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Los orígenes de Hollywood

13 domingo Abr 2014

Posted by ibadomar in Arte, Historia

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Arte, Cecil B. De Mille, Cine, Edison, Historia, Hollywood, Patens, Siglo XX

Mientras escribo esto es noticia el gran éxito de taquilla de la película Ocho apellidos vascos y hace unos días que tuvo lugar la llamada Fiesta del cine, en la que se puede ver una película por apenas 2,90 euros. Caramba, ¿no se supone que el cine está en crisis? Eso dicen algunos, responsabilizando a la piratería, mientras que otros defienden que el modelo de negocio actual está desfasado. A la vista de los acontecimientos no cabe duda de que el público sigue interesado en acudir a las salas, aunque no lo haga tan a menudo como en estos casos concretos, bien por el precio, bien por falta de interés en la película que se ofrece. Al menos, por unos días, he dejado de oír el discurso de la crisis del cine.

Creo que llevo toda la vida oyendo hablar de la sempiterna crisis de las salas de cine. Es más, este tema surgió muchos años antes de que yo naciera, cuando se popularizó la televisión, que amenazaba con dejar vacías las salas. Pero el cine contaba con armas poderosas: el color, para empezar, y formatos que daban más espectacularidad a la gran pantalla: cinemascope, cinerama, vistavisión… sin embargo con el tiempo la distancia se redujo puesto que la pequeña pantalla incorporó el color, aunque la necesidad de usar tubos de vacío limitaba el tamaño de los televisores.

Otro asalto vino con el vídeo. Ahora el espectador podía ver en su propia casa, no la película que eligieran las cadenas de televisión, sino la que él deseara. Por entonces empezaron a desaparecer las grandes salas y surgieron los multicines, en los que un único proyectista podía atender varias salas a la vez mientras que los acomodadores empezaron a escasear. La calidad del vídeo no podía competir con la del cine en pantalla grande, pero cuando apareció el DVD las cosas se empezaron a complicar, y más aún con las nuevas pantallas planas, cada vez mayores, que permitían acercar más la experiencia del cine al salón de casa.

Hasta entonces las quejas venían de las salas de cine. Al fin y al cabo, a la industria le daba igual que su producto se consumiera en un formato u otro mientras diera dinero, pero entonces… ay, vino la revolución digital, la facilidad para copiar y transmitir datos sin perder calidad y surgió el mantra favorito de nuestros tiempos: el cine está en crisis por culpa de la piratería. Si los espectadores no van al cine la culpa no es de la calidad de la película ni de los altos precios sino de los espectadores, que se dedican a buscar películas gratis y a copiarlas y a pasárselas de mano en mano. Aparece así el malo oficial: el pirata informático. Pero la industria haría bien en recordar sus propios orígenes antes de acusar a nadie, ya que si Hollywood es la gran sede del cine no es por casualidad sino por la piratería cinematográfica de hace más de un siglo.

La industria del cine no se estableció en Hollywood porque sí ni de buenas a primeras. Al principio se concentró en Fort Lee (Nueva Jersey) muy cerca de Nueva York. Había un buen motivo puesto que en Nueva York estaba Edison, que tenía los mejores equipos, aunque estaban sujetos a patente. Edison era tan aficionado a los litigios como cualquier otro industrial que tenga una posición dominante y en este caso quien quería rodar tenía que usar sus aparatos o verse sometido a un caro proceso judicial. Finalmente los principales estudios se unieron a Edison en un trust, conocido como Patens, pero la industria del cine era más que los grandes estudios con sede en Fort Lee…

Los cineastas independientes eran el verdadero problema para los grandes estudios y la amenaza contra la que se habían unido. Ahora ya no peleaban entre ellos pero sus abogados seguían acosando a los independientes, que difícilmente podían acceder a material de calidad y no tenían empacho en emplear cámaras piratas. Pero no sólo había abogados en la pelea. De pronto, en mitad de un rodaje, podían aparecer unos matones que destrozaban el material, disparaban a las cámaras para inutilizarlas y desaparecían. Los independientes contraatacaron usando las mismas armas y, como entre ellos también había discrepancias, pronto todo el mundo estaba en guerra.

No sólo se pirateaban las cámaras. Las películas también, y eso que no había medios digitales. Pero podía ocurrir que una misma copia de la película se proyectara en dos cines, así que según terminaba de proyectarse el primer rollo en el cine A, un ciclista salía disparado con él hacia el cine B… haciendo a veces una parada por el camino en un laboratorio clandestino donde se copiaba la cinta a toda prisa. El ambiente era cada vez más irrespirable y algunos independientes empezaron a pensar en cambiar de aires.

California parecía un sitio ideal. Muy lejos de Nueva York y por tanto de Edison y de la Patens, con un clima privilegiado que aseguraba muchas horas de luz natural al año (por entonces sólo se rodaba de día) y con todos los exteriores que uno pudiera desear en las cercanías. Hacia 1911 se empezaron a mudar cineastas allí, que acabarían por concentrarse en un pequeño municipio cercano a Los Ángeles: Hollywood.

Ya en 1914 Cecil B. De Mille rodaba todo un largometraje en California: The squaw man, aunque el temor a la Patens aún subsistía, y no es de extrañar, porque también muchos estudios miembros del trust habían empezado a rodar allí. The squaw man es un caso interesante porque se dijo que se habían localizado exteriores en varios estados de la Unión, pero en realidad era un truco publicitario. De Mille había aprovechado al máximo las posibilidades de su sede hollywoodense y daba igual que en la película apareciera un puerto de mar, una estación de tren, una montaña cubierta de nieve, el desierto o una pradera, todos ellos presentes en su largometraje: todos los exteriores estaban a una distancia accesible en automóvil desde Hollywood.

En 1915 un tribunal dictaminó que la Patens era un trust ilegal, por lo que tuvo que disolverse, de manera que los considerados como piratas por la gran industria conseguían a la postre un triunfo en toda regla. A efectos de localización la desaparición del trust no cambió nada. El cine norteamericano había encontrado su sede ideal en California y allí sigue en la actualidad. Con el paso del tiempo, algunos de aquellos independientes que habían huido del acoso de la gran industria consiguieron catar el éxito, se hicieron grandes… y hoy sus herederos acusan a quienes buscan medios de distribución alternativos de piratería y promueven grandes procesos contra ellos mientras los servidores que alojan películas vagan de país en país o se establecen en ese territorio virtual conocido como la nube.

La historia, en cierto modo, se repite y probablemente dentro de 100 años alguien ruede una película sobre las vicisitudes de los distribuidores independientes que huían del acoso de la gran industria cinematográfica. Es más, apostaría una buena cena en el mejor restaurante del Sistema Solar a que dicha película se descargará por telepatía mientras los dueños de la distribución informática tradicional promoverán grandes procesos contra las descargas telepáticas por asfixiar a una industria intachable. Lástima que la esperanza de vida actual no me permita albergar posibilidades de verlo, porque estoy seguro de que ganaría la cena. En cualquier caso y por si la medicina avanza lo suficiente en ese tiempo, ¿alguien se anima a aceptar la apuesta? Sólo hay que aguantar hasta 2114 para comprobar quién gana.

 

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El cielo sobre Berlín

13 domingo Oct 2013

Posted by ibadomar in Aviación, Historia

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Aviación, Dc4, Guerra Fría, Historia, Momentos cruciales, Muro de Berlín, Siglo XX

Hay veces en que hay que tomarse unas vacaciones, no cabe duda. Yo las necesitaba después de unos meses muy ajetreados y por eso he pasado unos días desconectado de todo en una ciudad tan fascinante como es Berlín. Para alguien como yo, interesado por la Historia, esta ciudad está ligada a términos que son mitad historia reciente y mitad recuerdo personal (porque ya voy teniendo una edad): Muro de Berlín, Checkpoint Charlie, Tempelhof…

No es sólo una impresión personal. Observando las tarjetas postales a la venta encontré, junto a las inevitables fotografías de monumentos, otras con un significado puramente histórico, como vistas del Muro o imágenes del famoso cartel que avisaba a los transeúntes de que estaban llegando al límite del sector americano. Entre las postales estaba esta fotografía, que me trajo a la mente un momento clave de la Historia.

C-54

Hay muchas fotografías similares con distintos tipos de avión. En este caso se trata de un C54 (denominación militar del avión de transporte DC4) a punto de aterrizar en el aeródromo de Tempelhof durante el bloqueo de Berlín. Fue uno de los momentos en los que la Guerra Fría, que acababa de comenzar, amenazó con calentarse. En la fotografía están resumidos, por tanto, dos temas muy queridos en este blog: Historia y Aviación. Estaba cantado, desde el momento en el que vi la postal, que tenía que escribir un artículo en cuanto terminara las vacaciones.

La Segunda Guerra Mundial aparece a menudo narrada como si fuera un cuento repleto de momentos muy amargos y con final feliz: los malvados son derrotados por una alianza entre países aparentemente opuestos pero unidos en la causa común de combatir el Mal. Demasiado bonito para ser cierto. En realidad las tensiones entre aliados fueron habituales durante toda la guerra y tan pronto como ésta terminó las contradicciones de aquella alianza salieron a la superficie. Los enfrentamientos tendrían lugar en todo el planeta, pero en un primer momento se centraron en Europa. Y dentro de Europa el punto de fricción principal era el territorio del antiguo enemigo, ahora ocupado por los vencedores.

Una vez que se redefinieron las fronteras, Alemania se vio dividida en cuatro zonas de ocupación administradas por cada una de las potencias vencedoras: Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido y Francia (el porqué se consideró a Francia como uno de los grandes vencedores y no, por ejemplo, a Holanda, Yugoslavia o Grecia, no daría para un artículo sino para una tesis). La capital del país, Berlín, estaba enclavada dentro del territorio ocupado por la URSS y se dividió también en cuatro sectores. Pero en realidad los aliados se estaban repartiendo algo más que el territorio de su antiguo enemigo; en la segunda mitad de la década de los 40 se empezó a librar una callada guerra ideológica en la que por un lado la URSS intentaba construir a su alrededor un anillo defensivo de países ligados ideológicamente a su sistema, mientras las potencias occidentales buscaban reducir la influencia del comunismo en el territorio que controlaban. Se iniciaban así las primeras escaramuzas de la Guerra Fría.

En ese escenario 1948 fue un año crucial. Para entonces estaba claro que allá donde los comunistas lograban hacerse con el poder instauraban un sistema de partido único. Esto había ocurrido en Albania, Rumania, Bulgaria, Polonia, Yugoslavia, Checoslovaquia y estaba ocurriendo en Hungría. Las democracias liberales occidentales no podían dejar de alarmarse ante la agresividad soviética, y tampoco aceptar el riesgo de un choque directo. Estos primeros años son los de la contención, término acuñado por el diplomático norteamericano George Kennan para definir una doctrina estratégica que pretendía mantener a los comunistas dentro de sus límites, sin rehuir el enfrentamiento, pero sin buscarlo.

Es en este contexto en el que coinciden en un mismo país, Alemania, las fuerzas ocupantes de tres países occidentales y de la URSS. ¿Qué ocurriría en el país ocupado? Como era de esperar, no había acuerdo sobre la forma que tomaría Alemania en el futuro. Cuando las potencias occidentales decidieron unificar sus respectivas zonas se desataron las fricciones y las fuerzas soviéticas empezaron a dificultar los movimientos terrestres utilizando todo tipo de inspecciones, trabas burocráticas, etc. Corría el mes de abril de 1948 y la situación empeoraría en junio cuando las potencias occidentales introdujeron una nueva moneda en Alemania Occidental, mientras los soviéticos hacían lo propio en su zona y terminaban de cortar las vías de comunicación con Berlín por la superficie.

Aunque resulte extraño, en los acuerdos entre las distintas potencias no había nada previsto sobre el transporte de superficie, por lo que los soviéticos no estaban incumpliendo ningún tratado al bloquear unas comunicaciones que, sin embargo, se habían desarrollado con normalidad durante tres años. Curiosamente sí se habían pactado tres pasillos aéreos para unir Berlín con la zona de Alemania bajo ocupación occidental. La cosa estaba clara: o se admitía que Berlín quedara en manos soviéticas, o se intentaba forzar el paso por la fuerza, arriesgándose a una guerra, o se intentaba ganar tiempo abasteciendo a la ciudad únicamente por aire, burlando así el asedio.

572px-BerlinerBlockadeLuftwegeAlemania ocupada y los pasillos aéreos. Tomado de Wikipedia.

La última opción desafiaba lo imaginable. Estamos hablando de abastecer únicamente por aire a toda una ciudad que por aquel entonces tenía en estado de ruina total un 20% de sus edificios. Había que transportar de todo: desde harina y leche hasta carbón, especialmente esto último (supuso un 27% del total). Se calculaba que sólo en alimentos harían falta más de 1.500 toneladas diarias y la carga total sería de unas 4.500 toneladas al día. En una época en la que un avión como el DC3 podía cargar entre tres y cuatro toneladas el esfuerzo parecía imposible. Más aún si lo comparamos con el fracaso alemán en Stalingrado apenas cinco años antes: cuando intentaron abastecer por aire al sitiado VI ejército calcularon 700 toneladas diarias, que redujeron a 500 como mínimo indispensable, pero la Luftwaffe se veía incapaz de introducir en la ciudad más de 350 toneladas al día, y eso con suerte.

Y sin embargo no quedaba otro remedio que intentarlo. Al principio se pensó que el bloqueo duraría unas pocas semanas, pero la situación se prolongó y obligó a modificar los cálculos, porque no es lo mismo abastecer una ciudad en verano que en invierno, así que con el tiempo hubo que sumar casi mil toneladas más al día. Pronto se concentró el esfuerzo en utilizar aviones más grandes (el C54 de la foto inicial, por ejemplo, podía llevar unas diez toneladas y era más fácil de cargar y descargar que un DC3), pero aun así el esfuerzo era titánico y más aún en una época en la que las ayudas a la navegación no estaban tan desarrolladas como ahora y un mal día de neblina podía arruinar toda la operación. De hecho hubo accidentes, y unas 70 personas perdieron la vida en la operación, que en conjunto era una pesadilla logística, pero que mantuvo a la ciudad abastecida.

La llegada de mercancías que aseguraban que Berlín Oeste no pasaría a poder de la URSS presentó ante los alemanes la cara amable de la ocupación americana, pero la guinda la puso el piloto Gail Halvorsen. En una ocasión, junto al aeropuerto, habló con unos niños alemanes y les prometió llevarles dulces, así que en su siguiente vuelo reunió las golosinas de su ración y las de su tripulación y, por no arriesgarse a herir a alguien al dejarlas caer desde el avión, las tiró atadas a unos paracaídas improvisados con pañuelos. Pronto corrió la voz entre los niños berlineses, que esperaban la llegada de los aviones americanos con la expectación que es de suponer.

Los envíos de dulces continuaron cada vez en mayor cantidad hasta llegar a preocupar al propio Halvorsen, que sabía que su particular operación de abastecimiento era irregular, pero no se sentía capaz de defraudar a quienes le esperaban. Cuando su avión salió fotografiado en un periódico en el que se contaba su peculiar lanzamiento de golosinas, el atribulado piloto se vio convocado ante sus superiores. Sin embargo el mando norteamericano reconoció la excelente publicidad que suponían los lanzamientos de dulces, que a partir de entonces fueron autorizados y se hicieron más frecuentes. Quizás por eso aparecen tantos niños en la fotografía.

El bloqueo de Berlín resultó ser todo un fiasco para la URSS porque no sólo no había logrado hacerse con la ciudad sino que daba a su adversario la oportunidad de lucirse exhibiendo su competencia técnica. Había que rendirse a la evidencia, y en mayo de 1949 se anunció el fin del bloqueo. Durante casi un año Berlín había recibido más de 200.000 vuelos con un total superior a 2.200.000 toneladas de carga. Por su parte, los EEUU habían demostrado, además de una enorme capacidad logística, un gran compromiso con Europa Occidental ante el expansionismo soviético.

Pero lo mejor de todo fue la demostración de que por mucho que creciera la tensión ninguna de las dos partes estaba realmente decidida a llegar a la guerra: los americanos no habían intentado forzar las comunicaciones terrestres y por su parte los soviéticos, aunque hicieron algunas acciones para hostigar a los aviones del puente aéreo, nunca llegaron a abrir fuego contra ellos. Se habían establecido las reglas de un juego cuyas partidas se jugarían por todo el mundo durante los siguientes 40 años y en el que, por primera vez, las dos principales potencias del mundo renunciaron a enzarzarse en una guerra directa para dirimir su supremacía.

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Inversiones de futuro

14 domingo Jul 2013

Posted by ibadomar in Historia, Política

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Edad Media, Edad Moderna, Enrique el Navegante, Florencia, Historia, Medina Azahara, Política, Proyecto Apollo, Renacimiento, Siglo XX

Hace unos tres o cuatro años mis padres visitaron Florencia. A su regreso estuvimos hablando del aparente prodigio de que coincidieran allí en poco tiempo los grandes talentos del Renacimiento: Donatello, Fra Angélico, Brunelleschi, Botticelli, Leonardo, Miguel Ángel, Rafael… todos ellos eran florentinos o vivieron y trabajaron en Florencia. Semejante reunión de genios parece todo un milagro, pero no todo se debe a la casualidad ya que vivieron en los años de esplendor de los Médici, que tanto interés y dinero invirtieron en apoyar las artes. En aquella época un joven florentino que tuviese talento y habilidad haría bien en buscar un taller donde emplearse como aprendiz y aprender los secretos de un oficio que podría reportarle el favor de los poderosos, de la misma forma que hoy, un adolescente hábil con el balón o con la raqueta de tenis puede lograr un espléndido porvenir si consigue destacar en estos deportes.

En el fondo es cuestión de dinero. Si se invierte en un campo determinado acudirán a él muchos, de los cuales una mayoría serán más o menos competentes, unos cuantos serán un desastre, y algunos resultarán ser verdaderos genios. El talento de éstos es importante, sí, pero sin las condiciones adecuadas no llegará a desarrollarse nunca. Todos los artistas que he citado fueron grandes maestros, pero no estaban solos, sino que contaban con sus colaboradores y se movían entre otros muchos colegas, cuyos nombres a menudo no se han conservado o no destacaron lo suficiente como para ser conocidos más allá del círculo de los grandes expertos en la materia. Habiendo materia prima para elegir, alguno tenía que destacar entre todos ellos; cuando la materia prima es mucha ya no sólo es uno el que destaca sino varios, y así surge un foco de excelencia. En este caso en las artes.

Florencia es un buen ejemplo de cómo se obtienen resultados en aquello en lo que se invierte con preferencia, pero no es el único ni mucho menos. Expongamos algún caso más:

Quien haya visitado Córdoba habrá hecho bien en contemplar las ruinas de Medina Azahara, la magnífica residencia del califa Omeya. La magnificencia del complejo palacial y lo desmesurado de su lujo eran tales que hasta causaban asombro en los embajadores bizantinos, acostumbrados a una corte tan suntuosa como la de Constantinopla. Sin duda era agradable contemplar esa exhibición de poder… a cuya construcción destinó el califato durante años nada menos que la tercera parte de sus ingresos. Si uno dedica tal cantidad de dinero a un proyecto no es de extrañar que el resultado sea deslumbrante.

Un ejemplo más cercano es el del Proyecto Apolo de la NASA. En plena Guerra Fría la carrera espacial entre las dos grandes potencias era algo más que una cuestión de desarrollo técnico, ya que estaban en juego cuestiones de supremacía tecnológica, implicaciones militares de esa misma tecnología, cuestiones de orgullo nacional y, naturalmente, propaganda de la superioridad del propio modelo social. La Unión Soviética partió con ventaja, al conseguir ser el primer país en poner en órbita un satélite artificial (Sputnik 1, 1957), en enviar un ser vivo al espacio (perra Laika en el Sputnik 2, 1957), en enviar a un ser humano al espacio (Yuri Gagarin en el Vostok 1, 1961) y en dar el primer paseo espacial (Alexei Leonov en el Voskhod 2, 1965). Los Estados Unidos no podían permitirse quedar atrás y apenas un mes y medio después de que Gagarin completara una órbita a la Tierra el presidente norteamericano, J.F. Kennedy proponía un programa destinado a que su país enviara a un hombre a la Luna y lo trajera de regreso a la Tierra antes de terminar la década. El proyecto Apollo culminó con éxito en 1969, como sabemos, pero no fue barato: en algunos años obligó a destinar a la NASA más de un 4% del presupuesto nacional.

Un caso de rivalidad parecido, salvando las distancias, lo tenemos entre las coronas de Portugal y Castilla en el siglo XV. Portugal tomó la delantera en la llamada era de los descubrimientos, aunque Castilla se llevó el premio gordo gracias a la expedición de Colón. Todo aquel esfuerzo se cimentó en el trabajo del infante Enrique el Navegante de Portugal. Su apodo le viene por el apoyo que dio a las empresas de exploración del Océano Atlántico. Él no podía saberlo, pero con su mecenazgo estaba cambiando el mundo, ya que no se limitó a poner dinero para enviar barcos a la ventura sino que fundó en Sagres todo un complejo náutico formado por arsenal, observatorio, escuela naval, etc. Hoy en día supongo que lo llamaríamos Universidad del Mar o algo parecido. En otras palabras: creó las condiciones para que el talento relacionado con la navegación diera fruto. Castilla no se podía quedar atrás si quería sacar rendimiento de la expedición colombina y por eso la Casa de Contratación fue mucho más que la institución mercantil que monopolizaba el comercio con las Indias: en el siglo XVI era el primer centro científico de Europa en el que el estudio de la cartografía y la navegación tenían un puesto de honor, como podemos leer en, por ejemplo, este artículo.

Todos estos casos me vinieron a la mente cuando leí hace un par de meses que un joven físico, uno de los mejores de Europa en su campo, vio rechazada su beca para regresar a España (enlace a la noticia) o cuando leí que una bióloga que destaca en su campo fue despedida de su centro de investigación en Valencia (enlace). Es posible que estas noticias tengan ese punto de exageración que aparece a menudo en la prensa, pero estos días he leído que el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) está en serios apuros porque necesita con urgencia 75 millones de euros (enlace). En la misma noticia leemos que en el CSIC trabajan 15.000 personas (un tercio de ellos investigadores) y aquí leemos que su presupuesto es de 602 millones de euros. Una simple división y obtenemos que el CSIC tiene un presupuesto de poco más de 40.000 euros por persona. El presupuesto incluye salarios, gastos de energía, material, edificios, etc, pero para simplificar vamos a establecer el coste por investigador, que será, sabiendo que un tercio del personal se dedica a la investigación, de aproximadamente 120.000 euros.

Para comparar y hacer un poco de demagogia tengamos en cuenta que el presupuesto de una institución como el Senado, que nadie sabe para qué sirve, es de casi exactamente 52 millones de euros según su propia web. No todo va al sueldo de los senadores, pero ya que hemos establecido el coste por investigador establezcamos el coste por senador. Son 266 senadores según la misma web lo que da un gasto por senador de 195.000 euros. Es decir, que un senador nos sale un 62,5% más caro que un investigador. El por qué puede ocurrir que desaparezcan éstos y no aquéllos no alcanzo a comprenderlo.

El resumen de todo lo escrito es que una sociedad obtiene lo que compra: si gasta su dinero en artistas tendrá a los mejores, si lo hace en navegantes surcará los mares, si lo hace en investigación espacial llegará al espacio, mientras que si por el contrario lo gasta en…

No, no es que haya dejado el artículo sin terminar. Es que me he ahorrado el trabajo de teclear porque sé que todos los que lo hayan leído entero han completado el párrafo anterior por su cuenta, aunque sea con ejemplos distintos. Hay tantos para elegir que no he conseguido decidirme por ninguno.

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