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Vivimos en un mundo extraño, dominado por las apariencias, en el que lo banal se magnifica y lo sustancial pasa desapercibido. Ayer, por ejemplo, se organizó cierto revuelo porque era 11 de Noviembre de 2011, es decir 11/11/11. Parecía como si la fecha tuviese un significado especial, hasta el punto de que el gobierno egipcio cerró la pirámide de Keops para evitar que se reunieran aficionados a lo esotérico para celebrar algún ritual. Sin embargo el día pasó sin pena ni gloria, salvo por el cambio de gobierno en Grecia, y mucho me temo que este 11 de Noviembre no pasará a la lista de fechas clave de la Historia.

Lo curioso es que el 11 de Noviembre sí tiene un significado especial, aunque nadie parece acordarse de él. Todos los años los telediarios abren su informativo del 6 de Agosto recordando la bomba de Hiroshima, que anunciaba el próximo fin de la Segunda Guerra Mundial, pero nadie parece recordar que un 11 de Noviembre de 1918 se firmó el armisticio que puso fin a la Primera. Y sin embargo la Primera Guerra Mundial marcó la mentalidad occidental de un modo muy profundo. Nada volvió a ser igual después de un conflicto que no lleva el sobrenombre de La Gran Guerra por casualidad. Fue el paroxismo de la destrucción entre naciones desarrolladas que dedicaban todos y cada uno de los inmensos recursos de una sociedad industrial ya madura al esfuerzo de doblegar a su contrario.

La sociedad europea de principios del siglo XX estaba en la cima de su desarrollo. Francia, Inglaterra o Alemania tenían grandes imperios coloniales de los que extraían las materias primas más variadas mientras que sus industrias crecían y parecían expandirse sin límite. En los edificios de la época es normal encontrar relieves y esculturas que muestran pesados fardos y ruedas dentadas como alegoría del comercio y la industria, consideradas las dos grandes fuentes de prosperidad.

Y de pronto todo se fue al garete. La artillería repartía destrucción a gran escala mientras las ametralladoras lo hacían a gran velocidad, como si la muerte hubiera decidido emprender su propia industria. El comercio desaparecía excepto el relacionado con la contienda, aunque también éste sufría víctima de los bloqueos y de la guerra de corso, que encontraba un nuevo rostro en el submarino. Ni siquiera el aire se libró de la guerra, porque allí surgió un nuevo tipo de combatiente; pero fue a ras de suelo donde el horror llegó a extremos no vistos hasta entonces.

Es sabido que el Frente Occidental se estancó en 1914 y no superó la situación de bloqueo hasta entrado 1918. Eso significó que durante casi cuatro años los soldados tuvieron que vivir en una trinchera, sufriendo enormes bajas sin apenas avanzar un metro, resistiendo bombardeos prolongados (a modo de ejemplo la preparación artillera previa a la batalla del Somme duró toda una semana), enfrentándose a las temibles ametralladoras cada vez que se ordenaba asaltar la posición enemiga, viviendo con el temor de recibir el disparo de un francotirador cada vez que se cometía la imprudencia de erguirse un poco de más en la trinchera y soportando otros enemigos además de las granadas y las balas: la humedad provocaba enfermedades terribles como el “pie de trinchera” y la novedad de la guerra química añadía un horror nuevo a los ya conocidos de guerras anteriores.

No es extraño que toda Europa quedase traumatizada. Al ejército de muertos y mutilados se añadió el trauma psíquico de los que aparentemente habían sobrevivido indemnes. Es entonces cuando definitivamente aparece en la mentalidad colectiva la idea de que la guerra no es admisible y en ese ambiente nace La Sociedad de Naciones. Por primera vez se creaba una sociedad plurinacional con la finalidad de resolver los conflictos mediante medios no violentos. Por desgracia fracasó y 20 años después el mundo se preparaba para sumergirse en otra guerra a gran escala.

Ayer fue 11 de Noviembre. 93 años después de 1918 una guerra semejante es impensable en Europa… incluso ahora que la Unión Europea se tambalea. Ayer fue un buen día para recordar todo lo que ocurrió durante aquellos 4 años, divulgarlo y entender por qué la Europa de hoy es como es. Ayer, la noticia del día en todo el mundo fue que en el calendario coincidían muchos unos.

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