cantidad adeudada. Se aplicó de distinta manera en cada país, pero podemos considerar como representativa una quita del 35%. Los problemas no se arreglaron de un día para otro, pero ciertamente en los años 90 se dejaba de hablar de la «crisis de la deuda».

Los resultados de aquella crisis fueron catastróficos, tanto que se acuñó el término «década perdida» para referirse a aquellos años. Los ciudadanos vieron reducidos sus ingresos al tiempo que sus ahorros se evaporaban por efecto de la inflación. El índice de pobreza se disparó y las consecuencias en forma de tensiones sociales y aumento de la criminalidad se sumaron a los efectos puramente económicos.

Y ahora en Europa tenemos una crisis de deuda, que ya dura unos cinco años, si consideramos que el proceso se inicia en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. En el año 2010 Grecia hizo una petición de ayuda que se considera como el primer rescate, así que si hacemos un paralelismo tenemos:

  • 1982 – 2008: Inicio
  • 1985 (plan Baker) – 2010 (primer rescate a Grecia): Plan de ayuda económica, basado en recetas ultraliberales.
  • 1989 (plan Brady) – ???: Se acepta la necesidad de una quita.

Si aceptamos la semejanza entre ambas crisis, aún estamos en la segunda fase y de aquí a dos años deberíamos ver la aceptación de una quita en la deuda y hacia el 2017 más o menos la crisis podría haber abandonado las primeras páginas de los periódicos. Por el camino aún queda mucho desempleo, pérdida de poder adquisitivo, inseguridad y, en resumen, deterioro de nuestra sociedad tal y como la conocemos.

Todo lo anterior se debe tomar con precaución, puesto que no soy experto en economía y me limito a hacer una comparación. Claro que teniendo en cuenta el éxito que han tenido las recetas de los expertos hasta la fecha, a lo mejor acierto. La predicción queda hecha y registrada en este blog. Y tengan en cuenta que, si doy en el clavo, las futuras predicciones no serán tan baratas como ésta: no me conformo con menos de un puesto en la Comisión Europea. Puestos a pedir…

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El volantazo que causó 16 millones de muertes

12 lunes Nov 2012

Posted by ibadomar in Historia

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Francisco Fernando, Francisco José, Guerras de los Balcanes, Historia, Mano Negro, Momentos cruciales, Primera Guerra Mundial, Princip, Sarajevo, Siglo XX

Hoy estamos de aniversario. El 12 de noviembre de 2011, hace exactamente un año, se estrenaba este blog con una entrada titulada Ayer fue 11 de noviembre en la que la fecha del final de la Primera Guerra Mundial nos daba el tema del artículo. Parece adecuado que la entrada de hoy trate de cómo se inició aquella contienda. Para los habituales del blog que quieran además leer un balance de este primer año he escrito una página aparte que podéis leer haciendo click aquí.

A veces el destino es caprichoso y un hecho trivial tiene consecuencias desmesuradas. El que un conductor haga un giro equivocado y enfile una calle errónea no parece suficiente motivo para provocar la muerte de unos 8 millones de combatientes y de otros tantos civiles y dejar unos 7 millones de mutilados. Y sin embargo el origen de la Primera Guerra Mundial está precisamente en un giro erróneo.

Naturalmente estoy distorsionando los hechos, pero no tanto como se pueda pensar. En 1914 las potencias europeas vivían un ambiente prebélico que hacía prever una guerra a gran escala. Sólo faltaba un casus belli, una chispa que provocara el incendio que arrasaría todo el continente. Esa chispa prendió como consecuencia del error de un conductor en Sarajevo el 28 de junio de 1914, pero las auténticas causas son más profundas: el reparto entre los imperios europeos de territorios coloniales, fuente de materias primas y mercado de manufacturas, había causado muchos roces. Alemania, por ejemplo, había llegado tarde a la era colonial, pero no por ello se mostraba menos activa en la búsqueda de concesiones comerciales, con frecuentes encontronazos con otras potencias industriales como Gran Bretaña. A esto hay que sumar el auge nacionalista de la época, impulsor de la idea imperialista, pero también sustento de las aspiraciones de minorías que encontraban además el apoyo de terceras potencias que buscaban debilitar a sus rivales. Un ejemplo de este caso es la minoría servia en Austria-Hungría (en este artículo escribiré Servia con v, a la manera en que se escribía en castellano en la época que nos ocupa. No se empezó a escribir Serbia con b hasta la guerra de los Balcanes de los años 90 por influencia del inglés). La política de alianzas seguida por las grandes potencias creaba además la posibilidad de que un conflicto local pasara a generalizarse por todo el continente.

Los conflictos diplomáticos en los que la guerra estuvo cerca fueron numerosos. En un par de ocasiones, en 1905 y 1911, Alemania y Francia hicieron subir la tensión a cuenta de la presencia en Marruecos, pero fue en los Balcanes en donde finalmente estallaría aquella olla a presión. Era el escenario ideal porque el Imperio Turco se desmoronaba, dando lugar a la aparición de nuevos estados, y creando una situación de fronteras cambiantes en la que eran muchos los aspirantes a sacar tajada. Así, en 1908 Austria-Hungría se anexionó definitivamente Bosnia-Herzegovina, que ya administraba desde 1878 aunque formalmente seguía perteneciendo al Imperio Otomano. Esto provocó una crisis en la que el gobierno austrohúngaro contaba con que la debilidad de Rusia, tras su derrota ante Japón en 1905, no le permitiría intervenir militarmente en una zona objeto de sus intereses mientras que Servia, alarmada por la expansión imperial de su vecino, no tenía capacidad de oposición.

El siguiente susto tendría lugar en 1912 cuando Bulgaria, Servia, Montenegro y Grecia fueron a la guerra con Turquía y, tras la derrota otomana, se repartieron los territorios europeos de su rival, pero en 1913 los vencedores se enzarzarían en nueva guerra. Esta vez Bulgaria, la gran triunfadora del conflicto anterior, se vio enfrentada a Rumanía, Servia, Grecia y Turquía. El resultado de las dos guerras balcánicas se ve claramente en el mapa, que como de costumbre he tomado prestado de Wikipedia: Turquía deja de ser una potencia europea y su territorio se lo reparten entre los jóvenes estados balcánicos.

Las guerras balcánicas cerraron el conflicto de la región en falso porque Austria-Hungría difícilmente podía aceptar la expansión servia, que alentaba el separatismo en regiones como Bosnia, mientras que Rusia no podía dejar de apoyar a los nuevos estados balcánicos, sus aliados naturales en la región. Este conflicto de intereses entre los dos imperios abría la posibilidad, cada vez más real, de una guerra entre grandes potencias europeas y en consecuencia se prepararon planes bélicos y se aceleró una carrera de armamentos que, para ser aceptada por la opinión pública, llevó a incidir en el peligro de que se desatara un conflicto, lo que hacía que este riesgo fuera cada vez más aceptado como una posibilidad cierta. Y así es como llegamos al fatídico 28 de junio de 1914.

Aquel día el heredero del trono austrohúngaro, el archiduque Francisco Fernando, sobrino del emperador Francisco José, estaba de visita en Sarajevo, capital de la recientemente incorporada al imperio Bosnia-Herzegovina. El imperio vivía un delicado equilibrio y las minorías de los Balcanes eran fuente de preocupación, aunque precisamente el archiduque era partidario de darles mayor representación, en oposición al punto de vista más conservador de su tío, el monarca. Esto no le libraba de ser el blanco de los odios de la minoría servia, puesto que una mejor integración de esta minoría en el imperio significaría una estabilidad que haría más difícil la creación de la Gran Servia, objetivo al que apuntaba el nacionalismo servio y, dentro de él, una organización secreta conocida como La Mano Negra.

La visita del heredero a Sarajevo comenzó cuando la comitiva de seis coches, en el tercero de los cuales iba el archiduque (algunas fuentes dicen que iba en el segundo, pero eso no hace al caso), dejó la estación de tren de la ciudad a las 10 de la mañana y se dirigió al ayuntamiento. Siete asesinos esperaban su oportunidad en distintos puntos del recorrido. Todos ellos formaban parte de una facción de La Mano Negra dirigida por el coronel Dragutin Dimitrijević, más conocido como Apis, jefe del servicio de inteligencia militar servio.

En su recorrido por las calles de Sarajevo la comitiva pasó junto a dos de los asesinos, que no tuvieron ocasión de actuar. Un tercero sí consiguió arrojar una bomba, pero ésta rebotó en el coche del archiduque y estalló tras él, provocando una veintena de heridos pero dejando ileso a su objetivo. El asesino frustrado intentó suicidarse tragando una cápsula de cianuro, pero el veneno era antiguo y estaba en mal estado, por lo que sólo le provocó vómitos. Mientras tanto el coche del archiduque se alejaba a toda velocidad del escenario del atentado. El heredero del trono parecía haber escapado indemne de sus enemigos.

El archiduque Francisco Fernando llegó muy alterado al ayuntamiento. Allí se encaró con el alcalde de la ciudad: «Vengo de visita y me reciben con una bomba, ¡es indignante!», pero pronto logró calmarse, escuchó los discursos de bienvenida, y respondió a ellos diplomáticamente. Entretanto los asesinos aguardaban sin saber qué hacer y uno de ellos, Gavrilo Princip, hambriento, cruzaba la calle para entrar en una tienda y comprar algo que llevarse a la boca. Tras la recepción, el archiduque expresó su deseo de visitar a los heridos en el atentado, alterando así el plan original de la visita.

A las 10:45 la comitiva se ponía de nuevo en marcha. Tras el coche del alcalde marchaba el del archiduque en el que además iban su esposa y el gobernador Potiorek. Éste había decidido tomar la ruta más directa al hospital, evitando el centro de Sarajevo, pero la precipitación hizo que los conductores no estuvieran sobre aviso del cambio de itinerario. Gavrilo Princip acababa de salir de la tienda con su sandwich cuando se encontró de nuevo con el cortejo de automóviles; el coche del alcalde, en contra de lo previsto por Potiorek, hizo un giro para salir de la avenida junto al río y enfilar el centro de la ciudad, y lo mismo hizo el vehículo del archiduque. Al darse cuenta de que no se seguía la ruta directa que él había previsto, el gobernador Potiorek alertó al conductor: «¡No es por aquí, teníamos que seguir recto por Appel Quay!». El chófer clavó los frenos y se dispuso a retroceder. A apenas dos metros de donde el coche se había detenido estaba Gavrilo Princip.

Princip hizo dos disparos: uno de ellos acertó al archiduque en la yugular y el otro alcanzó a su esposa Sofía en el abdomen. El coche salió disparado de nuevo mientras Princip intentaba suicidarse sin éxito (el cianuro en mal estado sólo le hizo vomitar, como ocurrió con su compañero). En el automóvil, entretanto, la gravedad de la situación se hacía patente cuando al archiduque le salió una bocanada de sangre por la boca. Su mujer se desmayaba unos segundos después y él, dándose cuenta de que ella también estaba herida, sólo acertó a decir «Sofía, no te mueras, tienes que vivir por nuestros hijos». A continuación él también perdía el sentido y minutos después ambos habían muerto.

Aunque el gobierno servio no estaba directamente detrás del atentado sí es cierto que tenía noticias de la trama y apenas hizo nada por impedirla. Austria-Hungría, con el respaldo alemán, vio la ocasión de frenar la expansión servia y resolver la cuestión de los Balcanes por la vía militar, en lugar de intentar una solución diplomática que habría sido pasajera. Pero Rusia, que contaba con el apoyo francés, no podía mantener una actitud pasiva so pena de perder toda influencia en la región. Cuando Austria-Hungría emitió un ultimátum inaceptable para Servia los acontecimientos se precipitaron: el conflicto austro-servio pasó a ser austro-ruso, por lo que Alemania a su vez envió un ultimátum a Rusia, y pronto se vio en guerra con rusos y franceses. El plan alemán de ataque a Francia implicaba ocupar Bélgica, violando su neutralidad, lo que llevó a Gran Bretaña a declarar la guerra a Alemania. El 4 de Agosto toda Europa estaba en guerra.

Como hemos visto las causas de la contienda son complejas y aunque no fue el giro equivocado del coche del archiduque el motivo de las hostilidades, es imposible no preguntarse qué habría ocurrido si los asesinos de Sarajevo hubiesen fracasado, si el conductor hubiese seguido recto y a buen ritmo en su camino al hospital. Probablemente se habría llegado de todas maneras a una guerra que el sistema de alianzas convertía inevitablemente en generalizada, pero también puede que los enfrentamientos entre potencias se hubiesen resuelto mediante conflictos de menor intensidad, como ocurrió durante la Guerra Fría. Quizás no habría habido una Primera Guerra Mundial y por tanto tampoco una Segunda.

Hay una conclusión que sí está clara: las condiciones para que toda Europa se viera envuelta en una guerra, como hemos visto, estaban presentes y una vez que las condiciones para un hecho se han creado sólo hay que esperar al detonante; de la misma forma que un escape de gas, al mezclarse con el oxígeno del aire, crea las condiciones para que haya una explosión, pero ésta no aparece hasta que hay una chispa. En la actualidad Europa parece encontrarse en otro momento inestable, con una situación económica complicada, desconfianza entre los países de la Unión Europea, tensión social, etc, por lo que situaciones antes impensables, como por ejemplo la desaparición del euro o la salida de un país de la Unión, se plantean como posibilidades ciertas. La posibilidad de que la tensión llegue al extremo de provocar una guerra civil en algún país europeo parece de momento más lejana, pero también lo parecía en Yugoslavia en 1990 o en Libia hace apenas dos años. ¿Qué pasará si salta una chispa?

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Vecinos y condueños

06 sábado Oct 2012

Posted by ibadomar in Arte, Historia, Política

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Alcalá de Henares, Arquitectura, Arte, Cisneros, Condueños, Desamortización, Gil de Hontañón, Historia, Política, Renacimiento, Siglo XIX, Siglo XX

Recientemente fue noticia la singularidad del ayuntamiento de Torrelodones. Como vemos en este artículo, allí el poder local lo ostenta una agrupación de vecinos en lugar de los partidos políticos tradicionales. Si esto ya es extraordinario más aún lo es el que el consistorio haya logrado un superávit superior a los 5 millones de euros precisamente en estos momentos de crisis. A mí no me resulta extraño que sean precisamente los vecinos los que consigan encarrilar una situación creada por los profesionales de la política, es más, me recuerda bastante a otro suceso ocurrido 160 años antes.Esto que vemos aquí es la fachada del rectorado de la Universidad de Alcalá de Henares. La realizó Rodrigo Gil de Hontañón a mediados del siglo XVI y se considera una obra especialmente representativa de la arquitectura renacentista española. En aquel entonces el edificio era el Colegio Mayor de San Ildefonso y formaba parte de la Universidad que, por estar en Alcalá, era conocida como Complutense. La fachada es digna de ser admirada y no sólo por el gusto estético sino también por la simbología de su ornamentación, en la que los tres pisos que la componen tienen una relación jerárquica. La describiré brevemente para que nos hagamos una idea de las alegorías que encierra.

El piso inferior, en el que está la puerta de acceso, tiene cuatro ventanas en hilera sobre cada una de las cuales, en un tondo enmarcado en un frontón, aparece la efigie de uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia de Occidente (por si alguien siente curiosidad diremos que son S. Ambrosio, S.Jerónimo, S. Agustín y S. Gregorio); por encima, en el primer piso, hay dos ventanas y sobre ellas, con una posición jerárquica superior a la de los cuatro santos anteriores, la efigie de los dos apóstoles más importantes, S. Pedro y S. Pablo, además de la imagen de S. Ildefonso, que da nombre al Colegio Mayor que albergaba el edificio. Más arriba, en el segundo piso está el escudo del Emperador Carlos V y por encima de él, en lo más alto de la jerarquía, Dios Padre en actitud de bendecir. En cuanto al punto central del edificio, el balcón situado sobre la entrada, corresponde a la biblioteca, donde se guardan los mayores tesoros de sabiduría de la Universidad, y por eso aparece tan bien protegido, con columnas sujetadas por Atlantes mientras unos alabarderos lo custodian. Hay más elementos que podemos mencionar, como los cordones franciscanos que recorren la fachada, símbolo de la orden a la que pertenecía Cisneros, pero lo más significativo es lo que queda descrito.

Si traigo a colación este edificio no es por su valor artístico sino por su relación con los vecinos de la ciudad. La Universidad de Alcalá, de la que el Colegio Mayor de San Ildefonso era el núcleo, fue fundada por el Cardenal Cisneros en 1499. No entraremos en detalles de su historia sino que nos limitaremos a decir que fue prestigiosa, pero sufrió con el tiempo una inevitable decadencia que culminó en 1836 con la desamortización de Mendizábal, que supuso el traslado de la Universidad a Madrid y la subasta de sus bienes, entre ellos el edificio que nos ocupa y que fue adquirido por un particular que tenía el proyecto de instalar en él una fábrica de seda. El proyecto no llegó a buen puerto y el edificio fue vendido a otro particular, el conde de Quinto, que no tuvo empacho en vaciarlo de obras de arte y que al parecer acariciaba la idea de desmontar la fachada para que fuera trasladada a otro lugar pieza por pieza.

Hoy en día este edificio, corazón de la Universidad de Alcalá de Henares, está incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad junto con el centro histórico de la ciudad, lo que no habría ocurrido de haberse llevado a cabo el proyecto del conde de Quinto, pero ¿qué fue lo que evitó el desmantelamiento del patrimonio histórico y cultural de Alcalá? No fue ninguna ley de conservación de bienes culturales ni una acción parlamentaria. Fueron los propios ciudadanos los que tomaron la iniciativa, alarmados por la desaparición de la herencia cultural de la ciudad, y reunieron fondos para comprarle al conde de Quinto el edificio, lo que hicieron en diciembre de 1850. Formaron para ello la Sociedad de condueños de los edificios que fueron Universidad, organización creada para salvarguardar el patrimonio artístico de Alcalá en la que participaron vecinos de toda condición que lograron reunir un capital de 90.000 reales repartido en 900 acciones de 100 reales cada una.

La moraleja de esta historia, en mi opinión, es que cuando algo importante está en juego son los propios ciudadanos los que realmente saben cómo cuidar de sus propios intereses. Si los habitantes de Alcalá de Henares hubieran confiado en la acción del gobierno para conservar su patrimonio habrían visto cómo éste desaparecía sin remedio. En el presente, en estos tiempos difíciles en los que tanto hay en juego, ¿cómo habrían actuado los fundadores de la Sociedad de Condueños? Iniciativa, desde luego, no les faltaba, por lo que es poco probable que se hubieran quedado quietos. Lástima que ya no podamos pedirles consejo, aunque aún sea posible aprender de ellos.

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