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600 años de prejuicios contra la Edad Media

04 domingo Nov 2012

Posted by ibadomar in Historia

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Alfonso X, Edad Media, Gótico, Historia, Renacimiento

He observado algo curioso. A menudo, cuando se pretende poner de manifiesto que algo está totalmente anticuado se usa el calificativo medieval, cuando se teme que haya un retroceso social se habla de «vuelta a la Edad Media» y si lo que preocupa es una regresión económica que nos lleve a tiempos pretéritos se emplea el término neofeudalismo. Y por si no me creéis os adjunto unos ejemplos sacados de la prensa: el ministro principal de Gibraltar, como vemos aquí, descalificaba la postura de España respecto al peñón calificándola de medieval hace apenas una semana; en este otro artículo, publicado dos días más tarde, un periodista emplea el titular «Una nueva Edad Media» para alertarnos de que el mundo se dirige hacia un capitalismo feudal (sic). El término neofeudalismo, por su parte, lo utiliza un diputado en esta entrevista para dibujar el futuro apocalíptico hacia el que quiere convencernos de que nos conducen sus adversarios políticos.

Leyendo semejantes descripciones se diría que el periodo medieval es a la humanidad lo que el hombre del saco a la infancia. ¿Tan terrible fue aquella época? Puede que la Edad Media fuera la era del vasallaje, pero la Antigüedad fue la de la esclavitud y no tiene tan mala prensa. ¿Y qué tenían las condiciones de vida del campesino del siglo XVII de ventajosas con respecto a las del siglo XII? No demasiado y sin embargo nadie habla de «retorno a la época romana», ni siquiera de «regreso al Antiguo Régimen». La mala prensa se la lleva el Medievo, pero ¿por qué?

Para empezar la propia noción de Edad Media es compleja. Se suele tomar el fin del Imperio Romano de Occidente en el año 476 y la caída de Constantinopla en 1453 como límites convencionales, pero ni siquiera eso está libre de disputa y hay quien piensa que los comienzos deberían adelantarse al siglo III, con la gran crisis del Imperio Romano, o retrasarse al siglo VII, con la expansión musulmana por el Mediterráneo. El final también podría retrasarse un poco, hasta el descubrimiento de América en 1492 por ejemplo. Estas discusiones tampoco nos afectan demasiado porque en este artículo no se trata de saber qué es la Edad Media sino el porqué de su mala fama y si ésta es merecida.

No es que la vida no fuera dura en aquel milenio, pero también hubo avances significativos: la rotación trienal de cultivos, por ejemplo, es un avance de la Alta Edad Media, y medieval es un modelo de yugo para uncir los bueyes aprovechando mejor su fuerza de tracción. También en esta época se generaliza la herradura metálica y aparece en Europa un invento originario de la India tan útil como es el estribo. Es también de la Plena Edad Media el aprovechamiento de fuentes de energía como la eólica (se inventó el molino de viento en el siglo XII) y el uso cada vez mayor de la energía hidráulica en molinos, batanes y forjas. Los progresos en metalurgia permitían hacer mejores armaduras que, unidas al ya citado estribo y al freno de boca para los caballos, cimentaban el apogeo de la caballería, aunque lo que la técnica daba a los caballeros por un lado se lo quitaba por otro con la invención de la ballesta, y posteriormente de la pólvora. La clásica ánfora para transporte era sustituida por toneles de madera, que aprovechaban mejor el espacio en unos barcos que ya no usaban timones de remo laterales, sino el timón de popa que aún se emplea en la actualidad y que para los navegantes de la Baja Edad Media era una invención casi tan útil como la de la brújula, otra novedad de la época.

La técnica avanzó, pero ¿y el pensamiento? Tampoco aquí debemos caer en el tópico de la Edad Oscura. Las universidades nacieron durante la Edad Media, hacia el siglo XI, y florecieron especialmente en los siglos XIII y XIV, pero ya antes hubo intelectuales como por ejemplo Agustín de Hipona o Isidoro de Sevilla. Otras figuras destacadas fueron Alberto Magno, Tomás de Aquino o Guillermo de Ockham, por limitarnos a la Europa Occidental. Así que el Medievo no fue tan oscuro, después de todo.

Y sin embargo la mala fama de la Edad Media persiste, mala fama que surgió por los prejuicios acumulados desde el Renacimiento, y es bueno que nos detengamos a considerar el porqué de esa denominación, Renacimiento, que enmarca un periodo caracterizado, entre otras cosas, por una gran admiración hacia la cultura clásica, que se toma como ideal y como modelo. La contrapartida es el desdén hacia la sociedad que había sustituido al idolatrado mundo romano. Un buen ejemplo es la arquitectura: se pone de moda construir los edificios «a la antigua», despreciando los que están hechos «a la moderna», aunque emplearan elementos desconocidos para los admirados romanos. Entre esos elementos menospreciados está el arco apuntado, ese invento medieval que permitía realizar construcciones que un arquitecto romano habría considerado prodigiosas y, como muestra de ese desprecio, a la arquitectura que lo empleaba la definió con un término despectivo, gótica, que aludía a los bárbaros invasores que habían acabado con aquel mundo ideal. Hoy en día el término gótico aplicado al arte ha perdido su carácter peyorativo, pero originalmente aquel calificativo equivalía a un insulto.

Los hombres de la Edad Moderna, en conclusión, se consideraban a sí mismos como herederos de aquella Edad Antigua. El mundo que ellos admiraban había muerto, pero ahora ellos lo traían de nuevo a la luz y la cultura clásica volvía a la vida, renacía, por eso hablamos de Renacimiento. Y para designar a ese periodo insulso que está entre la Edad Antigua y la Moderna surgió la expresión Edad Media, algo así como un paréntesis entre dos épocas de esplendor. La expresión se perpetuó y el prejuicio también.

Hoy en día seguimos despreciando el mundo medieval, a pesar de que nuestro propio mundo tiene sus raíces en él, y como vimos al principio, su supuesta tenebrosidad se ha convertido en proverbial. Y sin embargo es frecuente que muchos de los que atribuyen a aquella época todo tipo de calamidades apenas la conozcan. Aunque todos sabemos que los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen. Lo dijo Alfonso X en el siglo XIII y por algo le llamaban el Sabio.

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Vecinos y condueños

06 sábado Oct 2012

Posted by ibadomar in Arte, Historia, Política

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Alcalá de Henares, Arquitectura, Arte, Cisneros, Condueños, Desamortización, Gil de Hontañón, Historia, Política, Renacimiento, Siglo XIX, Siglo XX

Recientemente fue noticia la singularidad del ayuntamiento de Torrelodones. Como vemos en este artículo, allí el poder local lo ostenta una agrupación de vecinos en lugar de los partidos políticos tradicionales. Si esto ya es extraordinario más aún lo es el que el consistorio haya logrado un superávit superior a los 5 millones de euros precisamente en estos momentos de crisis. A mí no me resulta extraño que sean precisamente los vecinos los que consigan encarrilar una situación creada por los profesionales de la política, es más, me recuerda bastante a otro suceso ocurrido 160 años antes.Esto que vemos aquí es la fachada del rectorado de la Universidad de Alcalá de Henares. La realizó Rodrigo Gil de Hontañón a mediados del siglo XVI y se considera una obra especialmente representativa de la arquitectura renacentista española. En aquel entonces el edificio era el Colegio Mayor de San Ildefonso y formaba parte de la Universidad que, por estar en Alcalá, era conocida como Complutense. La fachada es digna de ser admirada y no sólo por el gusto estético sino también por la simbología de su ornamentación, en la que los tres pisos que la componen tienen una relación jerárquica. La describiré brevemente para que nos hagamos una idea de las alegorías que encierra.

El piso inferior, en el que está la puerta de acceso, tiene cuatro ventanas en hilera sobre cada una de las cuales, en un tondo enmarcado en un frontón, aparece la efigie de uno de los cuatro grandes padres de la Iglesia de Occidente (por si alguien siente curiosidad diremos que son S. Ambrosio, S.Jerónimo, S. Agustín y S. Gregorio); por encima, en el primer piso, hay dos ventanas y sobre ellas, con una posición jerárquica superior a la de los cuatro santos anteriores, la efigie de los dos apóstoles más importantes, S. Pedro y S. Pablo, además de la imagen de S. Ildefonso, que da nombre al Colegio Mayor que albergaba el edificio. Más arriba, en el segundo piso está el escudo del Emperador Carlos V y por encima de él, en lo más alto de la jerarquía, Dios Padre en actitud de bendecir. En cuanto al punto central del edificio, el balcón situado sobre la entrada, corresponde a la biblioteca, donde se guardan los mayores tesoros de sabiduría de la Universidad, y por eso aparece tan bien protegido, con columnas sujetadas por Atlantes mientras unos alabarderos lo custodian. Hay más elementos que podemos mencionar, como los cordones franciscanos que recorren la fachada, símbolo de la orden a la que pertenecía Cisneros, pero lo más significativo es lo que queda descrito.

Si traigo a colación este edificio no es por su valor artístico sino por su relación con los vecinos de la ciudad. La Universidad de Alcalá, de la que el Colegio Mayor de San Ildefonso era el núcleo, fue fundada por el Cardenal Cisneros en 1499. No entraremos en detalles de su historia sino que nos limitaremos a decir que fue prestigiosa, pero sufrió con el tiempo una inevitable decadencia que culminó en 1836 con la desamortización de Mendizábal, que supuso el traslado de la Universidad a Madrid y la subasta de sus bienes, entre ellos el edificio que nos ocupa y que fue adquirido por un particular que tenía el proyecto de instalar en él una fábrica de seda. El proyecto no llegó a buen puerto y el edificio fue vendido a otro particular, el conde de Quinto, que no tuvo empacho en vaciarlo de obras de arte y que al parecer acariciaba la idea de desmontar la fachada para que fuera trasladada a otro lugar pieza por pieza.

Hoy en día este edificio, corazón de la Universidad de Alcalá de Henares, está incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad junto con el centro histórico de la ciudad, lo que no habría ocurrido de haberse llevado a cabo el proyecto del conde de Quinto, pero ¿qué fue lo que evitó el desmantelamiento del patrimonio histórico y cultural de Alcalá? No fue ninguna ley de conservación de bienes culturales ni una acción parlamentaria. Fueron los propios ciudadanos los que tomaron la iniciativa, alarmados por la desaparición de la herencia cultural de la ciudad, y reunieron fondos para comprarle al conde de Quinto el edificio, lo que hicieron en diciembre de 1850. Formaron para ello la Sociedad de condueños de los edificios que fueron Universidad, organización creada para salvarguardar el patrimonio artístico de Alcalá en la que participaron vecinos de toda condición que lograron reunir un capital de 90.000 reales repartido en 900 acciones de 100 reales cada una.

La moraleja de esta historia, en mi opinión, es que cuando algo importante está en juego son los propios ciudadanos los que realmente saben cómo cuidar de sus propios intereses. Si los habitantes de Alcalá de Henares hubieran confiado en la acción del gobierno para conservar su patrimonio habrían visto cómo éste desaparecía sin remedio. En el presente, en estos tiempos difíciles en los que tanto hay en juego, ¿cómo habrían actuado los fundadores de la Sociedad de Condueños? Iniciativa, desde luego, no les faltaba, por lo que es poco probable que se hubieran quedado quietos. Lástima que ya no podamos pedirles consejo, aunque aún sea posible aprender de ellos.

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La Calumnia

17 domingo Jun 2012

Posted by ibadomar in Arte

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Apeles, Arte, Botticelli, Calumnia, Pintura, Renacimiento

Cuando comencé a estudiar Historia me encontré con que en el programa de estudios se incluía todo un repaso a la Historia del Arte con varias asignaturas dedicadas a esta materia. En aquel momento lo tomé como un complemento cultural más o menos interesante. Con el tiempo encontré que el Arte podía ser una materia fascinante en la que se iba más allá de lo meramente estético para entrar en la forma en que veían la vida quienes vivieron una determinada época. Empecé a ver algunas obras de arte con otros ojos. Algunas me fascinaron, especialmente aquéllas que tienen detrás una historia que contar. Y por eso traigo hoy al blog esta pintura, no demasiado conocida, de Botticelli: La Calumnia. Sugiero pinchar en la imagen para poder ver el cuadro a mayor tamaño y ampliarlo todo lo posible para apreciar algunos de los detalles.

El título completo con el que se conoce a esta obra es La calumnia de Apeles. Es una obra cargada de simbolismo y eso hace que requiera una cierta explicación para comprender el sentido de la obra. El cuadro se inspira en la descripción de una pintura desaparecida de uno de los más grandes pintores de la antigüedad, Apeles, contemporáneo de Alejandro Magno, que fue acusado injustamente de participar en una conjura. Tras demostrarse su inocencia y ser liberado, Apeles pintó un cuadro alegórico titulado La Calumnia. La obra se perdió con el paso del tiempo, pero su descripción se conservó y sirvió de inspiración al renacentista Sandro Botticelli, que realizó la pintura que hoy nos ocupa en la última década del siglo XV.

En el cuadro vemos a un joven arrastrado ante el rey que lo ha de juzgar por una figura femenina que representa a la Calumnia. La desnudez del joven es símbolo de inocencia puesto que nada tiene que ocultar y su indefensión se plasma en su actitud, con las manos unidas, como suplicando piedad. Su acusadora, la Calumnia, porta una antorcha en una mano, símbolo de las mentiras que propaga, y va guiada por un personaje vestido con negros ropajes, el Odio, que adelanta su mano buscando alcanzar al rey.

A la Calumnia la acompañan dos jóvenes, la Impostura y la Perfidia, que la embellecen trenzando su cabello y dejando caer sobre ella flores, falsos símbolos de pureza. Entretanto el rey, en su papel de juez, mantiene la mirada baja negándose a ver lo que ocurre realmente a su alrededor, mientras escucha a dos mujeres que le hablan al oído y que representan a la Ignorancia y a la Sospecha. Aquí es donde sugiero que se amplíe la imagen para ver detenidamente las orejas del rey: son orejas de asno, más grandes de lo normal, para recoger en toda su magnitud las insidias que se vierten en ellas.

Hay otra figura tenebrosa, el Remordimiento, que se vuelve hacia la Verdad, simbolizada por una joven cuya desnudez la relaciona inmediatamente con el acusado, puesto que tampoco ella tiene nada que ocultar, pero la Verdad no se dirige a un rey que no la escucha, sino hacia el cielo, en busca de una justicia superior que no está presente en la escena.

Este enigmático cuadro ha atraído la atención de muchos historiadores que se preguntan por qué y para quién fue pintado. Algunos, y parece una explicación verosímil, lo ponen en relación con la acusación anónima de homosexualidad que sufrió Botticelli en 1502, pero esta pintura es anterior, por lo que la explicación no termina de encajar, aunque es posible que existieran rumores sobre Botticelli antes de que se produjera la acusación.

Podría extenderme acerca de qué significa para mí este cuadro y a quiénes veo retratados en él, pero no lo haré. Ellos saben quiénes son y también comprenden lo que este cuadro significa.

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